A mi amigo el Pirata le gusta el vino, me consta es un romántico incurable a pesar de su desprecio por los nacionalismos y odia las matemáticas ¿será partidario de puntuar los vinos?.
Hace un calor en Shanghai que irrita, todo el mundo de mal humor, acomodo el trasero bajo un parasol en la terraza de un cafetín y ordeno un gigantesco vaso de té helado. ¿Tiene sentido puntuar los vinos?. Es una absurda pregunta y por eso es buena, alivia la sofocante tarde en la perla de oriente. Y he de pensar en uno o más vinos para el partido de fútbol de mañana. Juega España, y amigos italianos vienen a casa. Va a ser una risa.
Hace años que expertos en vinos comenzaron a puntuarlos. Con escalas arbitrarias que no mucho indican, pues la mayor parte de las veces esas puntuaciones solo tienen sentido por oposición a o por comparación con.
La cosa estaba más o menos en terrenos razonables hasta que irrumpió Robert Parker, un hombre cultivado en vinos, y cuya escala de cien puntos ha llevado a algunos, con argumentos fundados, a quejarse de que se ha establecido una dictadura de contable en el mundo del vino, y si tu vino no está en noventa o más puntos Parker eres un miserable imbécil fabricando caldos que el burócrata desprecia por vulgares.
La crítica de los románticos al tal Parker es que establece criterios de chupatintas y amanuense para juzgar intangibles. La crítica es que cosifica el vino, que establece una métrica para una experiencia degustativa que es única del individuo en muchos de sus aspectos. Que es intransferible, de sentimientos supremamente personales. Que una escala arbitraria, sea de cien puntos u otra cualquiera, sostienen los románticos de Baco, establece un símbolo estático, la cifra de puntuación, sobre algo subjetivo y que no vale nada si no es compartido como experiencia con otros que aman el vino. El romanticismo apedrea al contable porque, según ellos, las infinitas variables del vino, desde el terroir a las personas que lo elaboran, desde la uva al gusto, hacen imposible embridar en un número el carácter de un vino.
Yo le diría al romántico Pirata, que de seguro está del lado de los románticos de Baco y no de los contables del vino, que no hace falta apelar a las grandes palabras ni ser más grande que la vida para explicar la vida misma. Que en el bochorno horrible del anochecer en Shanghai basta té helado y matemáticas sencillas para dejar las métricas del vino aniquiladas.
Siendo una actividad humana, con seres humanos, con elementos naturales en juego, y circunstancias muy numerosas y de amplio rango, unas bajo control, otras no, unas deliberadas, pero también las hay azarosas, cabe pensar que cualesquiera las métricas, la función de distribución de las calidades de todos los vinos del mundo, seguirá al límite central y su distribución será normal.
El tal experto Parker, al que por lo visto temen, a él y su numerología de los vinos, en las bodegas del mundo, califica de vinos excepcionales aquellos a partir de los ochenta y muchos puntos, según sus escalas.
Los románticos de Baco pueden enfrentarse al numerólogo americano y los contables del vino con su romanticismo, o con humor, tarareando la letra de una canción de Javier Krahe que yo le escuchaba en un tugurio madrileño mientras bebía un chato de vino, y que decía yo no sé tus escalas, por lo tanto eres muy dueña de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña.
Pero además de romanticismo y humor, si desean decir algo concreto los románticos al numerólogo del vino pueden utilizar sus armas, los números.
Si el experto americano, el tal Parker, sin duda un gran tipo, se ha hecho rico clasificando vinos, dice que los buenos vinos comienzan en los ochenta y muchos puntos según sus particulares métricas, que los excelentes entre noventa y noventa y cinco, y que los soberbios por encima de los noventa y muchos, resulta implícito que este hombre sesga sus elecciones, que solo degusta vinos a dos o tres desviaciones típicas de la media, y eso es algo que por casualidad es difícil que ocurra, sería muy curioso que puntuando coches al azar la colección aleatoria a puntuar no contenga más que ferraris, bentleys, porsches, maseratis o rollsroyces.
Pagar a un experto para que me diga que un Aston Martin es un gran coche parece imbécil. Lo sabe todo el mundo. Lo útil es que me diga en el segmento de 13.000-16.000€ donde existen tres docenas de posibilidades como desbrozo calidades para elegir mejor entre las muchas opciones. Y aún así, cosificando una cosa como es un coche, puede que al final elija el auto......porque tiene el color mandarina que me gusta.
Les diría a los románticos de Baco que los contables del vino - me lo cuentan las matemáticas -añaden poca información. Se limitan a decirme algo asombrosamente estúpido. Y que el productor ya sabe. Y el consumidor. Que un vino bueno......es bueno. Elegido Ferrari mis amigos no me darán mucho crédito intelectual por afirmar que es un gran coche.
Y eso es lo que hace el astuto contable del vino, decir que Miss Universo es guapa. Y la gente lo repite, Miss Universo es guapa, lo ha dicho Parker!. O como se llame este buen señor que irrita a los románticos del vino.
A mí me irrita este calor. He decidido ya el vino para fastidiar a mis amigos italianos que vienen mañana a casa a ver el partido, España-Italia.
Traerán ellos alguna porquería de Prosecco o algún resinoso siciliano. No pienso beber venenos. Al contrario que mi amigo el Pirata no soy romántico pero sí nacionalista.
Mientras España golea a Italia habrá en casa un vino decente. Hay por Shanghai un Peñamonte de Toro que usaré mientras les cascamos un par de goles. Antes del tercero y siguientes estará respirando y despertándose un Rioja, un gran reserva, Monte Real me parece óptimo.
El Prosecco que se lo beban ellos, tiene pocos puntos en la escala arbitraria de los balseros, ignoro sus puntos Parker o los que le asignan los románticos de Baco,
Pero en mi escala arbitraria y justo antes del partido todo vino italiano vale cero. Cinco cero vamos a ganar.
Este calor puede que me esté volviendo loco.
Cinco cero. Te lo digo yo, a lo peor soy un romántico.
Y nacionalista español. Lo mismo no se cura. ¿Será grave?.
balsero
Shanghai

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#1 - De vino y goles
Y dime una cosa, amigo Balsero:
Con qué vino hubieras acompañado el partido del sábado donde Argentina batió al formidable Brasil con música de orquesta y a Messi de solista?
#2 - ah!
pues alguno de Mendoza, hay por aquí un argentino que persigue,con altibajos, a Lanlan, y suele aparecer con muy buenos vinos hechos con esa uva de origen francés y que ahora es argentina y cuyo nombre nunca me sale porque es muy raro. Mientras trata de hacer de Messi con Lanlan ejecutando gambeteos para meter gol yo me zampo su vino, que es excelente. Lanlan tiene buena boca para el vino y mucho morro para el gambeteo, yo le recomiendo al argentino enamorado que juegue largo con Lanlan, como Riquelme, pero él prefiere el regateo, a lo Messi. Para gustos y flirteos, los colores y los vinos
saludos
b.
#3 - Propuesta para el tal Parker
Al tal Parker ese me lo llevaba una mañana a hacer una ruta por los pueblos del Puerto del Pico, a desayunar patatas revolconas con vino de pitarra.
Después le iba a presentar a un par de lugareños, que hacen su propio vino en casa, en pequeñas y fascinantes bodegas antiguas, oscuras como cuevas.
La cata en vasitos, nada de copas. Para acompañar, una pizca de tasajo o un poco de morcilla patatera. Se remata con un chupito de aguardiente.
El vino de pitarra se lo lleva en garrafas de agua de cinco litros, que él mismo llenaría con un embudo y algo de habilidad.
Un último chato en la tasca del final del pueblo y pa casa, ya con la lección aprendida sobre las limitaciones de lo cuantitativo y las posibilidades de lo cualitativo.
#4 - Bien dicho
Has de saber Pirata que lo del vasito le pondrá de los nervios. Estos bocafinas exigen copas Riedel, de esas de cristal de plomo donde para cada vino del mundo existe un modelo Riedel específico de copa, en forma y cristal. Ah! ¿que no hay modelo de copa Riedel para el vino de pitarra? pues qué le vamos a hacer, se emboca la garrafa al vaso del chato y a correr. ¿Que no es fino? ¿pero está el asunto para tiquismiquis de pijo finolis?.
Dice un informe británico profesional sobre el mercado de bebidas en España en 2011 que se ha detectado un aumento del consumo de alcohol en España como indulgencia del consumidor consigo mismo. Una tendencia lógica dada la mala situación. Yo apuesto por los versos del viejo poema gaélico que cantan los irlandeses, el Róisín Dubh, y el verso que dice ´...el vino español te traerá esperanza...´.
Aunque sea de pitarra no hay que escatimar en vino, ni esperanza.
Abrazos muchos
r
#5 - Vinos
Caro Balsero:
no tenía idea sobre la escala del tal Parker. De todas maneras pienso que no es culpa de su arrogancia sino de quienes piensan que esa escala arbitraria es cierta. Arbitraria por pretender que lo que dice alguien es válida de validez, especialmente cuando contempla atributos especialmente subjetivos. El sabor, o circunstancias en las cuales se experimentan, del vino no pueden ser, nunca, transferibles a otro individuo que experimente las mismas sensaciones.
A poca distancia de mi casa está Varela Zarranz. Fundada a finales del siglo XIX por Diego Pons, un emprededor que con apenas 28 años, cuando ahora a esa edad los individuos siguen siendo una rémora parental, apostó a crear una viña y bodega en estos perdidos rincones del mundo. En la primera mitad del siglo XX tales viñedos y bodega los descendientes de Pons lo vendieron. Con una condición. Los que compraran tenían que ser tan amantes de la artesanía de crear el magnífico caldo del vino como su fundador. Lo compró la familia Varela Zarranz. Están ahora en la cuarta generación que se sigue dedicando a tan artesanal alquimia. Transformar el jugo de uvas en excelentes caldos.
Resulta que desde hace años en ese sitio se celebran varios encuentros con diferentes motivos. Todos se basan en degustar los vinos que producen. Asociados a diferentes comidas te presentan generosas copas de las diferentes variedades. Nada de degustación de un sorbo. Las copas son generosas.
Todo ésto se desarrolla en una de las antiguas cavas, construida con gruesos muros de piedra, desarrolladas por Pons.
Uno viaja a ese lugar, llega a la bodega y luego de la entrada se recorrre más de cien metros de un bulevard flanqueado por olivos que tienen más de un siglo. Entras en la cava de piedra luego de un recorrido por las instalaciones en el cual queda claro la artesanía de la producción de vino. Ahí mismo, mientras vas degustando diferentes vinos con distintos bocados, escuchas música barroca que provoca las emociones más íntimas. Si. Lo mismo se te escurre una lágrima a tí como a alguien, de 91 años, alemán, sobreviviente de la segunda guerra mundial.Tu corazón no late a su ritmo sino a la cadencia de tiempo y sentimientos que te inculca esa música de Bach.
No existe ninguna escala, sea del tal Parker o de quien sea, capaz de calificar tal experiencia subjetiva.
Abrazos
Luis
#6 - Lo subjetivo y lo cualitativo
Comulgo con vuestros comentarios sobre lo difícil de embridar en una escala lo cualitativo y lo subjetivo. Sin embargo esas mismas bodegas que mencionas tienen algún vino con noventa y muchos puntos Parker, y vinos mendocinos con alta calificación Parker hay unos cuantos, y las bodegas hacen una promoción intensiva de esas puntuaciones, cuando las tienen. Cuando no las tienen protestan, con más o menos los argumentos descritos más arriba y también comentados por vosotros. Mi argumento, más allá de que el sistema de puntuación agrade o no a los amantes del vino, es que tal sistema de puntuación viene sesgado desde el inicio. El experto americano, que lo es, usa para el muestreo un muestreo de juicio. Tan experto es que su juicio le lleva a escoger vinos para juzgar que son de por sí ya vinos muy buenos, están a uno o dos sigmas de la media que uno obtendría en un muestreo aleatorio.
Comprenderás que la escala del tal Parker debería llamarse simplemente ´los vinos que le gustan a Parker´. Más concretamente, y por ser rigurosos ´Parker analiza algunos de los grandes vinos del mundo que ya se sabe son muy buenos y el tipo se hace una escala con ellos´.
Claro, hacerte una escala de 100 para que tu muestreo no sea aleatorio sino un muestreo de juicio, y por tanto solo el último tramo de la escala - más o menos entre 85 y 100 puntos -sirva de ranking es un tanto pretencioso. Es como si el profesor, pasados unos meses de curso, se fija en los mejores alumnos y decide que solo examina a ese grupo.
Lógicamente ese grupo obtendrá muy buenas notas. Pero todo el mundo ya sabe que esos estudiantes son buenos, no hay valor alguno en que el profesor edite una guía de ´buenos estudiantes´. Lo difícil es descubrir un potencial alumno genial escondido en la masa :-) y sacar de él lo mejor, eso es lo que los profesores excelentes consiguen.
Decía mi padre - un gran tipo - que el vino es bueno, y si es bueno entonces mejor. No leía a Parker, claro, pero tampoco hubiera cometido la estupidez de asombrarse de que en un concurso de Miss Universo las chicas sean guapas.
abrazos
b
#7 - La perfección de lo imperfecto
Por estas tierras pampeanas anda un tal Francis Mallman preparando comidas cinco estrellas con leños, tizones, planchas de hierro y cajas de metal.
Su teoría es que la perfección es "aburrida", y el gusto extraño, imprevisto, sorprendente es lo que agrega calidad a un sabor. Y entonces sus comidas se presentan flameadas, chamuscadas, parcialmente carbonizadas (en su justa medida) para obtener sabores únicos, especiales, de absoluta calidad...
Y yo pienso que con los vinos ocurre lo mismo. Este Parker es un profeta de los sabores globalizados, de las normas universales, de las catas homogéneas. Busca calificar, numerar e identificar sabores tales que, si triunfa, será el triunfo de la producción industrializada tipo Coca Cola, o Mc. Donald, productos de altísima calidad, pero todos iguales, repetidos, monótonos...
Si he entendido bien, los sabores memorables que recuerda Pirata o Anastasía se desprende de esos caldos locales, imperfectos, exclusivos. Algo que desaparecería si se pretendiese homogeneizar y copiar los sabores 100 puntos de la escala Parker. Los vinos ásperos, correosos, ácidos o dulces. Que valen por su entorno y su contexto. Que pueden ser reconocidos en cualquier lugar. Aunque no lleguen (ni pretendan llegar) ni siquiera a los 70 puntos de la tiranía globalizada.
Creo que hay mucho de eso en la rebelión Slow Food, esa proclama sobre las virtudes de la comida relajada, bien regada y con excelente compañía, que rescata los sabores locales, particulares, que sin ayuda pueden desaparecer en la marea globalizadora.
Pero, en estas reflexiones, hemos llegado muy lejos del comienzo de la historia de Balsero. Y tiro la pregunta... ¿Qué bebieron, finalmente, y cómo digirieron el resultado de España-Italia?
#8 - No lo digerimos
No logramos digerir el resultado, me quedó el consuelo de que los azzurri reconocieran que Iniesta es un genio. Esperemos mejore el asunto.
abrazos
b
#9 - Mis pronósticos
No he recibido ninguna felicitación aquí por mi pronóstico sobre el resultado del partido España Italia, donde predije un cinco a cero. Es cierto que me equivoqué en la fecha y en el resultado. Pues fue un cuatro a cero y en la final, no en la clasificación. Pero eso son minucias de puntillosos con exceso de celo, cosa muy española.
En China, en cambio, recuerdan solo vagamente si la cena en la que afirmé que España ganaría a Italia por cinco goles fue en la liguilla o en la final. Pero sí recuerdan con claridad mi seguridad en una goleada. Los efectos de los infinitos brindis - tradicionales de toda comida con amigotes en China - borraron los detalles, y se quedaron con la sustancia, balsero predijo con claridad una goleada española a los italianos.
Eso me ha convertido en una especie de Sibila asiática, y a mi vuelta a China mi buzón de voz inundado de peticiones de amigos chinos que sabedores de mis prodigios solicitan predicciones mías. Se ha corrido la voz y soy una leyenda. Voy a hacerme rico con pronósticos infalibles que convenientemente vestidos pasarán por mágicos.
Tengo comida de amigotes mañana y he elaborado un texto - una copia literal de una cita incomprensible de Hegel - que con alguna cosmética charlatana de mi cosecha viene a decir que tarde o temprano se quedarán todos calvos. Dado que nadie en el mundo logra entender una palabra de lo que Hegel dice cuando pasados unos meses descubran podando el texto que mi predicción es ridícula, algún día perderás pelo, ya será demasiado tarde.
Porque pienso cobrar el futuro, claro. Ahora os dejo, he de plagiar astutamente a Hegel, quizá algún párrafo del Finnegans Wake de Joyce salpicando mi texto hegeliano-predictivo lo haga aún más abstruso. Y nada dirá mi audiencia. Porque nadie se atreve a decir que leyó a Joyce y no entendió nada.
Merezco la Orden de la Piragua, sin duda.
Me espera la fama. Pitoniso español se convierte en leyenda en China. Cool!
balsero