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Aquí rigen los mandamientos más verdes

Forum energético — Vie, 05/09/2008 - 12:16

Vater sin agua, autoabastecimiento, bioconstrucciones... Viaje al pueblo perdido de El Bierzo donde 80 personas dan ejemplo de vida ecológica. Ahora acogen el congreso de las 30 ecoaldeas de España

IDOIA SOTA

Como Dorothy en El mago de Oz encamino mis pasos hacia algún lugar más allá del Arco Iris. No es una metáfora. Si bien el sendero no está cubierto de baldosas amarillas, en cada cruce pequeños montículos de piedras pintadas con la bandera de los siete colores indican la ruta hacia Matavenero, la ecoaldea más poblada de España. Hace falta una dosis extra de paciencia y algo de espíritu aventurero para llegar hasta este pueblo ecológico, fundado por el movimiento Rainbow -grupo verde que también creó Greenpeace- en 1989 sobre los cimientos de un pueblo abandonado en un remoto valle berciano, en León. A unos mil metros de altitud, la naturaleza se alza de pronto, exuberante y, al asomarse al otro lado de la colina, parece como si esos mil metros cayeran en picado, formando aquel valle escarpado. No se antoja lugar para un pueblo.

Pero allí está el grupo de bioconstrucciones encaramadas en la ladera. Abajo, llama la atención el dome, una gran cúpula que ocupa la única esplanada visible del valle. Ya ha caído la noche, con la rotundidad con que se aduna en las montañas. En el dome, los indios blancos están sentados en círculo. Son los guerreros del Arco Iris, quienes -según una leyenda de los esquimales inui y de los indios hopi norteamericanos, entre otros- debían salvar la Tierra cuando ésta estuviera a punto de fenecer. Hoy son algo más que una leyenda y su asociación en Europa recibe ayudas del área de Medio Ambiente de la Comisión Europea.

EL PALO DEL PODER

Un representante de Matavenero sostiene el palo del poder. Quien lo sujeta tiene la palabra. Lo escuchan los más de 300 asistentes de las 30 ecoaldeas de todo el país. Entre ellas, Valdepiélagos, cercana a Madrid y una de las últimas en sumarse al movimiento.Después de dar la bienvenida, Matavenero pasa el palo del poder a los portavoces de Lakabe (Navarra), la aldea ecológica más antigua de España, de 1980. Hace poco, un incendio calcinó su casa principal, la Ederrena. Allí guardaban todos los libros, documentos y arte de su comunidad, y ahora han desaparecido entre las llamas.

Pero el tema que los reúne hoy es la educación de los más jóvenes.Ellos apuestan por la formación libre. En sus aldeas, un maestro se encarga de todos los cursos, con una premisa: los niños quieren aprender. Con las Cortes de vacaciones, los indios blancos se hacen oír en su singular parlamento. El palo del poder llega a manos de los amigos del Valle de Sensaciones, una comunidad artística y sostenible de Granada. El gran cónclave, el XI Encuentro de Ecoaldeas, ha comenzado.

No hacen falta planos para guiarse en esta aldea de 80 habitantes, con 26 niños y una media de edad que ronda los 40. Tiene una calle principal, la Gran Vía de Matavenero, un sendero de tierra y piedras de un metro y medio de ancho. No hay hoteles ni pensiones, sólo un refugio y una zona de acampada. A izquierda y derecha, pequeños chalés con tejados de pizarra, madera, cristal..., y con placas solares. «Casi todas las viviendas tienen electricidad de energías renovables», explica Juan Carlos. El todavía no tiene casa. Es una norma de la comunidad: no se puede construir una vivienda hasta no que se ha pasado un año en la aldea. «Al final, aparecían chabolas, que se quedaban a medio hacer», aclara Hannah, una de las fundadoras de Matavenero, que llegó desde Alemania.«El invierno es muy duro aquí. Por eso, pedimos que antes se vivan las cuatro estaciones».

Si no, siempre se puede adquirir una vivienda en una de las nuevas ciudades ecológicas que comienzan a proliferar al otro lado del valle. Gordon Brown construirá 10 ecociudades con un total de 100.000 viviendas; y el príncipe verde, Carlos de Inglaterra, ha anunciado una inversión de 1.200 millones de euros para pueblos ecológicos en Reino Unido. En España, Sarriguren, cerca de Pamplona, cuenta con 5.017 casas, y ahorra un 60% en energía.

A efectos prácticos, Juan Carlos es el ermitaño. Lleva 11 meses habitando una antigua ermita que los repobladores convirtieron en casa de visitas. Estos días, tiene un nuevo compañero de piso, un alemán que ha venido a conocer el pueblo. No hay electricidad, la única luz proviene de unas velas sobre botellas vacías. «Los envoltorios los tiramos aquí», dice señalando la chimenea. «Y la basura orgánica va al compost, una papelera que la convierte en abono». ¿El baño? «Muchas casas tienen el suyo, con ducha, pero yo no. Fuera hay unos servicios (secos para no ensuciar el agua). Y la ducha, es un salto que hace el río».

Antes de llegar a Matavenero, Juan Carlos era director financiero de una empresa de calzado en Alicante. «Cuando hablé de la productividad de los empleados, supe que no era la vida que quería llevar».Estos meses comía de sus ahorros, pero se acaban. «Ahora, preparo mercados medievales. Aunque quiero estudiar taichi para dar clases», asegura con la mirada en el techo de cristal, por el que pueden verse todas las estrellas que faltan en el cielo de Madrid.

«Aquí hay mucha gente que se dedica a la artesanía», informa, «pero también un jubilado, un ex militar, gente que vive del paro...». Goyo, por ejemplo, es el hombre teleco. El recoge el correo en Astorga para repartirlo y también es el responsable del teléfono, que sólo se atiende de 19.30 a 20.30. Bafu es autosuficiente gracias a su huerta. Este alemán es una excepción. El dinero no tiene demasiado valor en Matavenero -donde el trueque está a la orden del día-, pero todos lo necesitan ya sea para renovar un pasaporte o comprar medicinas. Por eso, aunque se dediquen a profesiones liberales, todos generan ingresos. Eso sí, los jueves quedan reservados para el trabajo común. «Estos meses hemos construido el dome», cuenta Juan Carlos. «Arreglamos la panadería, limpiamos caminos... En la puerta del bar hay una pizarra con lo que hay que hacer cada semana».

PADRE ESPIRITUAL

Para los fundadores de Rainbow -entre ellos, Henning, padre espiritual de esta aldea, muerto en un maremoto provocado por una prueba nuclear en México- estos trabajos deberían hacerse más a menudo.«Matavenero ya no es lo mismo», se lamenta Hannah, naturópata en Murias. «No queda casi nadie de los que llegamos en los 80.Pero ha habido un cambio generacional. Ahora, aquí viven mis hijos, que volvieron de estudiar sus carreras en Alemania. Y aquí ha nacido mi nieta. Parece que Matavenero sigue funcionando».

Desde el jueves, se escuchan tambores, guitarras y acordeones.En Matavenero vive más de un músico. De hecho, no hace mucho que grabaron el disco Con el corazón en la tierra, con los niños de la aldea, The Mountain Kids. Pero, al margen de sus notas, sólo se oye la naturaleza. «Tenemos un día del ruido», informa Juan Carlos. «Salvo excepciones, como en la construcción del dome, sólo pueden oirse motores el primer martes de cada mes», dice antes de encender su transistor a pilas -recargables-. Suena Radio 3. Es la una. Como cada noche, Juan Carlos y su compañero bailan al ritmo de Attends ou va-t'en, la sintonía del programa.

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¿Autosuficientes?

fape — Sáb, 06/09/2008 - 11:43

Si son autosuficientes ¿por que "su asociación en Europa recibe ayudas del área de Medio Ambiente de la Comisión Europea"?

¿Y por que tiene la Comision Europea que dar ayudas a este tipo de "asentamientos humanos", es un modelo a seguir?

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