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Dispositivos curativos radioactivos y balnearios

Herodoto — Jue, 10/07/2008 - 17:43

 INTRODUCCIÓN

 

La idea de que algunos objetos tienen propiedades curativas milagrosas no es nueva. Durante miles de años enfermos de todo tipo han viajado largas distancias buscando la cura en las aguas de Bath, en Inglaterra, en las de Badgastein, en Austria, e innumerables otras localizaciones.

En los Estados Unidos, las aguas curativas más famosas fueron las localizadas en Hot Spring, Arkansas. Tan sumamente fueron valoradas estas aguas que en 1832 el Congreso estableció Hot Spring como la primera reserva federal, precursor de los actuales "parques nacionales".

Incluso los militares reconocieron la importancia de estas aguas y establecieron el Hospital General Del Ejército y la Marina allí en 1879. Al principio, al personal tratado con estas aguas se les hacía permanecer en bañeras donde se les bombardeaba con el agua directamente de las fuentes. Sin embargo, las temperaturas de 60 grados generadas provocaron las quejas de los pacientes, que no supieron apreciar que aquello era bueno para su salud. En respuesta fueron instaladas torres de refrigeración para reducir la temperatura.

En 1903, el descubridor del electrón, J.J. Thompson, escribió una carta a Nature en la cual describió otro descubrimiento notable suyo: la presencia de radiactividad en aguas de manantiales. Esto condujo al descubrimiento por parte de otros de que las aguas de muchas de las "fuentes de salud" más famosas del mundo eran también radiactivas. Esta radiactividad es debida a la presencia de emanaciones de radio - lo que ahora llamamos gas radón - producidas por el radio que está en la tierra de la cual las aguas fluyen.

¿Quién podría dudar que fuera la radiactividad la responsable de las propiedades curativas de las "fuentes de salud"? Seguramente no el General en Jefe Dr. Jorge H. Torney, quien escribió (California, 1910) que "Puede esperarse un razonable alivio en Hot Spring para... varias formas de gota y reumatismo, neuralgia; envenenamiento metálico o palúdico, enfermedad crónica de Brights, dispepsia gástrica, diarrea crónica, lesiones crónicas de la piel, etc. "

Más detalles fueron proporcionados por el Doctor C.G. Davis, quien señaló en el "American Journal of Clinical Medicine" que " la Radiactividad previene la locura, despierta emociones nobles, retarda la vejez, y proporciona una vida gozosa, joven y alegre"

El profesor Bertram Boltwood de Yale explicó la base científica para las curas de la manera siguiente: La radiactividad "lleva la energía eléctrica a las profundidades del cuerpo y allí, sometiendo a jugos, citoplasma y núcleos celulares a un inmediato bombardeo de explosiones de átomos eléctricos(1)" lo que estimula "la actividad celular, y activa todos los órganos excretores y secretores... eliminando así los residuos." además, esto era un "mecanismo para la destrucción de las bacterias".

El radón fue considerado tan importante para el agua que se consideró como su elemento vital. Sin radón el agua estaba muerta. El radón era al agua lo que el oxígeno al aire.

Ahora que a la vuelta del siglo XIX la ciencia (o al menos algunos científicos) tenía una explicación para las propiedades curativas de las fuentes, balnearios y centros turísticos asociados con ellos comenzaron un negocio en auge. Los nombres fueron cambiados para incluir el nombre mágico de "radioactividad" o "radio". Visitantes de todas partes acudieron para bañarse en las aguas e inhalar el aire. Palacios de mármol (aun abiertos hoy en día para negocios) fueron construidos a lo largo de las fuentes termales en Joachimstal, en lo que ahora es conocido como República Checa, y lujosos balnearios brotaron como hierbas en Hot Spring, Arkansas. ¡Buenos tiempos!

 

UN PROBLEMA Y UNA SOLUCIÓN

Había un problema entre tanta euforia: el radón no puede permanecer en el agua mucho tiempo antes de que se desintegre o escape al aire. Por ello, el agua embotellada en los manantiales no sobrevive. Su "elemento vital" se pierde antes de que pueda ser consumida. Así pues el agua radiactiva debía ser bebida en el propio manantial para ser eficaz. ¿Cómo podrían entonces beneficiarse de ella los pobres y convalecientes si los gastos y esfuerzos del viaje fueran inalcanzables?

La solución fue la invención de aparatos caseros que añadían radón al agua potable. En Estados Unidos, el primero y más popular fue el "Revigator", basado en una patente de 1912. Aunque su inventor, R.W. Thomas, no tenía relación con Thomas Edison, fue vendido como un genio de la misma talla, o al menos eso decían los folletos de la Empresa Revigator. Esta empresa, con sede en San Francisco, era lo bastante grande como para mantener numerosas sucursales a lo largo del país. Las ventas del "Revigator" llegaron a varios cientos de miles, una cantidad muy notable si tenemos en cuenta su relativamente alto precio, 29,50 dólares (en 1929)

 

 

 

El Revigator era "una vasija radiactiva de agua." Un tarro de barro con contenido en radio, de una capacidad de casi 10 litros y con su propia espita. Tenía las instrucciones siguientes en un lateral: "Llene el tarro cada noche. Beba sin límites... cuando esté sediento y al levantarse o acostarse, haga una media de seis o más vasos diarios" El radón producido por el radio de la vasija se disolvería de la noche a la mañana en el agua. En efecto, esto sirvió como "un manantial de perpetua salud en la casa"

Muchos dispositivos similares estaban también disponibles. Entre ellos los mas conocidos eran el "Thomas Cone", el "Zimmer Emanator" y el "Radium Emanator". Sin embargo, estos dispositivos eran colocados en el agua en lugar del agua colocada en ellos. Tenían la ventaja de ser más baratos que el Revigator y eran lo bastante pequeños como para caber en una maleta. Con uno de estos, usted podría disfrutar de las ventajas de radón tanto de viaje como en casa.

Como se podría esperar, la Asociación Médica Americana (AMA) se preocupó de que el público no fuera engañado por charlatanes. Para prevenir esto el AMA estableció unas directrices (en vigor entre los años 1916 y 1929) según las cuales los emanadores aprobados por AMA deberían generar más de 2 µCi (2) de radón por litro del agua en un período de 24 horas. Pocos dispositivos cumplían con estas exigentes normas, ni siquiera el propio Revigator.

 

PRODUCTOS DE RADIO

Mientras casi todos reconocían la eficacia del radón en el agua, algunos pensaron que la ingestión o aplicación del radio (el padre del radón) sería aún más eficaz. Así, en los años 20 y principios de los 30 era posible comprar productos con contenido en radio: ungüentos, cremas de belleza, pasta de dientes (el radón lucharía contra la caries y mejoraría la digestión), tapones para oídos, chocolates, jabones, supositorios y hasta anticonceptivos.

 

(Supositorios de radio, "pruébelos y verá qué buenos resultados obtiene", rezaba la propaganda)

Las almohadillas de radio para aplicar al cuerpo eran particularmente populares. Una marca, Cojines Radioactivos Solares Degnens, decía conseguir la energía para sus productos del sol, y debía por ello ser cargada a la luz solar durante varios minutos antes de su uso. Sus 19,50 dólares eran razonables, y además el producto venía con una garantía de devolución del dinero.

¿Demasiado bueno ser verdad? Esto es lo que los fabricantes de un competidor más caro, el Radiendocrinator, pensaron. Sus folletos advertían de la poca confianza que cabía depositar en tales cojines radiactivos y afirmaban que la carga al sol era "Un completo sinsentido. No hay un solo fragmento en la ciencia moderna que pueda respaldar tal teoría".

Comparando, el Radiendocrinator estaba hecho en radio refinado, recubierto de oro de 14 quilates, y enviado en una caja de cuero revestida de terciopelo. Todo ello por solamente 150 dólares. En general, el Radiendocrinator fue diseñado para ser colocado sobre las glándulas endocrinas. Dando un ejemplo de cómo su Radiendocrinator podía ser utilizado, los fabricantes aconsejaron a los hombres "usar el adaptador como cualquier cinturón atlético. Esto coloca el instrumento bajo el escroto como debe estar. Vestir de noche. Irradie según las instrucciones.

Para las víctimas de dolencias respiratorias, había cojines para colocar sobre la boca y/o nariz. Por ejemplo, la "Radium Nose Cup" y el "Radium Respirator". Su eficacia estaba fuera de discusión; ¡el radio purifica el aire inhalado agregándole radón! Citando al fabricante del Radium Respirator (Radium Health Products): "Radio: los científicos lo encontraron, los gobiernos lo aprobaron, los médicos lo recomendaron, sus usuarios lo aprueban, nosotros lo garantizamos, SEGURO, ES BUENO."

No hace falta decir que algunos individuos se aprovecharon de la fe del público en los poderes curativos del radio. Uno de esos individuos era J. Bernard King, fabricante del "Ray-Cura". Éste era un cojín acolchado que según King emitiría emanaciones de radio a las partes enfermas del cuerpo para matar a los gérmenes. Más específicamente, le atribuía la curación del cáncer, la epilepsia, la tuberculosis, y otras numerosas enfermedades.

Al final, estas falsas atribuciones se volvieron contra él. Sobre todo entre los citados por las autoridades federales cuando prohibieron su distribución al haber descubierto que era falso que el cojín de King contuviera radio como él decía, sino que estaba lleno de suelo ordinario.

 

EL FINAL DE UNA ERA

Lo cierto es que hubiera sido mucho mejor para el público si todos estos productos hubieran sido tan fraudulentos como el Ray-Cura.

Un ejemplo de esto es Radithor. Este producto, líquido, venía en botellas media onza (14 g) y cada botella estaba garantizada por el fabricante para contener µCi 2 de radio. Eben Byers, industrial bien conocido de Pittsburgh, campeón amateur de golf en Estados Unidos y persona de mundo, podría atestiguar la veracidad de las garantías del fabricante. Estaba tan convencido de las bondades del producto que tomaba una media de 3 botellas al día, al menos hasta que murió envenenado por el radio en abril de 1932.

Su muerte extensamente publicada así como las muertes que ocurrían entre los pintores de radio (3), ayudó a enfriar el apetito del público por estas panaceas radiactivas. Los fabricantes de estos dispositivos reaccionaron advirtiendo contra dosis excesivas del radio, recomendando moderación.

Sin embargo, la euforia de finales de los 20 y principios de los años 30 fue sustituida por una apreciación de las características letales del radio. Una era llegaba a su fin.

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(1) En aquella época no era bien conocida la naturaleza de la electricidad. Tal vez lo correcto sería traducir "electric atoms" por "electrones".

(2) microcurie, medida obsoleta de actividad radioactiva. Actualmente sustituida por el Becquerel

(3) Aunque no está explicado en el artículo original, entiendo que algunas pinturas tuvieran cierto contenido en radio

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Original

Herodoto — Jue, 10/07/2008 - 17:59

El articulo original, publicado por Paul W. Frame en el Oak Ridger
newspaper, con un apartado más al final, puede encontrarse aquí:

 

http://www.orau.org/ptp/articlesstories/quackstory.htm

 

Multitud de artefactos radioactivos, algunos de este mismo siglo, pueden tambien verse aquí:

 

http://www.orau.org/ptp/collection/quackcures/quackcures.htm

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