Wert nunca se equivoca
El ministro de Cultura ha dado al fin una explicación sobre su inmensa metedura de pata sobre Educación para la Ciudadanía. Tenía la oportunidad de rectificar y reconocer que se equivocó. En lugar de eso, ha preferido persistir en su error. No pensaba volver a escribir sobre este tema, que empieza a ser agotador. Pero estoy aún más cansado de que manipulaciones tan burdas y evidentes cuelen sin más.
José Ignacio Wert: “Utilicé un ejemplo en un tema que no tiene mayor trascendencia de un libro que se utiliza como recurso educativo. Efectivamente no es un libro de texto, no dije en ningún momento que fuera un libro de texto, no mencioné en ningún momento la editorial. (…) Existen “innumerables ejemplos” en los recursos educativos de la asignatura de Educación para la Ciudadanía que reflejan “la carga de adoctrinamiento” (…) “Los libros de texto no están incluidos ni dejan de estarlo en la asignatura. Una asignatura tiene distintos tipos de recursos educativos: los libros de texto, los libros de apoyo, las guías didácticas… (…) No alcanzo a entender por qué el cumplimiento de un compromiso electoral es motivo de tantísimo interés”
Es falso que su error no tenga “mayor transcendencia”: demuestra que la asignatura fue fumigada para agradar a un sector de la sociedad, víctima de una burda manipulación.
Es una media verdad asegurar que no dijo “que fuera un libro de texto”. Basta con escuchar la entrevista para deducir que es lo que dio a entender.
Es también manipulador argumentar que el libro se usa como recurso educativo. ¿Exactamente en qué escuela? ¿En qué colegio? ¿En qué universidad?
Es tramposo decir que existen “innumerables ejemplos” sin detallar sólo uno. Y donde tiene que detectarlos no es en los libros, sino en el temario de la materia (y si un libro de texto no lo cumple, tomar las medidas pertinentes desde Educación).
Es incompleto explicar que “los libros de texto no están incluidos ni dejan de estarlo en la asignatura”. No hace falta ser ministro para entender la diferencia entre el libro de texto homologado por Educación y todo el resto de la obra escrita universal que no lo está.
Es irónico que el ministro se justifique con el programa del PP. ¿Va a retirar entonces el Gobierno todas las medidas que está tomando y que no se contaron allí?
Y es hipócrita afirmar que no entiende “tantísimo interés”. ¿De verdad se lo tenemos que explicar?
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P.D.: Si de verdad el ministro está tan preocupado por el “adoctrinamiento” en el aula, le propongo que empiece por la asignatura de religión.

Comentarios
#1 - No es lo mismo
No es lo mismo, la reli es voluntaria y la lavadora de cerebros obligatoria.
No es lo mismo deducir que da a entender, que oir.
No es lo mismo que se entienda la diferencia, que que la explicación sea incompleta.
No es lo mismo hacer cosas no anunciadas que hacer las anunciadas.
Sí que creo que habría que explicar tantisimo interes en mantener la versión progre de la F.E.N. franquista
Un "reaccionario" saludo
#2 - Lucía, te quiero. Muasssssssssss!
Más Tolstoi y menos ‘PowerPoint’,
de Lucía Méndez
Jordi Llovet es un auténtico humanista al que la universidad abandonó y se ha despedido de ella escribiéndole un hermoso libro. Se titula Adiós a la universidad. El eclipse de las Humanidades. Más que unas memorias, Llovet ha dado forma literaria a un sólido, argumentado y severo escrito de acusación contra la perdición de la enseñanza pública en España. El catedrático de Literatura Comparada sostiene que «los planes de estudio de secundaria han llevado a este país a la ruina cultural». No lo dice por decir. Sus alumnos de primer curso universitario desconocían «si Tolstoi había nacido antes o después de Goethe, no sabían quién era Kandinsky y nunca habían escuchado una sinfonía de Mozart». Las lenguas clásicas les eran desconocidas y el español actual casi también. Latín, Filosofía, Literatura, Historia, Historia del Arte. Los antiguos estudios de Filosofía y Letras están al borde de la extinción. El conocimiento humanístico desaparece de los planes de estudio y las consecuencias son dramáticas.
Faltas de ortografía en cuarto de carrera y democracia que no merecerá llevar tal nombre porque los ciudadanos no tendrán capacidad intelectual para el discernimiento.
El libro de Llovet nos recuerda que el rey va desnudo, mientras las autoridades educativas insisten en que lleva ropa. Los alumnos manejan el PowerPoint como nadie, pero no saben hablar ni escribir. De leer un libro ni hablamos. Serían capaces de convertir Ana Karenina en trending topic como nombre de perfume.
Después de leer este y otros libros sobre los males de la educación en España, tenemos que llegar a la conclusión de que José Ignacio Wert nos ha querido tomar el pelo. El ministro de Educación, él mismo un humanista, no puede desconocer esta realidad. Por eso está gastándonos una broma cuando pretende que reformar la educación en España consiste en cambiar de nombre una asignatura porque la puso Zapatero y en aumentar un año el bachillerato. Tan importante como reformar el sistema financiero y la legislación laboral es garantizar una enseñanza de calidad. La educación necesita un cambio radical, no una reforma cosmética. No caben paños calientes para un sistema educativo del que ha desaparecido el esfuerzo, la disciplina y el respeto al profesor.
Llovet cuenta que un colega suyo le preguntó a una alumna por qué no había hecho el trabajo que le mandó. «Porque no me sale del chocho», respondió la joven entre las carcajadas de sus compañeros. Que Dios nos asista, pensó el profesor. Que Dios nos asista a todos, si lo que el ministro Wert presentó en el Congreso es lo único que piensa hacer para hacer frente a este drama.