Perdonad, esto es una prueba, a ver si puedo soslayar la complejidad aparente de subir alguna imagen al blog del pueblo. Esto es porque yo esperaba subir imágenes mediante la ya clásica y cómoda ventanita :”examinar” de Windows. Está visto que no la encuentro, ni nada que se le parezca. Las explicaciones respecto al modo de subir imágenes, no acabo de entenderlas. O sea que, mientras recibo consejos y ayuda (¡socorro!) salto al otro lado del puerto y preparo un texto de Word con alguna imagen insertada a ver si consigo que funcione: No funciona: al rescate, Sinte: Picasa ¡ FUNCIONA! Gracias.
Aquí empezó mi modesta aventura de la atracción por la cerámica negra y es una de mis primeras piezas de barro cocido (1080 grados) allá por el 95. Esta fecha es relativamente reciente y si bien mi interés por la cerámica se despertó allá por los 87-88, mi empeño no tuvo éxito hasta varios años después, cuando construí mi primer horno. Curiosamente ese horno, al tomar aire por todos los costados agrietados por el calor no me permitía la realización de este tipo de trabajo. Sabía que en África se empleaba el grafito aplicado, en ocasiones después de la cocción y mezclado con resinas, porque impermeabilizaba la pieza que quedaba aún porosa por las bajas temperaturas y la naturaleza de la arcilla. Decidí reinventar el procedimiento (no inventé nada, leí después que de hecho se hace así en algunas circunstancias, pero el ”coincidir” en el “invento” con técnicas primitivas me llenó de alegría):
Se coloca la vasija grafitada en verde dentro de otra vasija cerrada (que luego supe que se llamaba “una gaceta”) se llena de serrín muy seco, esto último es importante, y se hornea a mil y pico unas cuantas horas. Si no se rompe una vez enfriada, es una gozada. A pesar de que existen otras técnicas para realizar piezas negras a partir de barro rojo, considero que, estéticamente, esta técnica descrita es la que da mejores resultados por múltiples razones; diré solamente una de ellas: la naturaleza del serrín, pino, ciprés (coníferas, cuanto más duras, más irisaciones), restos de trigo, paja de heno, etc. da resultados distintos. Probad. Como pruebo yo ahora si hay milagro en la inserción de la imagen. Si no hay imagen no hay suerte, pues eso, socorro, equipo técnico. Josetxo.¿ Hay milagro? Sí . Esto me retrotrae a los latidos fuera de serie del corazón que el ceramista experimenta en dos ocasiones: al vigilar la mirilla de un horno a mil trescientos grados, y al abrir cualquier hornada. Es una sensación muy semejante al enajenamiento amoroso: uno pasa de existir a ser por obra y gracia del fuego. Otro día más ;-)
nota: en este caso la pieza no es un prodigio de esbeltez; el motivo geométrico es una torpe imitación sin gracia de otras tantas cosas vistas con más encanto a lo largo de cientos de años en los poblados africanos. Entonces no sabía yo, o muy poco, lo que era un torno de rueda de inercia, pero aprendí con estas sencillas piezas a comprender la magia de la trasmutación de los materiales por vía del fuego doméstico. La pieza entra en el horno aún de color del barro rojo bajo el grafitado. Al salir el color negro está en la masa, no solamente en la cubierta. FeO2}FeO.

Comentarios
#1 - Grafitado verde
Estimado josetxo, perdona mi ignorancia; pero nunca había oído la expresión grafitado verde. Lo de verde lo entiendo como sin bizcochar, cierto? Pero no conozco la tećnica del grafitado. Podrías indicarme dónde consultar ese procedimiento cerámico? Al usar gaceta y serrín me recuerda a un ahumado; pero intuyo que hay algo más. Te agradezco toda ayuda y aclaración.
#2 - Grafitado EN verde
Amable y bienvenido invitado, como bien sospechabas, la expresión grafitado en verde, señala la aplicación de una capa de grafito directamente sobre el bizcocho crudo. Estamos pues hablando de monococción. La operación tiene dos finalidades:
1. Impregnar la superficie de la arcilla con grafito, lo que otorga a la superficie una calidad distinta (más o menos bella, pero distinta, un negro de naturaleza mineral y metálica, negro frío) a la de la clásica cocción reductora que nos daría un bello negro gris mate, o bruñido , pero con la pátina del humo, (negros cálidos.) Pero añadir el grafito no tendría sentido sin el bruñido.
2. La más importante: bruñido. Para ello se emplea un grafito de bellas artes de carácter semigraso o graso: un 2B o un 6B, y se realiza igual que con cualquier otro utensilio para bruñir. Otra opción es utilizar grafito en polvo muy fino mezclado con ceras o simplemente un 6B pasado por papel de lija finísimo y luego recogido, pero no permite tanta presión de bruñido. (Esta opción se emplea en sitios donde no puede llegar el trozo de grafito (esgrafiados, detalles...)
Durante la cocción parte del grafito se perderá, pero aún queda suficiente para dar la calidad final a la pieza. La ventaja de ello reside en que, como sabes, cualquier pieza bruñida de barro rojo comienza a perder el brillo hacia los 875 grados, (la mayor parte de las piezas de cerámica negra están infracocidas; no superan los 900 para no perder el brillo) lo que en definitiva es una cocción por debajo de los estándares (980- 1070) , mientras que en el caso de una pieza grafitada y bruñida en verde podemos elevar la temperatura y cocer la pieza a la temperatura ideal, quedando una pieza resistente, cantarina (prueba a golpearla con un metal, si está infracocida el sonido será mate, si está bien cocida "cantará"), y bella. Ello no quiere decir que adquiere la dureza de una cubierta de vidriado; siguen siendo piezas delicadas.
En el libro de John Colbeck, Decoración cerámica, ediciones omega, hay una corta reseña con dos fotos del museo Horniman de Londres; son dos piezas pequeñas procedentes de Uganda entorno al 1910. Mi imaginación voló. El resto debe ser trabajo personal de cada cual. La técnica es sencilla. Sudar y probar. Suerte. Josetxo.
#3 - Grafitado verde
Mil gracias, en cuanto tenga ocasión, probaré esta técnica. Conozco el libro que me indicas; pero no me percaté de esas dos piezas que mencionas; volveré a fijarme.