blog de LunaBruna

Volviendo a casa...

Así fue como la última de las hijas de  mi  madre buena, yo misma, sin ir más lejos,  naufragó tan bien como solía y casi tan bien como sabía, con todo su encanto y elegancia. Y así fue como se resolvió el naufragio:

Ando por ahí bogando a lomos de ingente espidoquelonio y haciendo uso de hábiles y ávidas extremidades que me legó el  abuelo Kraken. Tengo localizado el faro del mejor puerto al final d la playa, junto a la ensenada del árbol caído en que duerme el haragán.

No tardaré en llegar,   vuelvo a casa, regreso al pueblo. Todo mar, bien lo sabemos, es fantasía.

Febrero en las Muy Ricas Horas del Duque de Berry

Febrero en las Muy Ricas Horas del Duque de Berry

(Clicar sobre la imagen para verla en una definición óptima)

Los hermanos  Limbourg eligieron una escena de crudo invierno  para representar este mes, el más frío del año, desarrollando el tema con una veracidad y realismo extraordinarios en los detalles.

Calendario de Libro de Horas del Duque de Berry (1413-1416)

Me propongo realizar una reseña breve mensual sobre el calendario de la más suntuosa obra bibliográfica tardo-medieval.

 

Se trata de un encargo realizado por el acaudalado bibliófilo francés Jean de Berry (1340- 1416),   hermano del rey Carlos V de Francia,  a los hermanos Limbourg, que eran tres y se llamaban Paul, Herman y Jean, los cuales, entre 1413 y 1416 realizaron un trabajo de excepcional calidad y belleza en  el libro de horas más fastuoso de todos los tiempos. La obra, con sus 130 miniaturas realzadas con oro y plata y más de 3000 letras capitales doradas, es conocida como las Muy Ricas Horas del duque Jean de Berry. Tanto sus autores como el mismo duque de Berry que la encargó, murieron en 1416 probablemente a causa de de la peste, por lo que la obra quedó inconclusa.

 

***

  

Gloria, Millás, (yo)... y "Un adverbio se le ocurre a cualquiera"

Me llama mi hermana Gloria, ella vive en Barcelona. Que qué tal, que cómo sigues, que si son duras las escaladas y cosas así. Mi hermana piensa que soy alpinista y me paso la vida subiendo ochomiles. Y eso que vivo a nivel del mar. Pero bueno, mi hermana es así, cosas suyas.

Me pregunta si leí el artículo con el que ganó Millas el premio Don quijote de periodismo. Le digo que no sé, no me acuerdo.

 

"Pues búscalo y léelo -me dice- mientras lo leía estuve pensando que es el típico artículo hubieras podido firmar tú". (Cosas suyas también, de mi hermana, digo, que seguramente me quiere. Vaya, que ya me gustaría a mí tener la chispa que tiene  Millás imaginando, escribiendo, comunicando y demás, así que a cada cual lo suyo y a mí lo que se me ocurren son los adverbios).

De unos que anduvieron buscando el mar

La vaca

Poema en prosa para una vaca

No quiero mar

(Dormí anoche en una hamaca a la intemperie con los ojos aparcados en el cielo estrellado, rodeada por sonidos de animales nocturnos apenas conocidos y del aroma de la sabana, o del páramo, o la estepa o lo que sea que deba llamarse el sitio en el que estamos.  

 
Dormí hace años en la arena de la playa. Fueron muchas las noches de aquel último verano que nos dejamos vivir por la vida sin complejos y dormimos con la espalda adherida al abandono y los pies calzados por la espuma de la mar. Yo inventaba historias y se las contaba, él inventaba canciones y me las cantaba.
 
¿Por qué no le retuve? ¿Por qué no le seguí? Un camino bordeado de azaleas conducía hasta el muelle de levante. Un vapor pequeño con la cubierta casi a la altura de los ojos. Adiós a pie de barco.
 
-No vienes
-No puedo
 
Y ni le retuve ni le seguí. Han pasado muchos años, éramos demasiado jóvenes y yo aún mantenía amarrado el impulso trasgresor.
 

Un pasaje posible

Carta XII 

 

Se acabó. Aquí hay mucho dislate y al fin va a parecer que la excéntrica soy yo… y no me parece imposible, pues si algo es contagioso en extremo es la propensión al desatino. En efecto, tal como supuse en un momento de lucidez, todo cuanto te conté en mi carta anterior resultó ser no más que la distorsión causada por unas infaustas fiebres que cogimos al poco de llegar a los pantanos, cuando nos acribillaron las enormes sabandijas que por aquí pululan. Recupero, mi querida prima, la salud y la cordura y te propongo que olvides la delirante carta anterior –rómpela-, olvida mejor todas las cartas, olvida mi viaje, olvídalo todo y volvamos a las historias normales, tal cual suceden en momentos vigorosos,  y no en aquellos otros en que vivimos ofuscados por  perturbaciones y destemplanzas.
 
Naturalmente, desapareciendo la fiebre se esfumó también Etelvina. Imagino que no llegó a moverse del barito del Fulgen y de los garitos del puerto en los que tan bien y felizmente se maneja, y que al leer las últimas cartas que te mandé habrá debido preocuparse –o no-. Asegúrale que las aguas han vuelto a su cauce y yo a la normalidad y, ¡maldición! estoy de nuevo más cerca de La Taún que del Orinoco, pues al haber detenido el viaje varias semanas a causa de la enfermedad, seguimos en zona de nadie, entre el desierto y la selva, y esta ciudad que se desplaza por sí misma y nos persigue, es capaz de alcanzarnos y engullirnos en cuanto le dé la gana hacerlo, y lo hará a menos que logremos cruzar al otro lado, que ya no sé qué lado es ni si tiene cruce.
 
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