blog de LunaBruna

Construyendo una imagen

Un hombre solo bajo un sombrero y pensativo mirando al suelo.

Lloviendo. Un hombre solo bajo un paraguas con un sombrero y pensativo mirando al suelo.

Mojado y pensativo, lloviendo inmóvil en el andén. Un hombre solo con un sombrero, bajo un paraguas mirando al suelo.

Lluvia, fútbol, pesadillas y carta

Algunas sensaciones previas:

Llovía y quise ver fútbol.Había leído el texto en que un amigo se preguntaba si existían las cosas en la nada antes de verlas, si seguirían existiendo en la nada después de verlas. Recordé que las ranas solo ven el movimiento, para ellas una mosca que se para, que no aletea, no existe aunque esté al alcance de su lengua. ¿Existirá esa mosca inmóvil para la rana? ¿Será mosca? ¿Será bulto? ¿será instante? ¿Será nada?

Otro amigo me escribió: “la vida es maravillosa”. Por eso me acomodé en el sofá verde para ver el partido entre la selección inglesa y la de Estados Unidos. Fue, como preveía, aburridísimo, al rato dormía profundamente. Desperté cerca de la media noche y me fui como un tiro a la cama. No dormí bien, pesaba la gata Flora, apoyada su cara en mi pie, y me dolían los huesos. Tuve muchas pesadillas.

Tantas cosas indecibles

Me siento identificada con lo que escribe hoy Juan José Millás en El País. A mí también me pasa. Escribo poemas buenísimos que lo son a condición de que no trasciendan de los papeluchos y de que nadie los lea. En cuanto los pongo bonitos en papel fino, aunque sea papel digital, se descarabutan y estropean.

Feliz año nuevo

  Ayer todo cambió. Llegamos a una casa roja y bebí un líquido rojo que me sentó fatal.  Después, en medio de las nauseas, terminó mi viaje. Fue así porque conocí a un náufrago que había vivido durante años en un islote con palmera al que volvía con frecuencia después de ser rescatado. Hablaba mucho  y aunque yo estaba irritada y  me sentía mal, le pregunté cómo usaba en sus naufragios el tiempo de soledad.

Un lejano cambio climático

Color

 

De vivir en la arena, bajo el sol,

Son nobles esos cuerpos

Y capaces de hacer llorar de amor

A una nube sin agua… (1)

 

***

Un chorrito de aceite

 Un chorrito de aceite –del bueno- y un ajito frito en la cazuela. Cazuela pequeña. Solamente voy a cocinar para él y para mí. Además, no tenemos agua. Dime, ¿te puedes imaginar un mundo sin agua? Aquí no la hay, nunca la hubo. Lo más parecido a un líquido que hemos visto en meses es esa arena gris –que a todos los efectos se comporta como un fluido desparramado- y l’agüilla de ron del hombre del barrilito. La arena se me ha pegado a los ojos, a las uñas, a la piel, al cráneo. Así que también ahora yo soy pétrea y gris.

Imagen: “Travesía” de Mel Kadel

Pensar poco y pensar mal

No sé si os pasa, pero a mí a veces me da una especie de hartazgo y no me gusta pensar nada que pueda decirse con palabras y si cometo el error de hacerlo, no me gusta comunicar lo que pienso. Siendo sincera, creo que la cosa está en que puedo pasar  larguísimas temporadas sin pensar nada que merezca ser pensado pues solo se me ocurren tonterías e incoherentes deslavazadas e imprecisas. A mí me gusta, que conste, es un método de pensamiento que es mejor mantener en secreto pero que me parece gratificante. Le llamo pensamiento difuso.

Gato Romano

     En la ciudad hay muchísimos gatos como ellas, son gatos comunes atigrados o jaspeados de pelo corto y color anaranjado, pardo o gris con rayas oscuras, algunos tienen la panza, las patas, el hocico y el cuello blancos. Están en los jardines, en los tejados, en las riberas de los ríos, en los muelles, en las playas, en las calles… Y hasta hace unos años abundaban, dicen, en el Coliseo de Roma, por eso les llaman gatos romanos. Pertenecen a la noble y antigua estirpe del Gato común europeo. Casi con toda seguridad su antepasado más conspicuo fue aquel felino dinámico y vividor llamado ‘felix lybica’  que los romanos trajeron de África y con el que poblaron Europa.

Imagen: “Mujer con gato” de Vermeyen, 1546

 

Marzo en las Muy ricas horas del Duque de Berry

Dijimos ya que las láminas del calendario de “Las muy ricas horas del Duque de Berry”, ofrecen una representación idílica de la relación del hombre con la naturaleza. Pero aún así, en medio de la armonía que muestran -y que probablemente no era tal-, hay mucho realismo en ellas y están llenas de imágenes que aportan numerosa información sobre la vida cotidiana y las actividades y trabajos tanto de la nobleza como de los campesinos en los siglos XIV y XV.

El cuadro correspondiente al mes de marzo presenta una escena de elaboración serena y refinada inspirada en los trabajos de los campesinos que preparan los campos al inicio del nuevo año agrícola.

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