Arte en la calle

He salido de El Corte Inglés ya de noche. Las guirnaldas de Navidad estaban encendidas y un montón de gente caminaba arriba y abajo deambulando por las aceras con paso cansino, porque en mi ciudad nunca se camina deprisa, incluso los que vienen de fuera y están acostumbrados a avivar el paso transitan premiosamente cuando llevan un par de días aquí.  Iba a cruzar el paseo más céntrico de la ciudad para meterme después por callejas secundarias con el ánimo de esquivar embestidas y atropellos, cuando de pronto le he visto allí mismo, delante de mí, tal como le he conocido siempre: sentado, pensando, enorme, compacto, enojado, inquieto,  vengativo, concentrado... y hermoso. Siempre tan hermoso y tan hermoso como siempre. Así estaba también en París, el día que fui hasta su casa para verle, también entonces huraño, ensimismado y pétreo, contundente... y enojado, sí; yo siempre le he notado colérico tras su gesto pensativo.

Es emocionante encontrarse con él de esta manera, en un lugar tan inesperado. En mi ciudad, en mi barrio, en mi camino, cortándome el paso. Exactamente ahí. Y no es un doble, en serio, es él, el de verdad, el auténtico y legítimo.

Voy a traerlo al pueblo. Como llevaba el móvil en el bolsillo le he hecho una foto. La cámara de mi móvil es un asco y sé que a él le ha incomodado que con tan mala luz y tan pocos medios le birlara la imagen y lo dejara aquí, en Valdeperrillos, hecho unos zorros. Le noto encolerizado. De acuerdo, retoco la foto bajo su supervisión: le disimulo un poco los píxeles descolocados, emborrono los desenfoques y le dejo ese color bronce verdoso con brillos metálicos que le favorece tanto.

Es coqueto, pero seguro que a pesar de los retoques va a ser reconocible.

Exposición de siete esculturas de Auguste Rodin en el paseo de El Born de Palma, programa de "Art al carrer" Diciembre de 2007.

Las figuras presentadas en la exposición son El Pensador y las seis correspondientes al grupo de Los Burgueses de Calais.