No quiero mar
Enviado por LunaBruna el Lun, 25/01/2010 - 09:33.
Se ha encogido de hombros, no sabe. Yo sí sé: yo me voy con él. Además, también sé cantar, escuchándole he aprendido. No tengo buena voz ni buen oído, no entono bien ni tienen calidad los ripios que me invento. Pero es mi amigo y ¡caramba!, y yo,
(Dormí anoche en una hamaca a la intemperie con los ojos aparcados en el cielo estrellado, rodeada por sonidos de animales nocturnos apenas conocidos y del aroma de la sabana, o del páramo, o la estepa o lo que sea que deba llamarse el sitio en el que estamos.
Dormí hace años en la arena de la playa. Fueron muchas las noches de aquel último verano que nos dejamos vivir por la vida sin complejos y dormimos con la espalda adherida al abandono y los pies calzados por la espuma de la mar. Yo inventaba historias y se las contaba, él inventaba canciones y me las cantaba.
¿Por qué no le retuve? ¿Por qué no le seguí? Un camino bordeado de azaleas conducía hasta el muelle de levante. Un vapor pequeño con la cubierta casi a la altura de los ojos. Adiós a pie de barco.
-No vienes
-No puedo
Y ni le retuve ni le seguí. Han pasado muchos años, éramos demasiado jóvenes y yo aún mantenía amarrado el impulso trasgresor.
Se fue mi amigo, al que quería. Y desde entonces sé que todos los hombres a quienes voy a querer recortan contra el amanecer una imagen bella y aunque estén en el desierto, les envuelve el especial aroma del óxido de puerto y del salitre de la mar, y cuando se desperezan, se desenrollan como los gatos y tienen ojos de pantera, voz de trovador y manos que saben jugar).
***
Carta XIII
Le veo mirar lejos, atrás, adelante, de un lado a otro. Me mira también a mí y le noto inquieto. Sé que le gusta nuestro viaje, sé que se divierte. Le gustan mucho los feriantes, se lleva bien con Cudal y con el Elaisa aunque no tanto con el buhonero -¡diletantes!- no confía en Viator, al que considera malandrín y embaucador. Conmigo se sentía cómodo y bien. Lo sé porque me prestaba el barrilito y él tomaba mi equipaje, se tomaba en serio mis desasosiegos, se reía de mis tonterías y me contaba muchas historias, más que a nadie, y cantaba muchas canciones cuando andábamos por ahí, vagabundeando por los desiertos de la periferia de la Taún. Pero estos últimos días está tenso y silencioso, le noto preocupado.
Hemos recuperado la salud y diseñado ya una ruta, un buen camino. Antes de que termine esta semana, quizás mañana, continuaremos nuestra travesía. Viator ha explicado hoy todos los planes, cada detalle, cada propuesta. Partiremos hacia el Mediodía, cruzaremos la floresta por aquí, atravesaremos el penúltimo desierto por allá, construiremos un navío con mucho trapo y muchos palmos de manga y eslora, y con un timón convertible que sirva también de rueda de paletas. Cruzaremos el mar austral, dibujaremos todas las constelaciones de los cielos del sur, dejaremos atrás la Perusta austral, y llegaremos a la Temperata austral –que también existe-, encontraremos un río austral…. El mundo entero en la cabeza de un hombre loco.
Pero a él le veo mirar lejos, atrás, adelante, de un lado a otro. Me mira también a mí y le noto inquieto. Me he acercado a él y le he pedido que me dejara sentarme un rato en el barrilito. Se ha hecho a un lado y me ha sonreído.
-Siéntate –dice- cabemos los dos.
-No es buena idea –dice- este viaje no habrá de llevarnos a ningún lado. Los viajes largos, la cólera del viento, la dura travesía del desierto. Los viejos tópicos en fin, que soportan la peor de las batallas: la lucha necesaria del anzuelo contra el pez-.
***
Eran sus canciones pero esta vez sin cantarlas, como si estuvieran muertas. Luego ha vuelto a mirar lejos, le he notado triste y apenas he conseguido que hablara unas pocas palabras más. Más tarde me dormí y desperté cuando ya amanecía. Él, de pié contra la luz rosada del horizonte se desperezaba desenrollándose como un gato, achicados los ojos; mirada de pantera. ¡Tan hermoso! Entonces le pregunté:
-¿Adónde vas?
-Busco un río que viste desde las montañas de La Taún
-¿Ese que tal vez exista y su nombre sea Orinoco?
-Sí, ese, tal vez.
-Busco un río que viste desde las montañas de La Taún
-¿Ese que tal vez exista y su nombre sea Orinoco?
-Sí, ese, tal vez.
-¿Iremos juntos?
Se ha encogido de hombros, no sabe. Yo sí sé: yo me voy con él. Además, también sé cantar, escuchándole he aprendido. No tengo buena voz ni buen oído, no entono bien ni tienen calidad los ripios que me invento. Pero es mi amigo y ¡caramba!, y yo,
No quiero mar.
No quiero mar
No quiero espuma blanca, ni los reflejos del sol en la arena, ni cielos azules en honduras cóncavas.
No quiero olas, ni océanos verdes con islas negras, ni cuerpos de oro abrazando pulpos blancos
No quiero peces, ni corales, ni caracolas. No quiero hipocampos ni estrellas de mar.
No quiero águilas, ni alces, ni linces. No quiero hienas en el desierto, ni buitres adormecidos en húmedas praderas.
No quiero sombras ni quiero franjas de luz. Ni quiero ver el horizonte en tierra.
No quiero niebla al amanecer, ni saltos del agua entre las rocas, ni rocío enredando en los dedos de mis pies.
No quiero selvas,
Ni quiero bosques frondosos ni desiertos áridos ni florestas yermas,
No quiero árboles inmortales buscando el cielo, ni misterios verdes, ni luces salpicadas de clorofila
No quiero ríos,
No quiero remontar la corriente que conduce al paraíso, ni quiero beber -tres veces- en las fuentes de la eterna juventud.
No quiero viajes largos por rutas imposibles, ni calaveras tibias, ni aguardiente de pirata con sabor a canción muerta. No quiero que me atrape el ancho mundo, ni plantar una hoguera, ni encender un rosal.
No quiero raíces que se hundan en mis ojos, ni cubrirme el cráneo con helechos, ni florecer orquídeas en la piel.
-A ti te quiero, sí. Dime que vendrás conmigo.
-¿Adónde vas?
-A un mundo que sea cierto. No quiero solamente llegar al río. Lo que quiero es querer todo.
-A un mundo que sea cierto. No quiero solamente llegar al río. Lo que quiero es querer todo.
Justo entonces han llegado jaleando Viator y los otros blandiendo mapas y brújulas, discos móviles, telescopios y sextantes y mucho bullicio y palabrería: ¡Todo listo -gritan- nos vamos!
Y el hombre del barrilito y yo, mirando los dos soles que de nuevo –se acerca el verano austral- aparecen sobre el horizonte y la lejana periferia de La Taún, nos hemos ido.
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Notas:
Este capítulo es un intento de rescatar el tono de mi viaje inicial, antes de que locos, insectos y fiebre se nos cruzaran en el camino. Me voy con mi mejor amigo, el hombre del barrilito, el único de este grupo variopinto que, como yo, sabe que existe un mundo real, una camino real entre La Taún y el Orinoco, que no requiere de más peripecias ni ocurrencias que recorrerlo.
Toda la imagen gráfica que lo acompaña es obra realizada por Miquel Barceló, y excepto la segunda de ellas, titulada Mapamundi, todas las demás viñetas son fragmentos del retablo de cerámica policromada con que el pintor mallorquín revistió los muros de la Capilla del Santísimo o de Sant Pere de la Catedral de Mallorca.Obra realizada en 2007.
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Comentarios
#1 Delicioso! Un relato que
Delicioso! Un relato que despierta los sentidos!
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