El gran timo verde del Punto Verde.
Los que hemos nacido y vivido bajo el paraguas de la religión cristiana sabemos que tenemos a nuestra disposición un mecanismo fantástico para tranquilizar nuestras conciencias y conseguir el perdón tras haber pecado, basta con el trámite de confesarse, hacer acto de contrición junto con un sentido propósito de enmienda y pagar el canon que se nos imponga como penitencia. Hecho esto, nuestros pecados serán perdonados. Con la nueva religión eco-verde la cosa no está tan clara, teóricamente hay una forma de que se nos perdonen nuestros pecados medioambientales cumpliendo una penitencia siempre igual pero de intensidad variable, soltar nuestros euros en bolsillos verdes diversos.
Pero aquí, en cambio, no solo no te perdonan el pecado tras cumplir con la penitencia del pago en euros, sino que cada día que sale el sol te señalan como un terrorista ecoambiental por vivir como vives, hacer lo que haces o consumir lo que consumes. Esta nueva religión, teóricamente, te promete la salvación con billete para el paraíso verde si sigues sus dictados, si cumples escrupulosamente sus disposiciones, si pagas religiosamente sus exacciones, pero la realidad es muy otra. Aunque hagas todo eso seguirás siendo un destrozaplaneta, un avieso generador de malignas contaminaciones, un ser vil que se pasa el día apuñalando el corazón de la madre tierra, o dicho de otro modo, es el simple hecho de vivir el que nos convierte en seres medioambientalmente abyectos.
Como ejemplo de lo dicho hablemos de los envases de plástico del agua embotellada. Aunque un gran porcentaje de consumidores no lo sabe, la realidad es que al comprar la botella de agua estamos pagando una cantidad de dinero para sufragar la recogida de ese embase, su tratamiento y reciclaje. Es el famoso Punto Verde que venimos pagando por el cien por cien de los envases de todo lo que consumimos desde el ya lejano abril de 1999.
Por tanto cumplimos con la penitencia de pagar por cada botella de plástico que tiramos a la basura y ese pago nos garantiza, eso nos dicen, que la mentada botella será recogida, llevada a una planta de tratamiento y reciclada, pero la realidad, después de 11 años, es que aunque pagamos por todas las botellas tan solo se recicla un 13% y uno se pregunta, ¿quién se apropia del dinero que pagamos por el 87% de las botellas de plástico que no se reciclan?, ¿cuántos miles de millones han desaparecido o han sido reciclados sin ser destinados para aquello que nos dicen que pagamos?, este es uno de los grandes timos verdes del que nadie se queja ni habla porque hacerlo supone que el que protesta es un tipo al que le gusta inundar el planeta de basura.
La cosa ya clama al cielo cuando uno lee las diatribas que nos endilgan los predicadores del buenismo ecológico, como la que hoy publica El País titulada “Negocio redondo: agua y en botella”, en la que en lugar de hablar del timo verde que padecemos nos apabullan con todos los males del infierno eco-verde por consumir botellas de agua que luego no reciclamos y dejamos por ahí tiradas en los vertederos.
Julio Barea, el santón de turno de Greenpeace, que sabe seguro que el timo verde del punto verde existe, nos acojona y estigmatiza a todos diciendo que “la peor parte de esta historia es sin duda el final de la vida útil del envase: solo un 13% de ellos van a plantas de tratamiento”, insiste en que lo que hacemos supone una catástrofe, nos hace culpable a los consumidores pero el muy apañado no menciona el robo que nos hacen cobrándonos por todos los envases para reciclarlos y ya ven que asume con toda tranquilidad que solo un 13% lo es y se calla porque la base de su religión consiste en sacarnos la pasta para salvar el planeta aunque luego el mayor porcentaje del dinero vaya a innúmeros bolsillos verdes y espurios y mientras el planeta a verlos venir.
Con esta religión no hay forma, por más que paguemos, de ganarse el paraíso porque repito que el pecado no es beber agua embotellada sino el solo hecho de vivir. A pesar de todo, son millones los que aun sabiendo que son timados creen que están salvando el planeta, que aun sabiendo que un alto porcentaje de las basuras que separa y coloca en contenedores diversos son arrojadas todas juntas en el mismo vertedero y sin embargo siguen con la liturgia de los contenedores multicolores creyendo que están salvando el planeta en lugar de exigir que cese el gran timo. Creen en fin que están salvando el planeta a pesar de saber que lo que pagan de más en el recibo de la luz para la energía solar va a los bolsillos de grandes timadores - especuladores que hasta agrandan el timo generando energía verde por la noche.
El resumen del mensaje ecoverde, que es casi tan viejo como la humanidad, dice “Dame tu pasta, cierra los ojos a todo lo raro que veas o te cuenten, ten fe y te garantizamos la salvación”. Siempre ha sido así.
Esto lo escribe uno que lleva toda su vida bebiendo agua de grifo y que quiere proteger el planeta y el medioambiente pero no admite que le timen a pesar de que me califiquen de malvado opresor del medioambiente.
- blog de orel
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Comentarios
#1 Sobre las tasas de reciclado
Desde hace ya un pár de años, en el coste de cuálquiér envase que utilicemos en cualquiér actividád, ya está cargada en origen, (fabricante), la tasa de reciclado para el materiál en el que está fabricado, sea vidrio, plástico, papél ó cartón.
Con lo cuál, los famosos puntos verdes, las estaciones de recogida para materiales reciclables, nos están cobrando las tasas con REDUNDANCIA.
Conciencia ecólogica, si, "ECO-ESTAFAS", nó, por favór.
#2 Off topic
Pregunta un poco antipática a Rodericus (invitado):
(No quisiera ofender, palabrita, pero tengo muchísima curiosidad por saber si lo de poner tantas tildes que algunas palabras tienen hasta dos, es intencionado, fortuito, aleatorio o simplemente sale así y yastá).
Disculpad y gracias.
#3 ¿Sorpresa?
No se de que te sorprendes Luna. La gente fina utiliza “déshabillé” , palabra que figura en el diccionario de la RAE (véase aquí) y por otro lado los maños, desde hace siglos, tienen autorizado el decir Záragozá (pronunciar Zááá ra go zááá).
#4 Zaragoza
Es que en Zaragoza se disfruta mucho, salen a la calle y se lo pasan en grande, un gozar que maravilla. De ahí le viene a la ciudad el nombre actual y la manera de pronunciarlo, pues sucedía hace años, cuando se llamaba Caesaraugusta y llegaban a comerciar gentes desde acá y desde acullá, que algunos venían de la Penibética, que luego fue Andalucía, y hablaban con un dejo muy particular. Total, que volviendo a casa contaban a sus amigos que “si vas a Caesaraugusta curra lo que zea y luego paza de tó y zár a gozá” y luego, mientras que pasaba el tiempo, se quedó con los dos áá, la del zár y la del gozá, y tal y cual…
Pido otra vez disculpas
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#5 Ja
Es fantástico, en un plis plas te inventas una etimología que queda mucho mejor que si fuera verdad. Daría medio dedo por hacer algo parecido.
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