Las Médulas en Ponferrada León. Un saqueamiento mineral y un paisaje de gran belleza.
Pernelle — Dom, 27/01/2008 - 11:53
Os presento este reportaje sobre Las Médulas, un paraje que se encuentra en Ponferrada, León.
Los romanos, con cerca de ocho mil esclavos, estuvieron saqueando la mina de oro hasta que la dejaron completamente agotada. El paraje que hay ahora se compone de toda la escombrería que se sacó para poder explotar la mina Ahora ha quedado un paisaje natural protegido por la Unesco con una gran belleza.
Este reportaje sí lo copio y pego porque merece la pena.
http://www.hola.com/viajes/rutas/lugarescuriosos/2008/01/22/15009_espana...
Castilla-León
España mágica: Las Médulas, un paisaje de fantasía y leyendas
Las Médulas, un paisaje declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.
En este lugar se pueden disfrutar de impresionantes vistas.
Tierra removida. Toneladas de tierra removida en un alucinante
paisaje de rojo y verde, de estalagmitas gigantes que se elevan al
cielo como acusadores dedos mitológicos que delataran culpables. Un mar
de olas rojas, un laberinto de picachos apuntando al cielo, una
enorme tarta mordisqueada por los dioses: eso son Las Médulas. Tierra
removida en cantidades imposibles de imaginar, montañas enteras
borradas del paisaje gracias al empeño de Roma por extraer del suelo
hasta el último gramo de oro aprovechable.
Trabajo de 8.000 esclavos
El empecinamiento con el que los romanos escarbaron la tierra en
busca del oro con el que sostener los ingentes gastos de su Imperio,
dejó en el paisaje de Las Médulas un rastro de caos, un cúmulo
atormentado de picachos, cuevas destrozadas de tanto lavarlas con el
agua de las montañas y la sangre de los esclavos, y lagos artificiales
formados con el derrumbe de las montañas. Desde 1997 este paraje es,
con toda la justicia del mundo, Patrimonio de la Humanidad. El
yacimiento, situado al Suroeste de Ponferrada, fue la más importante mina de oro del Imperio romano
en el siglo II de nuestra era. Aunque la existencia del preciado
mineral en la zona ya era conocida por los astures, cuyo
aprovechamiento se limitaba a la criba del lecho de algunos ríos,
fueron los romanos quienes, con su llegada en el siglo I, modificaron
radicalmente las técnicas extractivas del mismo.
Aun sabiendo que este paisaje fue totalmente originado por la mano transformadora del hombre, resulta difícil asimilar el extraordinario alarde tecnológico
que hizo falta para convertir esta zona del noroeste peninsular en el
más importante enclave de extracción aurífera en su momento.
Las
cifras, aunque nunca hablan por sí solas, pueden ayudar a situarse ante
tan magnífico paisaje: es muy probable que lo que hoy se contempla
fuera el fruto del trabajo directo de 7.800 esclavos excavando
la tierra. Alrededor de ellos podrían haberse movido 3.000 hombres más
en funciones de avituallamiento, dirección y vigilancia. En total,
cerca de 11.000 almas ocupadas de forma tenaz y obsesiva en remover
toneladas y toneladas de tierra rojiza con el único afán de separar el oro del barro.
El castillo templario de Ponferrada, un monumento que merece la pena ser visitado.
Una preciosa vista del pueblecito de Molinaseca, en los alrededores.
La leyenda del oro
Tan fascinantes e increíbles como los datos que adornan este paisaje atormentado resultan las diferentes leyendas
que lo envuelven, con escenarios ubicados en su entorno más inmediato.
Una de ellas explica que el topónimo del lugar provendría de un
caudillo astur llamado Médulo o Medulio, que se habría
enfrentado sin éxito a la invasión romana. Ante la inminente victoria
de aquel ejército sobre el destacamento nativo, éstos prefirieron la
muerte a la rendición, prendiéndose fuego, dándose muerte entre ellos
con la espada y tomando el veneno que extraían de los tejos. Otra
leyenda asegura que la muerte de Medulio se produjo provocada por un
rayo que, en el fragor de la batalla, lo atravesó haciendo que sus
tesoros salieran por los aires sembrando de pepitas de oro las montañas
que luego los romanos desharían para encontrarlos.
Cuenta también la leyenda que el general que dirigía las tropas romanas contra los astures, de nombre Carisio,
se hallaba perdidamente enamorado de la hija de Medulio, la bellísima
Borenia, y que viendo el padre la inminencia de una cruel derrota envió
a su hija a esconderse en el bosque hasta que se resolviera por fin la
batalla. Desorientada y temerosa es como la descubrió Carisio en su
escondite, quien, para ganarse sus favores no dudó en asegurarle que la
guerra había terminado y la paz reinaba ya entre ambos pueblos.
Confiada y rendida a las artes del general, Borenia se entregó
a él. Pero a la mañana siguiente, cuando regresó a su pueblo y
descubrió las montañas teñidas con la sangre de su gente y a los
supervivientes convertidos en esclavos de los romanos, su dolor fue tan
intenso que de ella brotó un llanto incontrolado. Y así, tantas
lágrimas derramó que el valle se fue anegando hasta que la propia
Borenia acabó arrastrada por la corriente y convertida en una ondina de cabellos dorados a la que algunos aseguran haber visto peinándose y cantando en las orillas del lago de Carucedo
en las noches de San Juan. No todos están de acuerdo. Hay quien dice
que la ondina, en realidad, sale del lago para buscar un buen mozo que
le corresponda en amores, pero que como es tan grande el lago, es
difícil descubrirla. Por eso también hay quien besa la superficie del
agua con la esperanza de que la ondina le vea. Y, a veces, un ligero y
embriagador perfume de rosas silvestres brota del agua como si fuera
vapor.
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aclarar un comentario de Pernelle el Dom
Invitado (no verificado) — Mié, 22/10/2008 - 15:57En esta descripción del paisaje de las Médulas haces el comentario del "saqueo" de parte de los romanos de las riquezas de esa zona; se ve que los profesores enseñaron muy bien pues los alumnos asimilaron como se debe saquear y lo hicieron mucho mejor que sus maestros, pues saquearon toda América y quien te dice esto no creas que es un latinoamericano resentido; quien escribe esto es un español.
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