Mirar sentado, la última extravagancia de la urbe global

Lennon sentadoDicen sus biógrafos que Amancio Ortega, estando en París, se sentaba en un banco a observar a las señoritas que paseaban, se fijaba en la ropa que llevaban y a partir de ahí diseñaba su moda. La sociología americana, en la primera mitad del siglo XX, nació así: un tipo plantaba sus posaderas en un barril de vino, en la esquina de un bar, confluencia de dos travesías bulliciosas, y pasaba horas mirando a la gente.

El urbanismo de nuestra era, obsesionado con los flujos y la seguridad, ha proscrito los asientos. Repantingarse honrosamente en espacios públicos de la urbe global ya sólo está al alcance de la cuarta edad, esa legión silenciosa de jubilados cuya mirada revela un weberiano extrañamiento del mundo. Imposible encontrar un banco en lugares céntricos y emblemáticos de la ciudad. Los autobuses y metros de última generación eliminan sitios e incorporan puestos que colocan al cuerpo humano en un extraño equilibrio (apoyos isquiáticos, los llaman).

Ya no hay reposo sin consumo; no hay butaca sin numerar. Como el pensamiento exige pausa, el sistema ha decidido eliminar la pausa. Al caminar por la ciudad, sólo existe un modo de pararse y no resultar sospechoso: mirar un escaparate. Apalancarse en una acera o cualquier otro soporte urbano queda para turistas, locos y mendigos. Una vez prohibidos beber y fumar, sentarse en el banco de un parque es el modo más seguro de quebrantar la ley. Hoy el mejor consejo para un joven que sale a la calle no puede ser otro que: no te detengas.

Pero el ser humano es un animal social con extraordinarias capacidades adaptativas. No se ha suspendido la reflexión sosegada ni los tóxicos placeres que riegan y orean la conversación, no. Lo que se ha producido es una ghettización del, digámoslo así, descanso sobre las nalgas. El espacio público se tematiza, restringido al consumo y el ocio, de manera que si estás sentado en la ciudad es porque te hallas en el Starbucks o en la sala de lectura del Fnac. Y por supuesto, en la sociedad telemática nos queda el asiento privado donde ver pasar la vida virtual en forma de megabytes.
 

Añadir nuevo comentario