El profesor en su tarima. La autoridad simbólica en una sociedad sin símbolos

Sócrates enseñando

Esperanza Aguirre, Presidenta de mi Comunidad Autónoma, va a impulsar una Ley de Autoridad del Profesorado en la que, entre otros puntos, se dice que la mesa del maestro ha de volver a la tarima de antaño. Se argumenta que, con semejante elevación sobre el nivel del suelo, el control visual de la clase será mayor y así se perderá menos tiempo en mandar callar.

 
Aunque la Biblia aconseja “dominar los lugares altos”, desde el panóptico de Foucault (y sus predecesores) sabemos que el mejor modo de vigilar es otro. La sociología, al igual que los demás campos de conocimiento regidos por la filosofía de la sospecha, muestra que la elevación del docente (como la del párroco y el demagogo) en una plataforma, púlpito o caja de botellines lo que hace es explicitar una asimetría, una relación de desigualdad, la dominación que ejerce el que está arriba sobre el que está abajo.
 
En el colegio, “Don Pedro” era la autoridad. Un tipo bajito y rechoncho que te agarraba de las orejas o del pelo y sabías lo que era bueno. Los más revoltosos recibieron algún bofetón, e incluso recuerdo (si es que no estoy mezclando memoria personal con memoria cinéfila) golpes de regla en la palma de la mano. Tengo 34 años. Lo que cuento ocurría hace unos veinticinco.
 
Más mayor, todavía en el colegio, tuve una profesora (de lengua y literatura, claro) que rompía todo tipo de normas antiguas, empezando por la organización simbólica del espacio en la clase. Era como en El Club de los Poetas Muertos. Si jamás habéis tenido un profesor o profesora así, vuestra vida es muy triste.
 
En la Facultad, construida en tiempos de Franco, las aulas sí estaban dotadas de tarima, salvo algún área de nueva edificación. Allí la autoridad era arquitectónica, no profesoral. Algunos docentes utilizaban la tarima como una trinchera, jamás como atalaya. Muchos se parapetaban tras la mesa, y algunos, con tal de no alzar la voz, hasta se colocaban un micrófono, aunque el público fuera escaso y la sala pequeña.
 
Los que impartían enseñanzas de lo cualitativo, discípulos de Jesús Ibáñez, se bajaban de la tarima para decirme el centro de la clase era yo. Al de la última fila le aseguraban lo mismo. Por su parte, Amando de Miguel jamás abandonaba el entablado, ni siquiera entre clase y clase. Cuentan —siempre esquivé sus asignaturas— que sólo se movía para subrayar el título de sus libros, que obligaba a comprar con gran ahínco. Mercedes Cabrera, por entonces sexualmente apetecible (o yo por entonces sexualmente enfermo), aprovechaba la tarima para guardar las distancias, aunque a veces se daba paseos por la clase, caminando elegantemente con vaqueros (cosa harto complicada).
 
Me estoy alargando en exceso. ¿Ha sonado ya el timbre? Podéis marchaos. 

Comentarios

Imagen de balsero1968

#1 -

No parece que haya escasez de símbolos. Ni de tarimas.. Jura que me vacilas Pirata, que lo que cuentas de la Cabrera es una provocación, y no la confirmación de un severo trastorno de frenopático!

r.

Imagen de Joaquin

#2 -

Los de mi generación decimos que unos hicieron la post-guerra en el maquis, y la mayoría en colegio de curas (o monjas, que también eran bravas). Recuerdo al cura desde la tarima lanzando el borrador de madera sobre la cabeza del primero que se movía. Y recuerdo todavía  los castigos públicos,  donde el curaza (mayoría de vascos o navarros),  te daba a elegir la zapatilla, la "blanquita" con suela de esparto y la "negrita" con suela de goma, para los consabidos veintiun zapatillazos.  Por supuesto, no dijeras nada en casa el día que volvías con el culo colorado, pues te podía caer otro tanto. La letra con sangre entra, se decía, y la Iglesia mandaba y juzgaba.

Al final todo viene a lo mismo, entonces y ahora;  falta de autoridad moral. De bastantes padres. Si éstos no ejercen la Auctoritas, mal van los profesores  a ejercer la Potestas. No creo que el invento de Esperancita sea el camino hacia la solución, más bien puede ser el atajo hacia más problemas.

(Por si no tienes plan para el fin de semana, te adjunto algo curioso donde se dicen algunas cosas interesantes, no todas)

Un saludo

J.

 

Imagen de Santo

#3 -

Estimado Balsero

 
La cultura humana, por definición, está compuesta por símbolos. Sin embargo, en la sociedad actual los símbolos se han desdibujado, mezclado y relegado. Quedan casi para estudio de arqueólogos intrépidos.
 
La posmodernidad ha borrado los lemas; nos hemos quedado con la camiseta en blanco, sin logo. Por ejemplo, la FIFA quiere prohibir los rezos en el próximo Mundial de fútbol. La sanción del signo.
 
La fotografía con las socialistas puño en alto causa hilaridad. Que resulte intempestiva, grotesca y postiza es debido a que vivimos, como he dicho, en una sociedad sin símbolos –en el sentido que he matizado aquí.
 
Y justamente por eso apunto que rescatar la tarima tendrá nula efectividad.

::::::::::::::

Joaquín, gracias por tu comentario.

Imagen de balsero1968

#4 -

Te haces mayor, que no los veas no quiere decir que no existan. Simplemente desdibujas los que tenías. La gente que no es mayor y los jóvenes tienen otros símbolos nuevos que no identificas. Coincido contigo en la inutilidad de la medida, un chaval de hoy si le pones una tarima verá exactamente eso: una tarima. Otras generaciones veían una cosa distinta de la tarima, pero son otras generaciones y su tiempo pasó. Los símbolos de la foto no me causan a mí ahora hilaridad, ya me la causaban hace décadas, si eso es desdibujar entonces tienes razón y los tenía desdibujados, pero entonces y ahora. Me pareció incluso que Torres Mora defendía el símbolo del puño como "vigente", aunque ahora no encuentro donde lo leí, seguramente él no cree que se hayan desdibujado los símbolos suyos y puede que aún vea un T-shirt con la cara de Ernesto Guevara y sienta emoción. Pero los arquetipos siguen existiendo, que un chaval para identificar un arquetipo necesite ahora un simbolismo distinto es otra cosa. Salvo que nos dejemos invadir por el discurso  pastueño de pérdida de valores, bla, bla, bla, que ya dijo el abuelo al padre, y el bisabuelo al abuelo, ¡dónde vamos a llegar!, bla, bla, bla, discurso más antiguo y rancio que la tos. Pero, en mi modesta opinión, héroes, sabios, villanos, etc, la patulea completa arquetípica, sigue vigente, si el simbolismo del arquetipo es Belén Esteban en lugar de Rinconete qué le vamos a hacer. Tú saca un trapo cualquiera de colores, pon una foto de Porta el rapero y elabora la causa y verás si tienes un símbolo potente o no. El problema es si alguien se quedó en Madonna, en el cura con sotana o en la tarima, lo que ve hoy en día un chaval es una vieja haciendo el ridículo, alguien vestido de carnaval y eso, una tarima.

La FIFA es tonta.

saludos

r.

 

Imagen de sergi0

#5 -

Para mi una tarima siempre fue una tarima, o un escenario, que permitía al público ver mejor al que escenificaba.

Fue al quitarlas cuando se le dio ese significado de "símbolo de autoridad". Una estupidez que redujo el tamaño útil de la pizarra. Ponerla de nuevo es solo sentido común, aunque el motivo dado esa absurdo (por ser equivalente al motivo que se dió para quitarla.)

Imagen de Vulcano

#6 -

Nací en el 73 y me sorprende mucho ver y oir a gente de mi generación decir lo que han pasado en el colegio, no es por poner en duda el resto de testimonios, estoy seguro que tiempos anteriores fueron peores, pero tambien se de buena tinta, que España está llena de luchadores "Postfranquismo" y gente que te da la risa oirles decir que han corrido delante de los grises cuando por su edad lo que les pegaba mas en aquellos años, era estar jugando a la peonza.

Yo tengo que decir que en el colegio fuí feliz, nadie me torturó con cánticos, simbolos ni cosas parecidas, algún tirón de orejas me llevé y otras tantas fuí castigado a estar depié en el pasillo fuera de clase, revisando mis trastadas pienso ahora que fueron pocos los castigos .

Mis padres en ciertas ocasiones discutieron con profesores ,sus razones tenían, los profesores no son perfectos evidentemente, pero siempre respetaron su autoridad e indiferente era que estuvieran deacuerdo con el o no, que yo siempre me llevaba mi parte y además la advertencia de que al profesor hay que hacerle caso.

Debe ser que he tenido suerte, que no lo he pasado mál de pequeño en el colegio, ni me han dado con la regla ni nada por el estilo . Recuerdo eso sí, que los profesores tenían una autoridad, con tarima o sin tarima, y los padres tambien eran de otra manera, por lo menos los míos.

Pero es que son otros tiempos, y por lo visto, hemos progresao musho !!!

Imagen de Santo

#7 -

Balsero:

Como explica Norbert Elías, los símbolos son relevantes por su significado. La función denotativa. Olvida el significante, céntrate en el significado.

Lo que hoy tenemos, a mansalva, son imágenes, iconos. Significantes vacíos, que ciertamente un día estaban dotados de sentido.

En la nueva serie de Sensación de vivir, una reedición de aquellos chicos de Beverly Hills de los años 90’, hay una chica va con la cara del Che en su pijo-bolso. No hay ninguna potencia en ello, ni vigencia, ni leches. Técnicamente hay símbolo, porque ese rostro tuvo un significado determinado. Pero podemos afirmar que ahí es pura imagen descontextualizada.

Volviendo al asunto, los significantes de autoridad (tradicional) han quedado bastante fastidiados en las últimas décadas. A eso me refiero.

Una vez me tocó dormir en casa de un familiar. En la habitación había un pequeño crucifijo. Como saben que soy un pelín ateo y un furibundo anticatólico, me avisaron que, si quería, podía quitar el crucifijo de la pared. Dije que no, que no me molestaba.

Si pasa eso con el símbolo más potente de nuestra civilización, qué rayos vamos a hablar de Belén Esteban : )

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Vulcano:

Fui feliz en el colegio. Mi infancia fue muy feliz, por fortuna. Suelo contar que viví tres meses bajo la dictadura, y la gente mayor me mira con ganas de soltarme un sopapo, jeje. Sí es cierto que nuestra generación fue testigo de los últimos vestigios del "antiguo régimen", como el llamar "Don" al profe o los tirones de orejas.

Imagen de Endi

#8 -

Eran otros años. Pasé 9 años de mi vida en un internado de frailes (que no curas). Entre los 8 y los 17. Hubo de todo, aunque por suerte sin grandes exageraciones (eso sí, las exageraciones a las que asistí amedrentaban, violentaban nuestros aún pequeños ánimos). Sólo uno de aquéllos profesores --irrelevante saber si era fraile o no-- era el que de tarde en tarde exageraba. Curiosamente, él mismo constituía dos excepciones entre la regla general del conjunto de mis profesores. Fue la excepción ya mencionada: la de los castigos físicos violentos. Y fue la excepción --nada paradójica-- en cuanto a su calidad docente, tanto por su corto intelecto como por su escasa capacidad para transmitirnos lo que aquél albergaba.

Nunca sentí la tarima como símbolo de poder o autoridad. Más bien era banquillo en el que airear públicamente nuestros delitos de insapiencia. La autoridad de "ellos" no necesitaba símbolos. Era demasiado real. Demasiado incuestionable. Tan presente que no necesitaba representación.

Tuve suerte. Mucha suerte. Hoy sé que tuve un cuadro de profesores verdaderamente maravilloso. Sobre todo si tengo en cuenta que además de profesores, y por mor del régimen de internado, eran padres sustitutos.

También fue probablemente una suerte no verme obligado a llamar "Don" a nadie, sino --era igual de obligatorio-- tener que llamarle "Hermano"

Imagen de Pablo

#9 -

La muerte de Franco me pilló en 2º de la universidad (años después, en unos apuntes de termodinámica, no recuerdo el capitulo, tal vez el ciclo de Carnot, descubrí una nota manuscrita en mitad del texto: “Franco ha muerto”.

Antes de eso, en el Instituto (público) y en la escuela (pública también) siempre había tarima, aunque la autoridad no procedía de ella. Me llevé algunos bofetones y en una ocasión fui obligado a extender el brazo, con las puntas de los dedos juntas hacia arriba para recibir una serie de reglazos. Cierto que 5 minutos antes le había “forrado” a un compañero, en aquel momento me pareció duro, pero no injusto. La autoridad procedía de la familia. Si el profesor me pegaba y yo se lo contaba a mi madre, su interés no estaría en si me había dolido o no sino en lo que yo hubiese hecho para merecer el castigo, que se presuponía justo.
En los últimos años de instituto el profesorado era muy variopinto. Había curas con sotana y amenaza constante con el fuego eterno, había franquistas convencidos de los de brazo en alto y también había buenos profesores, independientemente de su ideología.
Recuerdo con pena un joven profesor que apareció un año. Era “progre” (sin ningún sentido peyorativo en aquella época). Fue catastrófico. La clase se le desmandó (francamente, éramos muy bestias), aquello era un cachondeo. Finalmente, una excursión cultural para visitar cosas románicas acabó en desastre total. Creo que lo despidieron.
Tampoco hay que confundir disciplina con convencimiento. Varios años soportando una asignatura llamada Formación del Espiritu Nacional no impidió que finalmente la mitad de la clase acabara militando en algún partido maoista o similar. Deberian tomar nota los que pregonan las bondades de la asignatura Educación para la Ciudadania.
De todos los profesores del instituto solo recuerdo el nombre de una como especialmente buena profesora. Era la profesora de filosofía, Josefina Garcia Gainza. En su clase no había gritos, ni enfados ni cachondeo. No sé como lo hacia, pero lo hacia. Puede hacerse.
Por cierto, acabo de mirar en Google y descubierto que ésta mi antigua profesora tiene escrito un libro titulado “Heidegger y la cuestión del valor”. Me suena a chino. Siempre he sido muy materialista y llegado el momento me fui por ciencias porque ya a mis 16 años pensé que de la filosofía no se podía vivir, pero aquella profesora estuvo a punto (le faltó un pelo) de llevarme por letras.

Imagen de bewild

#10 -

 ah... que tiempos los de la niñez y el final del franquismo, yo tambien era feliz, cuando murio carrero blanco durante una horas pensé que el que habia muerto era copito de nieve, hasta que mi madre me contó la realidad.

Añadir nuevo comentario