A) Las cartas portulanas mediterráneas de los siglos XIV y XV
A finales del siglo XIII apareció en Europa una nueva cartografía, de carácter estrictamente útil, circunscrita al ámbito de la navegación. Llegó impulsada por el uso generalizado de la brújula y desarrolló un tipo de cartas náuticas basadas en cálculos serios de la posición del navío y la distancia entre los puertos.
Portolano atribuido a Pietro Vesconte, Italia. 1325
Se llamó a estos mapas cartas portulanas o portulanos. Su atención se centra en las rutas marítimas de navegación, en los detalles del litoral y el relieve costero, en los cursos bajos de los ríos -especialmente en sus tramos navegables-, en las mareas y en los vientos. Las primeras cartas portulanas aparecen en Génova, Venecia y Palma de Mallorca, y estos continuarían siendo los principales centros de producción cartográfica durante los dos
siglos siguientes.
Portolano de Angelino Dulcert. Primero conocido de la Escuela Mallorquina. 1335
En su origen la carta portulana tiene carácter empírico y el objetivo de ser útil a la navegación. Es una finalidad con pocas exigencias gráficas, solo requiere del estudio meticuloso de las costas y una cuidada representación de las mareas y los vientos. Estas exigencias se concretan en pocos elementos esenciales: la toponimia, la orientación y trazado de los rumbos.
La toponimia se centraba en los nombres de puertos y ciudades costeras y era abundantísima en toda la costa mediterránea y en el Mar Negro. Los nombres de los lugares están escritos en perpendicular a la línea de la costa, de tal manera que casi parece que la dibujan. Es frecuente que en una misma carta los nombres de los lugares reseñados procedan de distintas lenguas, pues eran muchos los navegantes que aportaban los datos necesarios para su elaboración. Ejemplos de la distribución de los topónimos en el mapa.
La orientación de las cartas portulanas se hace respecto al norte magnético, que es la dirección que indica la aguja imantada de la brújula. Esto significa que el NORTE está en la parte superior del mapa. Hoy esto puede parecernos una obviedad, pero con anterioridad a este tipo de mapas, la interpretación religiosa del mundo forzaba a "orientar" respecto al oriente, es decir, con el ESTE –el Paraíso Terrenal- situado en la zona superior de las cartas. Los cartógrafos árabes, por su parte, ubicaban el SUR en la parte de arriba de sus pergaminos; era mapas "sureados". 
1413, Macià de Viladestes. Escuela mallorquina
Los rumbos de los vientos se trazaban en atención a los cuatro puntos cardinales y sus puntos intermedios; cada uno de los ocho vientos principales tenía su propio nombre y, dependiendo de la complicación de la carta, se señalaban los 16 medios vientos o los 32 cuartos de viento indicadores de los rumbos. Antes del mapamundi de los Cresques, no se dibujaba la rosa de los vientos, sino muchos puntos en el mapa de los que partían trazos que se imbricaban entre sí dibujando una enmarañada tela de araña que los navegantes podían interpretar.
Trazado de los rumbos en el mapa. Escuela italiana. 1350
Durante el siglo XIV hay dos tipos bien diferenciados de cartas portulanas. El primero de ellos y más habitual -el más sobrio y estrictamente náutico-, lo desarrollan las escuelas cartográficas italianas; el otro, que es mucho más historiado, lo inicia la escuela catalano-mallorquina y viene a culminar en el Atlas Catalán de los Cresques.
Al principio, la característica propia de las cartas de navegación italianas es la sobriedad. Sun estrictamente útiles y muy precisas, no desarrollan más rasgos que los esenciales para la navegación. Es una cartografía puramente náutica y en ella el interior de los continentes es un enorme espacio en blanco; solo las costas, algunos datos del relieve costero, los rumbos marítimos y el curso bajo de los ríos se refleja en ellas. Ocasionalmente se añaden los estandartes y escudos de los diversos reinos. Esta sobriedad utilitarista es la razón por la que la cartografía italiana sea, a nuestros ojos, menos impresionante que la mallorquina.
Cartografía italiana. Mapa de Pizzigano. 1424
La cartografía de la escuela mallorquina toma derroteros que la distinguen de la puramente náutica; se caracteriza por la creciente abundancia de elementos geográficos e históricos, llegando a compendiar muy diversas informaciones. Estos mapas ya no encajan en el ámbito de la pura cartografía, sino que están concebidos como una gran enciclopedia visual que contiene textos e imágenes destinados a captar toda la realidad geográfica, histórica, cosmográfica y humana de las zonas representadas.
Primer y único mapamundi circular de la escuela catalano-mallorquina. 1450, Biblioteca Estense, Módena
La técnica artística utilizada en su elaboración es la propia de los manuscritos medievales iluminados. En ellas también se detalla la ruta atlántica, desde las canarias hasta la península de Jutlandia, y las islas británicas. También se trabajan las rutas terrestres, que van adquiriendo cada vez más importancia. Este estilo culmina en el Atlas Catalán de los Cresques, sin embargo, durante los siglos XV y XVI, tanto la escuela mallorquina como la italianas elaboraran indistintamente ambos tipos de mapas, de tal manera que la expresión "cartografía mallorquina" se refiere más a un estilo que a la ubicación real de los talleres que la producen.
Portolano de Albino de Canepa, probablemente italiano, pero de estilo mallorquín. 1489
El estilo mallorquín hereda significativas convenciones de los antiguos mapas romanos: usa el azul y verde para colorear los mares y ríos con líneas onduladas; el Mar Rojo es invariablemente rojo; las ciudades se representan con grupos de edificios; las montañas están dibujadas como cadenas de curvas y también los bosques, pero éstos en color verde.
Hay una serie de invariables estilísticos reseñables en los mapas de la escuela mallorquina. En todos ellos aparecen las siguientes características:
Portulano de Pere Rosell, escuela mallorquina, 1466
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El más conocido y renombrado de los mapas portulanos es el Atlas Catalán de los Cresques, en el que todo lo dicho se compendia. Con él se consolida un estilo de hacer mapas que prevalecerá en los siglos XIV y XV y se prolongará hasta bien entrado el siglo XVIII, produciéndose al mismo tiempo que, ya en el Renacimiento, una cartografía más matemática y científica encuentre nuevas maneras de hacer proyecciones para representar la tierra.