Impuestos Troposféricos, una propuesta

Más allá del debate científico alarmistas y escépticos no se ponen de acuerdo tampoco sobre las medidas económicas a tomar en cuanto al cambio climático. Pero hay una solución.

 

Vista de la atmósfera por capas a la puesta de sol. En color púrpura el límite de la troposfera (Cortesía de la NASA, 1992)

Aún a riesgo de caricaturizar las opiniones estas son a grandes rasgos las posturas que alarmistas y escépticos mantienen sobre las medidas económicas a tomar en cuanto al cambio climático.

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Alarmistas

La solución es el Protocolo de Kyoto: las medidas políticas, el establecimiento de un techo a las emisiones, y las medidas económicas los derechos de emisión, a través del mecanismo financiero limita y negocia (cap & trade).

Escépticos

No existe el problema y no es necesario limitar las emisiones, mucho menos imponer costes económicos de derechos a las mismas.

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Los alarmistas, incluso reconociendo las enormes incertidumbres en sus afirmaciones científicas, invocan el Principio de Precaución. Los escépticos sostienen que el Principio de Precaución sólo puede aplicarse en ausencia de un estándar científico y que la Evaluación de Riesgos es un método más adecuado. En resumen la política sobre el calentamiento global y tras la reunión del G8 está bloqueada en una situación de tablas, diga la que diga la UE, por razones muy sencillas,

  • División de opiniones sobre el alcance de la influencia humana en la variabilidad climática
  • Discrepancias brutales en la calificación del problema como causa de una crisis
  • Si las emisiones deben limitarse ó no
  • Como hacerlo (si se hace)

Y, lo más importante de todo,

  • ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por este proceso?

Esta última cuestión raramente se discute con franqueza. En un artículo publicado ayer en EL PAIS, D. Cayetano Tano López, catedrático de Física Teórica, rector durante dos mandatos de la Universidad Autónoma de Madrid, director del departamento de energía del CIEMAT y vinculado a propuestas ideológicas de izquierdas, sostenía la necesidad de abrir centrales nucleares y calificaba los hábitos de los ciudadanos epañoles, en cuanto a energía se refiere, como

  • Contradictorios e hipócritas

La única propuesta, además de la utilización de la energía nuclear como un ingrediente importante de nuestro esquema de generación de electricidad, de Tano López, una voz autorizada sin duda, es

  • Encarecer el consumo

Una medida política tradicional en la economía política de izquierdas, Esta medida, sin embargo, está lejos de satisfacer al sector escéptico que no apoyaría el encarecimiento de unos bienes y servicios que, en su opinión, la mía también, no crea problema climático alguno.

¿Existe alguna manera de conciliar ambas posturas, no sólo en España ó la UE, sino a escala mundial?

Al menos así lo piensa un economista, Ross McKittrick, en un artículo publicado en el Financial Post y titulado Llámale tu impuesto. La propuesta es muy interesante y está basada en dos puntos sobre los que existe el acuerdo

  1. Todos los economistas prefieren un impuesto a las emisiones en lugar del sistema de limita-y-negocia al que obliga Kyoto. La razón es que los costes de abatimiento de las emisiones son muy variables, dependen del objetivo, y no se puede confiar en la linealidad al pasar de reducir un 3% hasta un 15%,  mientras que el hipotétco daño social de una tonelada de emisiones de dióxido de carbono es constante. La primera tonelada impone el mismo coste social que la última.
  2. Los modelos climáticos del IPCC están seguros de tener una huella dactilar que nos informe de si los gases invernadero están cambiando el clima. Esa huella dactilar es la temperatura de la troposfera en la zona tropical, 20ºN-20ºS, más ó menos entre Cuba y Rio. Las temperaturas en esta zona, troposfera tropical, se miden por satélites meteorológicos de instituciones distintas diariamente.

Ahora usemos juntos los dos puntos anteriores y hagamos la propuesta que consiste en

  • Cada país establece un impuesto (llamémosle T3), por tonelada de CO2 emitida, indexado a la media móvil de las anomalías tri-anuales observadas por los satélites de dos o más instituciones independientes. Lo que se observa es la huella dactilar, en promedio y actualizada anualmente. Según sea esa huella así es el impuesto.

Con los datos actuales el impuesto sería de €4,00 por tonelada. Todos los ingresos procedentes de este impuesto a las emisiones serían para el país emisor, formarían parte de su economía, si el pais soberanamente así lo decide el impuesto puede ser fiscalmente neutro y no existe un techo a las emisiones.

  • Si el calentamiento global es debido a las emisiones, como dicen los alarmistas, el impuesto T3 crecerá muy rápidamente con el índice troposférico medido.  Podría el impuesto, utilizando las predicciones de los escenarios alarmistas del IPCC, llegar a €160 por tonelada. Con ese coste financiero la industria, y en definitiva el consumo, planificaría y promovería la utilización de otras fuentes energéticas de forma natural a como reacciona con cualquier otro coste de producción.
  • Si el calentamiento global no es debido a las emisiones, como dicen los escépticos, la huella dactilar lo mostrará. El impuesto T3 bajará desde los niveles actuales de €4,00 por tonelada hasta llegar a convertirse incluso en un subsidio a las emisiones de carbón. Si se diera este caso significa que los modelo climáticos y el alarmismo se han revelado ambos como erróneos. Se suprime el impuesto T3 y caso resuelto.

 

El impuesto T3 es una buena idea porque permite medir lo que sucede y actuar en consecuencia atendiendo las aspiraciones de ambos grupos. Como escéptico mi predicción es que, de implantarse, su valor en pocos años será T3=0. Si estoy errado los alarmistas obtendrán sin conflictos los resultados que reclaman ahora en sus propuestas.

b.