2. SantoTomás.Suma teológica, cuestión 94

La Ética de Aristóteles comienza con esta afirmación: "Todo arte y toda investigación e, igualmente, toda acción y libre elección parecen tender a algún bien; por esto se ha manifestado, con razón, que el bien es aquello hacia lo que todas las cosas tienden". "Pero como hay muchas acciones, artes y ciencias, muchos son también los fines; en efecto, el fin de la medicina es la salud; el de la construcción naval, el navío; el de la estrategia, la victoria; el de la economía, la riqueza". Aristóteles señala que el bien supremo entre todos los que pueden realizarse es la felicidad, sea lo que sea la felicidad para cada uno.

Hay que tener en cuenta que una argumentación organizada sobre el fin de algo, sobre el para qué de algo, es una argumentación teleológica (en griego "telos" significa fin) y que la ética se ocupa de la práctica, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Doy por sabido que a Santo Tomás se le conoce como al autor de una síntesis entre aristotelismo y cristianismo. Bien, una síntesis no es lo mismo que una coincidencia plena: ambas éticas tienen carácter teleólogico (toda la argumentación se construye sobre el fin del ser humano), ambas son éticas materiales, ambas sitúan a la felicidad como el fin supremo, pero mientras que la ética de Santo Tomás tiene un marcado carácter religioso, Aristóteles presenta la suya como una parte de la política. La búsqueda y el conocimiento de Dios que Sto. Tomás indica como el fin excelente del hombre es un interés más bien agustiniano y no aristotélico.


El texto elegido contiene los artículos 1 a 6 de la cuestión 94 del segundo tratado de la primera parte de la Suma Teológica de Santo Tomás, lo que es lo mismo, Suma teológica I-II, q. 94, a. 1-6. En total la Suma teológica contiene cuatro partes, aunque la última quedó incompleta, estructuradas invariablemente en cuestiones y artículos. Las cuestiones son siempre el planteamiento del problema que se irá desarrollando en los artículos. La cuestión 94 queda planteada así:


1. ¿Qué es la ley natural?
2. ¿Cuáles son sus preceptos?
3. Los actos de las virtudes, ¿son todos de ley natural?
4. La ley natural, ¿es la misma para todos los hombres?
5. ¿Es mudable?
6. ¿Puede ser abolida por la mente humana?


Se nota ya que cada uno de esos problemas dará lugar a cada uno de los seis artículos que contiene la cuestión. Los artículos se desarrollan, invariablemente, presentando primero las objeciones (o dificultades) y las posiciones a favor, aportando una solución y respondiendo a las objeciones. Lo que sigue es un resumen del texto, no añade nada, al contrario, simplifica y tiende a omitir las objeciones tomadas de textos religiosos, así que mucho mejor que seguir leyendo lo escrito por mí sería dirigirse a la fuente, puedes encontrar el texto original, en formato pdf, aquí .

  • El artículo 1 resuelve qué es la ley natural.


Dice Aristóteles que "son tres las cosas que suceden en el alma, pasiones, facultades [potencias] y modos de ser [hábitos, cualidades]". "Entiendo por pasiones, apetencia, ira, miedo, coraje, envidia, alegría, amor, odio, deseo, celos, compasión y, en general, todo lo que va acompañado de placer o dolor. Por facultades, aquellas capacidades en virtud de las cuales se dice que estamos afectados por estas pasiones, por ejemplo, aquello por lo que somos capaces de airarnos, entristecernos o compadecernos; y por modos de ser, aquello en virtud d elo cual nos comportamos bien o mal respecto de las pasiones; por ejemplo, en cuanto a encolerizarnos, nos comportamos mal, si nuestra actitud es desmesurada o débil, y bien, si obramos moderadamente; y lo mismo con las demás". Santo Tomás retoma esta afirmación para señalar que, puesto que son tres las cosas que hay en el alma y la ley natural no puede ser una potencia ni una pasión, solo queda que sea un hábito. Esta es la primera dificultad. En contra, lo sostenido por San Agustín: "el hábito es una facultad de la que se usa cuando es necesario". Sin embargo la ley natural es una cualidad común a todos los hombres, pertenece a la naturaleza humana, puedan usarla o no, así que no es un hábito.

Tenemos que la ley natural es un hábito y no es un hábito. Santo Tomás resuelve la contradiccióndistinguiendo dos modos de entender el hábito: en sentido propio y por semejanza, denominando "hábito" al contenido de un hábito. En sentido propio, un hábito es aquello con que se hace algo: el hábito de la higiene se aplica al asearse. La ley natural no es un hábito en sentido propio, no se trata, siguiendo nuestro ejemplo, de la cualidad de ser limpio, sino del hecho de asearse; pero sí es un hábito por semejanza. Conclusión: la ley natural es el contenido de un hábito, es las cosas que se hacen por ese hábito.

  • El artículo 2 trata sobre los preceptos de la ley natural.


Resalta el hecho de que si la ley natural tuviera muchos preceptos esto sería lo mismo que afirmar la existencia de muchas leyes naturales. Además, la naturaleza humana es única, pero tiene muchas partes, entre ellas algunas que se mueven por sendas no precisamente virtuosas. El problema es que o bien la ley natural tiene un solo precepto, con lo que atiende solo a la unidad de esa naturaleza humana, o bien tiene muchos, con lo que incluye "las inclinaciones de la parte concupiscible".

Santo Tomás se enfrenta a esta dificultad con una afirmación que conviene tener en cuenta: "los principios de la ley natural son en el orden práctico lo que los primeros principios de la demostración en el orden especulativo, pues unos y otros son evidentes por sí mismos". Ni Aristóteles ni Kant tendrían problemas con esta afirmación. Hay además un orden en los principios, una jerarquía, por eso, al igual que el concepto de 'ente' es lo primero que se capta en el orden especulativo, el concepto de bien es lo primero que se alcanza en el orden práctico. El primer principio de la razón práctica es el que se funda en la noción de bien y este es su primer precepto: "El bien ha de hacerse y buscarse; el mal ha de evitarse", todo aquello hacia lo que nos sentimos naturalmente inclinados es bueno. Pertenece a la ley natural todo aquello que ayuda a la conservación de la vida humana, igualmente, "se consideran de ley natural las cosas que la naturaleza ha enseñado a todos los animales, tales como la conjunción de los sexos, la educación de los hijos y otras cosas semejantes"; por fin, pertenecen a la ley natural todos los preceptos que se corresponden con la actividad racional del hombre, como evitar la ignorancia o respetar a los conciudadanos.

Conclusión: hay muchos preceptos de la ley natural, pero todos comparten una misma raíz.

  • El artículo 3 aborda la cuestión de si todos los actos de las virtudes corresponden a la ley natural.


Las dificultades son las siguientes: a) algunos actos de las virtudes se orientan hacia el bien particular, pero la ley natural se refiere al bien común; los pecados son lo contrario de la virtud, b)"si todos los actos de la virtud son de ley natural, se seguiría que todos los pecados son contra la naturaleza. Pero esto se atribuye especialmente a algunos pecados nada más"; c) la naturaleza es común a todos los hombres, pero no todos los hombres entienden lo mismo por virtud, de tal modo que lo que para uno puede ser virtuoso para otro puede ser pecaminoso. En vista de lo anterior cabe afirmar que no todos los actos de la virtud corresponden a la ley natural, sin embargo también se dice que todas las virtudes son naturales (San Juan Damasceno lo hizo).

La solución vuelve a consistir en la distinción entre el modo general de entender la virtud y el modo particular. En general todos los actos virtuosos caen bajo la ley natural, se deben a la inclinación natural a obrar conforme a la propia razón y esto es lo mismo que obrar virtuosamente; considerados en particular, uno a uno, notaremos que hay muchas acciones virtuosas que no caen bajo la ley natural, sino que se encaminan a la utilidad.

  • El artículo 4 responde a la pregunta de si la ley natural es igual para todos.


En contra cabe señalar que la ley natural no es obedecida por todos, que si no todos entienden lo mismo por 'justo' es porque no hay una ley natural igual para todos y que si no todos los hombres tienen las mismas inclinaciones es porque no hay una única ley natural para todos. A favor la afirmación de San Isidoro: "El derecho natural es común a todas las naciones".

En esta ocasión responde distinguiendo entre el orden especulativo y el orden práctico. En el orden especulativo, siempre, sin excepción, la verdad es la misma para todos, aunque no todos la conozcan, por ejemplo, para todos los ángulos de un triángulo son iguales a dos rectos; en el orden práctico, también la ley natural es la misma para todos, pero pueden darse excepciones en algunos preceptos particulares, ya sea por el contenido, ya sea porque "algunos tienen oscurecida la razón por una pasión, por una mala costumbre o por una torcida disposición natural".

  • El artículo 5 interroga sobre si es posible cambiar la ley natural.


Santo Tomás acepta que la ley natural cambie siempre que sea por adición, que se añadan nuevos preceptos, y acepta que se le puedan quitar preceptos secundarios, pero niega la posibilidad de cualquier cambio que pueda afectar a los principios fundamentales de esa ley.

  • El artículo 6 plantea la posibilidad de que la ley natural pueda desaparecer de corazón humano.


De los argumentos que rescata Santo Tomás y que afirman que sí es posible, el más interesante es el tercero: debe poder desaparecer dado que los hombres han sido capaces de establecer leyes contrarias a la ley natural. Un ejemplo contemporáneo de este tipo es la ley del aborto, uno de todos los tiempos es la pena de muerte. La posición de Santo Tomás en este punto incide nuevamente en la distinción entre los primeros principios, de aplicación general y en todos los casos, y los preceptos secundarios que derivan de ellos y que afectan a casos particulares; de ninguna manera pueden ser borrados los principios fundamentales, pero sí podrían ser borrados preceptos secundarios, especialmente si ayudan a ello "costumbres depravadas o hábitos corrompidos".