Te he visto de refilón en la cola del teatro. Pequeño y manso te he visto. ¡Tú que de león presumías y te jactabas de ser a la vez fuego y estopa! Y levantaste la voz para decir dos palabras a alguien que te acompañaba. Sonó un chasquido de tiza rompiéndose en la pizarra. ¡Tú, que al hablar hacías música y el aire reverberaba! ¿Cómo quedaste en chirrido como quien nunca fue nada?
Te confieso que es perfecto mirar al amor desde el desamor, mirarlo directamente, ojo a ojo, cara a cara. Te quise y no lo recuerdo.
Y mirarte y verte manso y chirriante y tan sin gracia me inspiró enseguida un verso: "Ojos de tubérculo, corazón de patata..." Ahí me desconcerté. De tan lejos en el tiempo que no parece ni un sueño ha saltado a mi presente alguna reminiscencia de sensaciones pasadas: Tú que eras sabor intenso y olías a jazmín nocturno ¿cómo has quedado en patata?
Sin duda es el desamor. Debo desamarte mucho, porque quería escribirte y no se me ocurre nada. Ahí lo dejo por hoy, ya continuaré mañana.