A) Tiempo de viajes, maravillas, libros y mapas
Fragmentos de una página del libro de horas del Duque de Berry. Principios del S. XV
Como el hombre medieval manifestó una afición notable a los largos viajes y peregrinaciones y Valdeperrillos es un pueblo competente en el tema del cambio climático, aprovecho el momento y lugar para comentar que entre los siglos IX y XIV, tuvo lugar en la Europa de la Edad Media un largo período de climatología bonancible, algo más calido que el actual, que sin duda actuó a favor de la vitalidad, el ansia de aventura y el espíritu viajero del hombre del medievo.
Apenas existe literatura de carácter profano anterior al siglo XII, el mundo medieval se expresa en un lenguaje de código cerrado que no nos ha llegado ‘traducido’ y desarrolla una rica simbología representada en figuras con frecuencia extravagantes, grotescas o monstruosas. Se trata de una semiótica que, no siendo fácil de interpretar, a menudo conduce al prejuicio de pensar que se trató de un tiempo oscuro y dogmático que transcurrió sumido en la superstición, de espaldas al conocimiento y a la cultura. Esta idea de la Edad Media no hace justicia en absoluto al mucho ímpetu y curiosidad con que el hombre medieval se posicionaba ante la vida, ante la realidad y ante el mundo.
Ultimos mapas T-O. Siglos XIV y XV
En lo que se refiere al tema que nos ocupa, es importante resaltar que este tiempo que con frecuencia se nos presenta como un todo-único y cerrado, era sin embargo muy abierto y estaba jalonado de caminos repletos de gentes ansiosas por recorrerlos. Caminos que subían hacia oriente (que estaba siempre arriba) o bajan hacia occidente, y en ellos una afluencia constante de hombres de armas, peregrinos, mercaderes, menestrales, juglares y aventureros. Caminos que llevaban a construir ciudades, a traspasar fronteras, a negociar en nuevos mercados y comerciar con nuevos productos. Y también a la guerra y la conquista o a la simple y llana aventura. En definitiva, al asombro y al conocimiento.
Representación de una comitiva en el salterio de sir Deoffrey Luttrell, c 1320-1340
La exploración del mundo tuvo un fuerte componente espiritual y simbólico. En medio de aquel trajín el hombre medieval aprendía a interpretarse a sí mismo y observaba que su papel en la obra de la creación era, por naturaleza y por elección, el de un “homo viator”, un hombre en el camino. Pensando que el mundo es el libro que Dios ha escrito para significarse al hombre, salieron multitud de viajeros a explorarlo.
La tierra esférica de Gautier de Metz en su obra "L'image du monde" ca. 1246
Buena parte de la gente que se hacía a los caminos eran viajeros de Dios: religiosos, peregrinos y cruzados recorrían las rutas que conducían a Santiago de Compostela, a Roma o a Tierra Santa. Para todos ellos, muy ligados a la iglesia y cohesionados y justificados por la fe, los caminos de la tierra conducían al cielo. Recorrerlos formaba parte de su universo místico y de la exposición completa de una doctrina teológica.
Mapamundi de Cotton, S.XI; Mapamundi de Henry de Mainz, 1110; Mapamundi del salterio, 1225 A.D.
Cuando empezaba a decaer el espíritu de las cruzadas, se reavivó el viejo mito de oriente, que venía siendo recurrente desde la antigüedad. Dos acontecimientos literarios, ambos ficticios, impulsaron el renacer del mito. De una parte la difusión del “Roman de Alexandre”, narrando las aventuras de Alejandro Magno en su conquista de la India y las maravillas que allí vio y realizó. De otra, a partir de 1164 empezó a circular por las cortes europeas la carta que el misterioso Preste Juan dirigiera al emperador de Bizancio, al Papa y al emperador Federico Barbarroja.
El Preste Juan era un supuesto rey-sacerdote que gobernaba un también supuesto imperio cristiano más allá de los dominios del Islam. En su carta describía las maravillas de un mundo demasiado semejante al paraíso terrenal bíblico, repleto de riquezas, animales exóticos y vegetación lujuriosa y habitado por los hombres más hermosos de la tierra. También estaban aquellas tierras pobladas por seres míticos, animales fabulosos y criaturas prodigiosas. Las abundancia de iconografía extraída de estas fuentes, dará fe de su importancia.
Fragmento de la franja central del mapamundi de Ebstorf, desde el Norte (izquierda) al centro (Jerusalen). 1234
Un viajero animado a conquistar este mundo magnífico iba abriendo las nuevas rutas comerciales que por mar -o preferentemente por tierra- conducían hacia los misterios de oriente y sus riquezas. Entre quienes recorrían estos caminos, el transeúnte más común era seglar, sin mayor ligazón con la iglesia que la propia del tiempo en que vivían. El paradigma de este tipo de viajero es, sin duda, Marco Polo. Como él, la mayoría de los viajantes que transitaron a partir del siglo XIII la ruta de oriente fueron aventureros intrépidos dedicados al comercio y viajando en pos de su negocio, o embajadores -laicos o religiosos- que viajaban con la encomienda de encontrar aliados para la cristiandad en los imperios del lejano oriente.
Fragmento de la franja central del mapamundi de Ebstorf, desde el centro (Jerusalen) a las antípodas en el Sur (derecha). 1234
Había un tercer grupo de “viajeros” de los que no debemos olvidarnos pues en buena medida son los responsables del estallido cultural que germinaría a partir del siglo XIII en Europa. El camino que recorrían era intelectual y sus viajes fueron “virtuales”. Eran hombres curiosos y ávidos de acceder a los conocimientos que se iban incorporando al acervo cultural de su época.
La paulatina difusión en Europa del papel, que empezó a substituir al pergamino a partir del siglo XII, y el amparo de las universidades, impulsó la secularización del oficio de copista y de su mano floreció una importante producción literaria de carácter laico y muy descriptiva, trabajada en scriptoriums seglares. Una parte de esta rica literatura ilustrada se centró en las crónicas de viajes y narraba en imágenes, verso o prosa, todo tipo de historias reales o imaginadas.
Se trata de un género difícil de clasificar. Algo tiene de guía turística y de descripción de rutas e itinerarios; algo de localismos, costumbres y paisajes, y mucho de aventura y literatura de ficción. Aunque los viajes narrados solían ser fingidos –tal es el caso del más significativo de todos ellos, el viaje que Jean de Mandeville relata en su “Libro de las maravillas del mundo”- se trata de una producción estética y literaria de calidad, cargada de interés didáctico y capaz de procurar al ‘viajero’ que no viaja una experiencia excitante del mundo.
En este contexto histórico y cultural, las leyendas y las historias dibujadas ocuparon un lugar cada vez más importante en el esquema didáctico de la Edad Media. La forma de T en O tradicional en los mapamundi místicos y simbólicos de los siglos anteriores, pierde relevancia cediendo su lugar a mapas colmados de anotaciones y esquemas cargados de significado. En aquel momento, la palabra “mapamundi” se utilizaba indistintamente para nombrar la representación gráfica de la tierra y para los textos que la describían. A veces, ante alguna de estas obras, se hace difícil decidir si nos hallamos ante mapas que parecen libros o ante libros que parecen mapas. En los libros se dibujaron viñetas muy detalladas representando paisajes y espacios urbanos, itinerarios, fauna, flora y las curiosidades culturales y antropológicas de las tierras descritas. En los mapas se introdujeron leyendas significativas para explicar todo cuanto por ser nuevo o extraño, no se derivaría obviamente de la mera observación de los dibujos.
Fragmento del itinerario entre Londres y Tierra Santa. Obra de Matthew Paris. 1291
Las fuentes de inspiración son muchas y de diverso signo. La principal, sin duda, es la iconografía aportada por el imaginario cristiano extraído de textos bíblicos y doctrinales. A partir del siglo XIII será también importante la aportación de autores clásicos, prefiriéndose las descripciones más coloristas, de Pomponio Mela y de Plinio el Viejo a las más sobrias de Herodoto. El tercer ámbito principal de información son las historias y leyendas, especialmente las tomadas de la saga de Alejandro Magno y sus conquistas asiáticas.
Mapamundi de Ebstorf,1234; Mapamundi de Hereford,1290; Mapamundi Isidoriano del S.XI
B) Los mapas
a) Mapamundi Anglosajón de Cotton
El mapamundi del Salterio o Psalter, realizado probablemente en Londres o en Westminster, c.1265. Se conserva en la British Library de Londres.
Este magnífico mapa contiene mucha información en un espacio muy pequeño. Apenas mide 10 cm de diámetro y a pesar de su reducido tamaño, ha sido considerado uno de los más grandes mapamundi medievales que han llegado hasta el día de hoy en magnífico estado.
El Salterio era un libro típico en las liturgias de la Edad Media en el que se ponían por escrito, desligados del resto de la Biblia, los 150 cantos comprendidos en el libro bíblico de los Salmos. Era habitual que los escolares practicaran en ellos la lectura, por lo que con frecuencia contenían mucha información añadida de carácter didáctico. Los salterios más lujosos estaban decorados con iniciales y cenefas ricamente coloreadas y contenían iluminaciones miniadas a página completa. Es el caso de este mapamundi, que es el único del que se tiene constancia que haya sido dibujado en un salterio. En él el mundo está presidido por una imagen de Cristo llevando en la mano izquierda un "orbis terrarum" mientras bendice al mundo con la derecha. La imagen de Cristo está flanqueada por dos ángeles que agitan sendos incensarios.

Su estructura es similar a todas las de la época. Dibuja un mundo tripartito, orientado con el este en la parte de arriba y Asia ocupando la mitad superior del mapa. Europa ocupa el cuadrante inferior izquierdo y África el inferior derecho. Jerusalén está en el centro del mapa, como si fuera una diana. Recoge los elementos habituales en los mapas enciclopédicos medievales.
En oriente, el jardín del Edén simbolizado por un medallón que encierra a Adán y Eva y entre ellos el Árbol de la Ciencia del bien y del mal con una minúscula manzana. También se representan brotando del paraíso los grandes ríos de la tierra.
Hay muchas referencias a leyendas clásicas, como el Reino de las amazonas en Escitia o los Montes Caspios, tras cuyas puertas encerró Alejandro a los pueblos de Gog y Magog, identificados en la tradición cristiana con las diez tribus perdidas de Israel. También se alude a la Biblia con referencias textuales o iconográficas, como la muy esquemática arca de Noé en los montes de Armenia, los tres triángulos representando los graneros de José en Egipto -las pirámides-, o el Mar Rojo -pintado de rojo, naturalmente- dibujando en él el pasillo por el que los judíos salieron de Egipto hacia la tierra prometida

En el borde derecho, en el sur, representando todo el mundo desconocido, aparece una fila de seres extraños seres legendarios y razas portentosas de los que hablaran autores clásicos, como Plinio o Herodoto.

La parte correspondiente al occidente europeo y al norte de África, siendo una zona mucho más cercana y conocida, no suscita elementos textuales o iconográficos especialmente llamativos. Esta parte de la tierra se dibuja muy comprimida, ajustándola a un espacio deliberadamente limitado. El mundo propio del siglo XIII se refleja en las referencias a las cruzadas, la ubicación de importantes ciudades modernas como Londres, París, Barcelona, Lyon o Colonia y también en algunas de más solera histórica, como Roma o Cartago. El perfil de las Islas Británicas es discernible en el extremo del cuadrante izquierdo y, a pesar del poco espacio disponible, se puede ver el río Támesis. Londres, la ciudad en la que el mapa fue probablemente dibujado, está marcada con un punto del oro.

El Mapamundi Anglosajón o Cottonian se sale de los estilos que hasta entonces se habían desarrollado en la Edad media. No es un mapa diagramático en la línea de los T-O, ni místico al estilo de los Beatos ni tampoco un mapa inspirado en las zonas climáticas, como los de Macrobio. Es el más antiguo de los mapamundis circulares de la Edad Media en el que el mundo es claramente reconocible, está datado en torno a 1025.
Mapamundi Anglosajón de Cotton. Inglaterra, ca. 1025
Se dice que este mapa es el último de una larga tradición de mapamundis circulares que se trabajaron sin interrupción desde la antigüedad clásica, diseñados para mostrar todas las tierras contenidas entre las fronteras del imperio Romano. No ha quedado ningún original de estos mapas anteriores al Cottonian, pero sí conocemos la descripción precisa del "Orbis Terrarum" que dibujó Marcus Vipsanius Agrippa, con mucho más valor simbólico que geográfico, y que fue el inspirador de todos ellos. Este Mapamundi Anglosajón, aparte de ser el último mapa romano, también es el primero de la escuela anglonormanda cuyo máximo exponente serán los grandes discarios del siglo XIII.
Oriente. "Hic abundant leones". Y en la esquina de la derecha el arca de Noé.
Los espacios en blanco de los antiguos mapas romanos estaban ocupados por dragones, serpientes o leones. Era una manera de indicar espacios desconocidos ante los que había que extremar precauciones. El mapamundi anglosajón de Cotton, también los tiene. Arriba a la izquierda, en la parte de Oriente que se acerca al norte -observemos que se trata de un mapa orientado y Oriente se ubica en la parte superior-, detrás del mar Caspio y de los montes caucásicos, avisa: "Hic abundant leones". En África, entre Cartago y Mauritania, lo que hay son serpientes: "Zugis regio ipsa est in Affrica. est enim fertilis. sed ulterior bestiis et serpentibus plena" (También la región de Zugis está en África. Es muy fértil, pero después está llena de bestias serpientes".
Africa. "...bestiis et serpentibus plena"". Y en el extremo sur, la Antípoda y en ella, cinocéfalos (hombres con cabeza de perro).
El mapa está centrado en el Mediterráneo occidental, nombra las cuatro grandes civilizaciones de la antigüedad: Babilonia, Media, Macedonia y Roma, la zona de Palestina aparece dividida entre las tribus de Israel y no se dibuja el paraíso en el extremo de Oriente.
Aunque los contornos de la parte occidental de Europa se comprimen para ajustarlos al espacio disponible, los perfiles están trazados con realismo y son reconocibles. No faltan detalles míticos, por ejemplo, la entrada del Mediterráneo por el estrecho de Gibraltar está flanqueada por la torres de Hércules. Las costas de Inglaterra aparecen especialmente bien trabajadas. Es el más antiguo de los mapas medievales en los que las costas de Inglaterra, lugar donde se elaboró el mapa, aparecen reconocibles y ajustadas a su forma real, aunque a medida que se va acercando al norte las formas se diluyen y acaba deshaciéndose en un rosario de islas. También queda descolgada la península escandinava. Evidentemente los pormenores del extremo norte no eran demasiado conocidos.
Extremo occidental del mundo. Inglaterra, España, las columnas de Hércules y el norte de África.