El gato en la historia, en el arte y en la literatura
Gato cazando en un mosaico romano de la ciudad de Pompeya, S.I
Hace 5.000 años, el más eficaz y sanguinario cazarratones que jamás haya existido abandonó su hábitat en el desierto de Nubia y se acercó a los hogares egipcios. No podemos considerar que esto sucediera hace mucho tiempo, apenas fue ayer: la domesticación del gato es un acontecimiento muy reciente en la historia de la humanidad, y casi desde el principio su situación ha sido controvertida.
En su convivencia con el hombre ha sido amado y odiado, divinizado y perseguido, agasajado y vituperado. Ha vivido en palacios y ha vagabundeado por tejados y callejones oscuros. Ha subido a los altares y también a los patíbulos, se ha visto asociado a dioses y también al diablos en los años oscuros. Pero cualquiera haya sido su condición en cada momento, nunca ha sido indiferente o ignorado y hallamos constancia de ellos en la historia, en el arte y en la literatura.
Por lo que sabemos, esta es su historia.
Egipto, el gato divinizado
Probablemente por su acreditada habilidad para proteger los graneros de la voracidad de los roedores y también por ser un habilidoso cazador de serpientes, fue aceptado en los hogares y domesticado. Pronto aquel gato apacible que ronroneaba hecho un ovillo y estaba siempre presto y atento a defender la casa de los ratones, conquistó el favor de las familias egipcias y el corazón de sus amos. Recibió diversos nombres como MAU o MIU, aunque el nombre común que con más frecuencia aparece en los jeroglíficos egipcios es Qato, del cual proceden el clásico cattus romano, el griego katos o el árabe quett, además de los modernos gato, gatto, katta, katze, kat, cat, chat etc.
Gatitas y gatitos de bronce, felizmente acomodados en sus hogares egipcios.
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El nombre del gato.
(Cita tomada de http://www.egiptologia.com/content/view/462/73/)
“MIU-AAU (MIUTY)
ICONOGRAFÍA: Gato armado con un cuchillo, aniquilando a la serpiente Apofis.
Con este nombre o bajo epítetos derivados, se agrupan varias divinidades del Mundo Subterráneo ya que el origen de esta denominación no deja de ser curiosa ya que nace del vocablo “Miu”, que en egipcio antiguo servía para designar la palabra “gato”. Es una perfecta onomatopeya. Más tarde, figura en cualquiera de los libros religiosos o geográficos del Más Allá, como una deidad perteneciente al ámbito solar, ya que los felinos representaban siempre al sol y a los defensores de éste. Generalmente cumplían la labor de eliminar, sobre todo, a las serpientes malignas, animal que por otra parte fue el que con más frecuencia y ferocidad atacaba al Sol. Por ello y cumpliendo el papel del “Gran Gato de Heliópolis”, se encuentra al pie de una peséa (o árbol ished ) armado con un cuchillo y aniquilando a la serpiente Apofis, serpiente que cada día intenta interrumpir el periplo solar.
Por otro lado, en los Textos de los Sarcófagos, se explica con precisión que el “Gran Gato” es el aspecto defensor del dios solar.”
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Más adelante, por su capacidad para ver en la oscuridad y el enorme agrandamiento de sus pupilas, se le vinculó directamente con el sol y la luna, con el ritmo de las mareas y los ciclos de fertilidad de la tierra, por lo que adquirió un status casi divino.
Su vinculación con la divinidad le procuró la protección de las leyes y surgió en torno a él un culto que se personalizó en la diosa gata Bastet, hija de Isis y de Osiris que añadía a los atributos de sus progenitores los suyos propios: la sensualidad y la fertilidad. La Diosa-Gata BASTET aparece representada con cuerpo humano y cabeza de gato, habitualmente vestida con túnica larga de escote en pico y encajes muy elaborados. Fue venerada durante casi 2.000 años, siendo Bubastis, hoy Tell-Basta, el principal centro de culto a la diosa.
La diosa Bastet y sus gatos
La muerte del gato de la casa constituía una auténtica tragedia. La familia se ponía de luto y se afeitaba la cabeza y las cejas. El animal era embalsamado y enterrado en importantes necrópolis gatunas como la descubierta en 1888 en la ciudad de Beni Hasan en la que se hallaron cerca de 300.000 momias de gato embalsamadas, algunas de ellas metidas en sus pequeños sarcófagos de forma gatuna.
Sarcófagos
Como aquello ocurrió en un tiempo en el que las momias estaban muy solicitadas, pensaron hallarse los descubridores ante un tesoro inesperado, y más de veinte toneladas de momia de gato fueron embarcadas en las bodegas de un carguero rumbo a Liverpool, donde fueron subastadas y utilizadas como fertilizante de la campiña inglesa.
Momias halladas en la necrópolis de Beni Hasan
El gato egipcio, precioso y divinizado, estaba extremadamente protegido por las leyes y era considerado patrimonio nacional. Las leyes penaban con la muerte a los contrabandistas que osaran sacarlo de las fronteras de Egipto, pero era un bien tan valorado y deseado que no fueron pocos los aventureros y comerciantes que intentaron ‘robar’ tan preciada joya hasta que al fin lo consiguieron. Ya en el siglo I lo encontramos en los hogares romanos y griegos, poco después en la Galia, Britania, Hispania… Y pronto, perfectamente asentado en toda Europa.
Joyas y amuletos gatunos: gargantilla y eslabones de pulsera
Video con estas y otras imágenes de gatos del antiguo Egipto
El gato en la antigüedad, tiempo de mitos y éxitos
Grandes felinos rupestres (1), asiáticos(2 y 3), y del norte de Europa (4).
El gato está viviendo actualmente un largo período de gracia. Pero no siempre ha sido así, a pesar del exitoso arranque de las relaciones entre gatos y hombres, la convivencia de su especie y la nuestra ha sido más bien accidentada y repleta de altibajos.
Sin embargo al principio todo iba bien…

Gato cazando en los cañaverales del Nilo; diversas puntas de lanza adornadas con felinos cretenses y micénicos, y fragmento de cerámica vitrificada persa representando a un gato y a un pajarito.
Mientras el astuto clan de los fenicios, avezados comerciantes e intrépidos contrabandistas, pergeñaba la idea de hacerse con el sabroso tesoro divinizado en Egipto para exportarlo allende los mares y hacer fortuna, en el Mediterráneo oriental, en Asia menor y Asia meridional, en la lejana India y en otras partes del mundo se iba intensificando la afición a los grandes y pequeños felinos salvajes. Estaba claro que el gato iba a triunfar donde fuera que llegara, no en vano, como dijo Victor Hugo, «Dios creó al gato para ofrecer al hombre la oportunidad de acariciar a un tigre».
León de la puerta de Ishtar, Ritón (vaso ceremonial) persa, gato salvaje del desierto y capitel de una columna persa.
En Grecia consideraban que el gato era el animal totémico de la diosa Artemisa, ya que ella lo había creado para retrucar en tono burlón al envite de su hermano Apolo, que previamente había creado al león con la idea de asustar a la valiente diosa de la caza. Ya entonces se pensaba que los mininos poseían poderes mágicos, especialmente los gatos negros, y se suponía que esparcir sus cenizas sobre los campos de cultivo mantenía alejadas a las fieras y a las alimañas.
Pequeños y grandes felinos en el arte griego. Pintura en vasijas cerámicas, un mosaico representando a un leopardo y un bajo relieve de un hogar griego en el que un gato y un perro son presentados el uno al otro.
En Roma, la comadreja, que había sido durante siglos el raticida de elección, fue sustituida por el gato tan pronto éste demostró ser un cazador extremadamente habilidoso y eficiente. Los romanos también asociaron al gato con Diana, la Artemisa romana y diosa de la caza y de la luna, dotada de la agilidad, la gracia, la ligereza y la habilidad para la caza de las que tan bien provisto andaba el protagonista de nuestra historia. También aquél fue un tiempo ventajoso para el gato, pues su utilidad fue tanta que alcanzó el reconocimiento de todos y mereció el nombre de ‘genius loci’ asumiendo un papel tutelar en la casa.
Diversos mosaicos romanos de Pompeya, pantera de bronce romana y estela funeraria representando a un niño y a su gato
Una leyenda hebrea atribuye el origen del gato al peliagudo problema que se suscitó en el Arca de Noé cuando empezaron a procrear como locos los pequeños y astutos ratones. Resulta que entonces todos los felinos eran demasiado grandes, así que los menudos roedores campaban a su aire sin predador que los pusiera en apuros. Entonces Noé pidió ayuda a la leona y ésta estornudó varias veces y en cada estornudo brotó se su nariz un gato. Así fue como el problema quedó conjurado.
1-ilustración del bestiario de Aberdeen en la que Adán da nombre a los animales. En la viñeta superior aparecen los grandes felinos: el león, la pantera y el leopardo, y en la esquina inferior izquierda, un conejo y dos gatos. 2- Miniatura salterio inglés del siglo XII representando el arca de Noé. Adviértase el privilegiado status del gato y el perro, únicos animales domésticos que compartían el espacio habitable del hombre.
Los árabes tuvieron a los gatos en gran estima. El mismo profeta Mahoma tenía varios gatos a los que cuidaba con cariño. Cuentan que una vez que su gata Muezza se había quedado dormida sobre la túnica del profeta, alguien requirió su presencia y él prefirió sacrificar la prenda cortando el trozo sobre el que la gata dormía, que despertarla.
La mitología escandinava cuenta cómo el carro de Freya, diosa del amor y la belleza, recorre el cielo conducido por gatos.
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Pues sí, hasta aquí todo parecía pintar bien para el precioso gato, pero pronto la cosa empezó a estropearse…
Historia del gato en la Edad Media
Algunas miniaturas en códices medievales que ilustran la feliz convivencia hombre-gato en algunos hogares y la firme intención del minino de ocupar un lugar preferente junto a la lumbre.
Conviene saber que si bien había sido afortunado el advenimiento del gato a las casas de los hombres y su relación con éstos en tiempos antiguos, no fue tan venturoso su devenir a lo largo de la Edad Media.
Los tiempos de adversidad empezaron tan pronto los celtas hicieron de él un símbolo de las potencias negativas de la naturaleza.Una antigua leyenda artúrica narrada en la Historia de Merlín de la Vulgata, cuenta el combate del rey Arturo con el gato Chapalú, un miembro monstruoso y diabólico de la familia gatuna que mantenía aterrorizados y en continuo peligro de muerte a todos los habitantes de la isla galesa de Anglesey. A él se enfrentó y venció el mítico rey, liberando a aquellas gentes de su ferocidad.
La misma leyenda se cuenta en el continente, pero esta vez el gato diabólico se llama Chat Palug y la historia sucedió en las cercanías del lago Bourget, en los Alpes franceses, recibiendo el lugar del suceso los nombres de ‘Col du Chat’, ‘Dent du Chat’ y ‘Mont du Chat’.
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La crueldad del Chat Palug marcó definitivamente el destino de sus colegas y descendientes, que quedaron deudores de sus desmanes. Los celtas, galeses y muchos de sus contemporáneos no sintieron mucha estima por los pequeños felinos y prefirieron mantenerlos alejados de los hogares e incluso los sacrificaron con frecuencia. Aquella hostilidad fue dejando poso y trazó un camino arduo para las generaciones posteriores de gatos.
Sin embargo, en los primeros siglos de la Edad Media –siempre ha sido así en realidad- convivieron ambas tendencias. Al mismo tiempo que se consolidaba el conflicto heredado de los celtas y una facción de humanos odiaba directamente a los gatos, pervivía en otros ambientes la idea de que el precioso animalito era entrañable, amoroso, portador de buena suerte, beneficioso en los hogares, implacable cazador de ratas y alimañas e imprescindible para mantener la integridad de las despensas y graneros.
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Mientras tanto, los manuscritos medievales, con o sin amor felino, llenaron de animales y extrañas criaturas sus márgenes. Por más que a los de la cuadrilla ama-gatos nos fascinen estas criaturas, y por más que quisiéramos verlos siempre admirados y protagonizando grandes gestas, tenemos que reconocer con pesar que no hay para ellos un lugar preferente en el imaginario artístico de aquella época tan revuelta.
No es, sin embargo, del todo raro encontrarlos salpicando los márgenes de las obras de arte. Hemos investigado por ahí y encontrado algunos que así, a bote pronto, pueden parecer pocos, más sépase que son muchos y no ha sido fácil dar con ellos, pues es escueta la atención que estos pequeños y habilidosos cazadores domésticos recibieron en aquellos años por parte de artistas, escritores e historiadores.
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Particularmente desventurada fue la relación del gato con el cristianismo desde mediada la Edad Media. Mucho se ha escrito y pensado (1) acerca de las razones íntimas y personales por las que el independiente, benéfico y necesario gato pasó a convertirse en un emisario del Diablo. Quizás fue la cualidad cambiante de sus ojos, que le confería una naturaleza lunática; o esa mirada que parecía ver más allá de los cuerpos opacos; quizás su dominio de la oscuridad, tal vez su actitud independiente y el sigilo de sus pasos o su aire de misteriosa sensualidad. Lo cierto es que en una época en la que la iglesia temía más que a nada al paganismo y la herejía, el gato encarnaba todas las características del maligno. No en vano había sido deificado en Egipto, venerado por los infieles, favorecido por los hijos de Mahoma, símbolo de lascivia, compañero de brujas y álter ego de Satanás en los aquelarres demoníacos.
La bruja, de Hans Thoma. Grabado de 1870
En aquellos años de fervor religioso, el más denostado y peor parado de entre todos los gatos fue el bellísimo gato negro. En un próximo capítulo hablaremos de él y de su bruja, pero dejaremos aquí constancia de que todos los gatos sin excepción sufrieron lo indecible en aquellos años oscuros, y más cuando la terrible peste negra asoló Europa en el siglo XIV y la superstición popular, espoleada por la exaltación religiosa, descargó su ira contra aquellos que más turbadores y lóbregos les parecían. Pagaron prenda, como siempre, los judíos y las brujas y con ellos sus símbolos y animales totémicos. El gato sufrió la misma negra suerte que su bruja amiga y fue cruelmente perseguido y aniquilado. La histeria religioso-popular llegó en aquellas épocas (que, por desgracia, ¡duraron casi 400 años!) a manifestaciones tan absurdas que hoy resultan completamente inverosímiles.
Bocetos. El primero pertenece a un cuaderno inglés datado en torno a 1400, de autor desconocido. El segundo es un detalle del estudio de gatos y otros animales realizado por Leonardo Da Vinci en 1513.
A pesar de toda la saña con que fueron hostigados, todavía pervivieron algunas islas de paz gatuna, especialmente en las zonas rurales, en los conventos y en los palacios. En efecto, no había monasterio sin gato ni habitación de niño de alcurnia que no contara con la presencia de algún virtuoso y benéfico ejemplar de cazarratones. Y esto, a su debido tiempo, fue una gran suerte, pues cuando las grandes epidemias de peste negra trasmitidas por las ratas asolaron Europa, solamente aquellos lugares en los que los gatos habían sido respetados y cuidados se mantuvieron relativamente a salvo de la fatídica enfermedad. Aunque entre tanto pasaron muchos años de penuria y solamente siglos más tarde se concedió al gato el merecido reconocimiento.
Bocetos. Detalle del cuaderno de viajes del arquitecto francés del siglo XIII Villard de Honnecourt.
(1) Falso, sabemos que este asunto no ha sido tema de enjundiosas meditaciones. Pero, por satisfacer el ego de las gatas que nos patrocinan y a cuya exaltación está dedicado este trabajo, nos da igual mentir un poco.
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Una bruja y su gato. Dibujo de Arthur Rackham (1867-1939), famoso ilustrador de libros y cuentos.
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Es sabido que cualquier bruja respetable tiene un gato negro. Los gatos negros son, de entre todos los gatos, los que más y mejor se comunican con las mujeres. Y muy especialmente si éstas son brujas.
Pues sí. Se sabe desde antiguo que el gato negro es regalón con las brujas y emite un maullido largo, eufónico, bien modulado y lleno de intenciones y secretos cuando una de ellas lo toma en sus brazos. También afirman que las brujas entienden el lenguaje de los gatos negros sin dificultad. Por eso, desde antiguo, aquellos que viven atemorizados por lo diabólico han podido demostrar que una mujer es bruja cuando poniendo un gato negro en sus brazos observan que éste se acomoda zalamero a ella, y le habla. Y lo hacen a mala idea, ¡como si ser bruja estuviera contraindicado!
Pues bien, siendo tan mágicos los gatos negros que pueden hablar cuando quieren, en tiempos de ignorancia profunda, les sobrevino la mala suerte.
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Tres brujas con gato, de Augustin Théodule Ribot. 1823-1891
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Y esto ocurrió porque allá por los siglos XII y XIII, los hombres de religión se obsesionaron pensando en el mucho peligro que corría la iglesia amenazada por los bogómilos, los valdenses y los cátaros y acosada por los turcos y los árabes. Y, por si esto fuera poco, por ahí andaban los judíos con sus extraños ritos alquímicos y cabalísticos. Para exorcizar tanto peligro, demonizaron a los herejes acusándoles de celebrar ceremonias orgiásticas en las que se cometían incestos, bestialismo, infanticidio y canibalismo. Se afirmaba que el diablo en persona con una corte de satélites y adláteres, entre ellos las brujas, presidía las orgías de los herejes y solía hacerlo bajo la forma de un animal, la mayoría de las veces un gato negro o un carnero.
Brujas y gatos en los Caprichos de Goya. 1799
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Cuando aquella etapa se superó, y no fue pronto, el gato negro y las brujas habían quedado estigmatizados. Desde entonces -y aún ahora para algunos ignorantes- gato negro y mujer vieja simbolizaron el mal y la mala suerte. Son tan necios los que tal piensan que en su penuria cultural, los mantienen a ambos, bruja y gato, asociados a las tinieblas y a la muerte.
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Hans Baldung (Grien) El Sabbath de las brujas. Grabado en madera de 1510, elgatito en la esquina inferior derecha.
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Pero claro, quienes no odian a las brujas tampoco temen a los gatos negros. Para algunos tiene solamente cualidades mágicas y maravillosas. Algunas mujeres no se casarían sin acariciar antes el reluciente lomo de un gatazo negro. Otras no estrenarían jamás una casa sin que antes un gato negro se paseara libremente por ella e indicara los rincones más propicios. Y muchos navegantes y pescadores no saldrían a la mar sin dejar en casa a un gato negro que garantizara un bien viaje y un seguro regreso. ¡Ah, se me olvidaba! He oído contar que todo gato negro tiene al menos un pelo blanco y que quien lo encuentra y lo guarda, corona con éxito todas sus empresas.
No siempre los gatos negros viven con una bruja. A veces el gato elije para vivir a una familia normal de padres disciplinados con niños que se comen todo lo que hay en el plato y se lavan los dientes dos veces cada día. Lo hacen así porque suelen ser casas cálidas y los gatos negros no soportan el frío. Pero estad seguros de que no lejos, quizás en el piso de arriba, en la casa de enfrente o en la azotea del tejado vecino, vive su bruja amiga: aquella con la que puede hablar de cualquier cosa y que guisa mejor que nadie las patas de cabra, los dientes de león y las lenguas de serpiente en su caldero ahumado y negro y con la que comparte los más genuinos rincones de la noche.
Preparación de una orgía (Sabbath) de brujas y todos sus animales totémicos. Los gatos, como debe ser, están en la zona de la chimenea, buscando el calorcillo del fuego. Dibujo en tinta sobre papel de Frans Francken 1581-1642
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Amigos, aunque sé que estáis dedicados a temas de verdad, yo sigo a lo mío y ahora que ando inspirada voy a darle un empujoncillo a ese asunto gatuno que tengo entre manos antes de que de me invada la molicie y lo deje de nuevo en el cajón, durmiendo un año más.
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Pues bien, os cuento que a los gatos les encantan las flores, y viene al caso que lo diga porque si hay un animal en el mundo capaz de desconcertar de verdad a un gato, es la mariposa. Y eso es así porque las mariposas son de sí desconcertantes y, además, el gato no llega a entender cómo es posible que vuele una flor.
Recuerdo que leí un cuento sobre eso y pienso que será más cómodo recurrir a él que redactar por mi cuenta este artículo, así que vamos allá.
MARIPOSA
Eduardo Pérsico. Cerca del fuego azul. Cuentos.
Llegó setiembre y la primavera ya vistió al ciruelo de mi vecino con florcitas colorinches.
Y ni bien una mariposa sobrevoló a mi gato Fidel, recordé que el dibujo en cada ala de mariposa es un código a perpetuar en su especie, un signo irrepetible. El diseño suele ser igual a primera mirada, pero un rasgo de ala que difiere, desvío imperceptible o la más tenue decoloración, transmite los datos del "insecto lepidóptero"; y yo le preguntaría ahora a los entomólogos si es de gente seria nombrar así a una mariposa, que aunque no pese un gramo, comprende de un vistazo el recóndito rasgo de su especie y vuela a comunicar esa herencia mariposera por el planeta entero. Entonces gato Fidel, no litigues el dominio del patio con las mariposas; esa impecable armonía de los dioses que ningún bicho humano puede modificar; y entendé que ellas son imbatibles por esconder una celulita misteriosa nadie sabe dónde, y participan del plan burlón y gigantesco a soplo vital y ala diminuta.
Con un vuelo fortuito la mariposa desorienta de nuevo a Fidel, y supongo que a los gatos los perjudicó el desmesurado homenaje gatuno que se les ha rendido. Para Charles Baudelaire los gatos eran bellos porque sugerían lujo y voluptuosidad; Víctor Hugo aseguró que Dios creó al gato para dar al hombre la dicha de acariciar un tigre; y yo mismo, ahora, le ruego a Fidel que baje de la pared y no se humille ante una invicta mariposa.
Imágenes anteriores:
Primera: El gato entre las flores de Kakizaki Hakyo, pintor japonés del período Edo, 1764-1826
Segunda: Oleo de John Woodhouse Audubon (1812-1862). Gato acechando a una mariposa.
Tercera: detalle de una pintura erótica japonesa de Utagawa Kunisada (1786 - 1865) titulada ‘Gato jugando’, 1827
Se conserva en la Biblioteca nacional un códice, al parecer de principios del siglo XV, titulado Libro de los enxemplos. No es un título extraordinario, era habitual entonces un género de literatura ejemplar que por medio de narraciones breves pretendía transmitir valores morales y buenos consejos. A las obras de este género se las conoce como ‘ejemplarios’. Cada exemplum está descrito en un pequeño cuento que ilustra la moralidad allí referida. En el folio 35 del citado manuscrito se inicia una serie de dichos cuentos agrupada bajo el epígrafe “Aquí se inicia el libro de los gatos”. Parece seguro que se trata de una traducción de las Fabulae o Narrationes del escritor anglo-latino Odon de Cheriton del siglo XIII, si bien parece que las moralejas que se dan en la versión española apuntan a ser obra de un escritor español y abundan en ellas giros y modismos que nos recuerdan la prosa de Don Juan Manuel.
El título de "Libro de los gatos" es aparentemente arbitrario, no hay nada ni en su contenido ni en las pocas fabulillas que a dicho animal se refieren que lo justifique. Algunas hipótesis apuntan a que el término gato, -catus-, era utilizado para designar a los cátaros y por extensión, en el siglo XIII, a los herejes y a las religiosidades sospechosas de ser poco claras. Supuestamente el gato ejemplificaría esas tendencias. Otras hipótesis sugieren que “gato” era un nombre popular con el que se aludía al estamento eclesiástico en general y en particular a los monjes astutos y pícaros que andaban por los caminos aprovechando su estado para espigar acá y allá y ganarse el sustento y otras canonjías sin demasiado esfuerzo.
Sea como fuere, son pocos los enxemplos del citado Libro de los gatos que siquiera nombren al gato; menos aún los que lo tienen de protagonista. Los reseño a continuación. Puedo asegurar a quien se anime a leerlos en un castellano tan arcaico que disfrutará de ellos, no tanto por lo que cuentan las fabulillas sino por lo agradable que es sintonizar con el idioma y recrearse en él.(1)
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IX. Enxemplo del gato con el mur (2)
En un monesterio habia un gato que habia muerto todos los mures del monesterio, salvo uno que era muy grand, el cual non podia tomar. Pensó el gato en su corazón en qué manera lo podria engañar que lo podiese matar; é tanto pensó en ello que acordó entre sí que se ficiese facer la corona, é que se vistiese hábito de monje, é que se asentase con los monjes á la mesa, é estonce que habria derecho del mur; é fízolo ansí commo lo habia pensado. El mur desque vió el gato comer con los monjes, hobo muy grand placer, é cuidó, pues el gato era entrado en religion, que dende adelante que le non faria enojo ninguno, en tal manera que se vino don mur á do los monjes estaban comiendo, é comenzó á saltar acá é allá. Estonce el gato volvió los ojos commo aquel que non tenia ya ojo á vanidad nin locura ninguna, é paró el rostro muy acorde é muy homildoso; et el mur desque vió aquello fuése llegando poco á poco, et el gato desque lo vió cabe sí, echó las uñas en él muy fuertemente, é comenzóle á apretar muy fuertemente la garganta . E dijo el mur: "¿Por qué me faces tan grand crueldad que me quieres matar, siendo monje?" Estonce dijo el gato : "Non prediques agora tanto, porque yo te deje; ca, hermano, sepas que cuando me pago só monje, é cuando me pago só calonje, é por esto fago ansí."
Ansí es de muchos clérigos é de muchos ordenados en este mundo, que non pueden haber riquezas nin dignidades nin aquello que cobdician haber; estonce facen una herejía, ca fíngense de buenos é de santos, é en sus corazones son muy falsos, é muy cobdiciosos, é muy amigos del diablo, é fácense parescer al mundo tales como ángeles; et otros ha y que se meten á ser monjes por tal que les fagan priores é obispos, et por esto fácense corona, é vístense hábitos, porque puedan tomar alguna dignidad, así commo tomó el gato al mur; et maguera entiendan despues que lo han habido falsamente, por mucho que los otros prediquen que lo dejen no lo quieren dejar. En esta manera el araña fila sus telas, é ordida su trama, consúmese toda por tomar una mosca, et despues que la ha tomada, viene un viento é lleva la tela é la araña é la mosca. Ansí es de muchos clérigos escolares, que van á la corte á veces desnudos, é con grandes calenturas, é frios, é nieves, por muchos montes, por valles, é trabajando mucho, quebrantando sus carnes é sus cuerpos por cobrar algun beneficio, et despues viene la muerte é llévalo todo.
XI. Enxemplo de los mures.
Un mur que vivia en una casa, preguntó á otro mur que vivia en los campos que qué era lo que comia. El respondió: "Como duras fabas é secos granos de trigo é de ordio." Et dijo el mur de casa: "Amigo, muchas son tus viandas duras; maravilla es cómmo non eres muerto de fambre." E preguntó el de fuera al de casa: "¿Pues tú, qué comes?" Respondió el de casa: "Dígote que como buenas viandas, é buenos bocados, é bien gordos, é a vegadas pan blanco; por ende ruégote que vengas á mi posada é comerás muy bien conmigo." El mur de fuera plúgole mucho, é fuése con él para su casa, é fallaron que estaban los hommes comiendo, é los que comian á la mesa echaban migas de pan é otros bocados fuera de la mesa. El mur de casa dijo al extraño: "Sal del forado, é verás cuántos bienes caen de aquellos homes de la mesa."Estonce salió el mur extraño del forado, é tomó un bocado, é él tomando el bocado, fué el gato en pos del mur, que mala vez pudo entrar el mur en el forado, é dijo el mur de la posada: "¿Viste, viste qué buenos bocados? Muchas vegadas los como tales, é ruégote que finques aqui conmigo algunos dias."Respondió el extraño: "Buenos bocados son, mas dime si has cada dia tal compaña." E dijo el mur de la posada: "¿cuál?" Dijo el extraño: "Un gato me corrió agora, onde tan grand fué el miedo que hobe, que se me cayó el bocado de la boca é hóbelo á dejar."Estonce dijo el de la posada: "Aquel gato que tú ves, aquel mató á mi padre, é aun yo mesmo muchas veces he estado á peligro de muerte, que mala vez soy escapado de sus uñas."E dijo el extraño: "Ciertamente non querria que todo el mundo fuese mio si siempre hobiese de vevir en tal peligro; fíncate con tus bocados, ca mas quiero vevir en paz con pan é agua que non haber todas las riquezas del mundo con tal compaña como has."
Ansí es de muchos beneficiados en este mundo de iglesia, que son usureros, ó que facen simonía, que con tamaño peligro comen los bocados mal ganados, que sobre cada bocado está el gato, que se entiende por el diablo que acecha las ánimas; é mas les valdria comer pan de ordio con buena conciencia que non haber todas las riquezas deste mundo con tal compañero. Otrosí, esto mesmo se entiende á los reyes, ó á los señores, ó á los cibdadanos honrados cada uno en su estado, que quieren tomar por fuerza algo de sus vecinos, ó de sus vasallos, ó de amigos ó de enemigos, en cualquier guisa que lo puedan tomar á los hommes á tuerto ó á sin razon, é facen otros pecados mortales. Estos tales siempre está el diablo cabe ellos para los afogar, commo quier que algunos sufre nuestro Señor algunos dias, cuidando que se emendarán; mas al cabo, si non se emiendan, viene el diablo é mátalos é liévalos al infierno, onde mas se les valdria en este mundo ser pobres é lazrados, que non despues sofrir las penas para siempre.
XL. Enxemplo de la gulpeja con el gato
La gulpeja una vegada iba por un camino é encontró al gato é díjole: "Amigo, ¿cuántas maestrías sabes?" E respondió el gato: "Non sé sinon una." E dijo la gulpeja: "¿Cuál?" Dijo el gato: "Cuando los canes me van por alcanzar súbome en los árboles altos." Et dijo el gato á la gulpeja: "¿E tú cuátas sabes?" Dijo la gulpeja: "Diez y siete, é aun tengo un saco lleno, é si quisieres ven conmigo é mostrarte-he todas mis maestrías, que los canes non te puedan tomar." Et al gato plúgole mucho é otorgógelo é fuéronse amos en uno. Ellos de que se fuéron oyeron los ladridos de los perros é de los cazadores, é dijo el gato: "Amigo, oyo los perros é he grand miedo que nos alcancen." Et dijo la gulpeja: "Non quieras haber miedo, ca yo te amostraré muy bien cómmo puedas escapar de ellos." E ellos fablando, íbanse acercando los canes é los cazadores. "Ciertamente, dijo el gato, non quiero ir mas contigo, mas quiero usar de mi arte." Estonce el gato saltó en un árbol, é los canes que vieron estar el gato en el árbol, dejáronle é fueron en pos de la gulpeja, é siguiéronla tanto fasta que la alcanzaron, é el un perro por las piernas, é el otro por el espinazo, é el otro por la cabeza, comenzáronla de despedazar. Estonce comenzó dar voces el gato que estaba en el alto: "Gulpeja, abre tu saco de todas tus maestrías, ca non te valdrán nada."
Por el gato se entiende los simples é los buenos que non saben usar sinon de verdad, é de servir á Dios é facer obras para sobir al cielo. Et por la gulpeja se entiende los voceros é los abogados, ó los otros hommes de mala verdad que saben facer diez y siete engaños é mas un saco lleno, et despues viene la muerte que lieva á todos, tan bien á justos commo á pecadores. El homme justo salta en el árbol que se entiende por los cielos, é los engañosos é los malos son tomados de los diablos é llevados á los infiernos. Estonce puede decir el justo: "Gulpeja, gulpeja, abre el costal con todos tus engaños; non te podrian guarescer de los diablos." Dice Jesucristo en el Evangelio: "Quien se ensalza será humillado, é quien se humilla será ensalzado." Cualquier que en este mundo quisiere ser honrado con soberbia ó con pecado, en aquel otro mundo será abajado; et aquellos que en este mundo se quisieren humillar por su amor, serán en el otro mundo ensalzados en la gloria del paraíso.
LV. Enxemplo de los mures con el gato
Los mures llegáronse á consejo é acordaon cómmo se pondrian guardar del gato, é dijo el uno que era el mas cuerdo que los otros: "Atemos una esquila al pescuezo del gato, é podernos hemos muy bien guardar del gato, que cuando él pasare de un cabo á otro siempre oiremos la esquila." Et aqueste consejo plugo á todos; mas dijo uno: "Verdad es, mas ¿quién atará la esquila al pescuezo del gato?" E respondió el uno: "Yo non." Respondió el otro: "Yo non, que por todo el mundo yo non querria llegar á él."
Ansí acaesce muchas vegadas que los clérigos ó monjes se levantan contra sus prelados, ó otros contra sus obispos diciendo: "Pluguiese á Dios que lo hobiese tirado é que hobiésemos otro obispo ó otro abad." Esto placeria á todos; mas al cabo dice: "Quien lo acusare perderá su dignidad ó fallarse-ha mal dende, (") et dice el uno: "Yo non." Dice el otro: "Yo non." Ansí que los menores dejan acusar á los mayores mas por miedo que non por amor.
LVI. Enxemplo del mur que cayó en la cuba
El mur una vegada cayó en una cuba de vino é el gato pasaba por y, é oyó el mur do facia grand roido en el vino é non podia salir, et dijo el gato: "Por qué gritas tanto?" Respondió el mur: "Porque non puedo salir" Et dijo el gato: "¿Qué me darás si te saco?" Dijo el mur: "Darte-he cuanto tú me mandares." Et dijo el gato: "Si te yo saco quiero que des esto, que vengas á mí cuantas vegadas te llamare." Et dijo el mur: "Esto vos prometo que faré." Et dijo el gato: "Quiero que me lo jures." Et el mur prometiógelo. El gato sacó el mur del vino, é dejólo ir para su forado, é un dia el gato habia grand fambre é fué al forado del mur é díjole que viniese, et dijo el mur: "¿Non lo juraste tú á mí que saldrías cuando te llamase?" Et respondió el mur: "Hermano, beodo era cuando lo dije."
Ansí contece á muchos en este mundo cuando son dolientes é son en prisión é han algun recelo de muerte, estonce ordenan sus faciendas é ponen sus corazones de emendar los tuertos que tienen á Dios fechos é prometen de ayunar é dar limosnas é de guardarse de pecados en otras cosas semejantes á estas; mas cuando Dios los libra de peligros en que están, non han cuidado de complir el voto que prometen á Dios, antes dicen: "En peligro era é non estaba bien en mi seso, ó tambien me sacara Dios de aquel peligro aunque non prometiera nada." Ansí cuentan de una pulga que tomó un abad en su pescuezo, é comenzó á decir: "Agora te tengo; muchas vegadas me mordiste é me despertaste, mas nunca escaparás de mi mano, antes te quiero luego matar." Et dijo la pulga: "Padre santo, pues tu voluntad es de me matar ponme en tu palma porque pueda mejor confesar mis pecados, é desque fuere confesada poderme-has matar." Et el abad movióle piedad, é puso la pulga en la mano, é la pulga desque se vió en la palma dió un grand salto é fuese. Et el abad comenzóla de llamar, mas nunca la pulga se quiso tornar. Ansí es de muchos en este mundo que cuendo son escapados non pagan nada.
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(1) Más información así como la recopilación completa de las narraciones contenidas en el libro de los gatos puede encontrarse en http://parnaseo.uv.es/Lemir/Textos/Gatos/gatos.html
(2) Se me había ocurrido que mur, de mus muris, ratón, sería una de esas palabras que de puro caducas habrían defenestrado ya del diccionario académico, pero no, allí está todavía, y eso que ya en el diccionario de Autoridades de 1734 aparece descrita como una voz anticuada. En esta edición la entrada MURCIEGALO, MURCIELAGO O MURCEGUILLO es especialmente interesante: "ave muy semejante al ratón que tiene el pelo cubierto de pelo en lugar de pluma (…). Llamole murciégalo del Latino Mus, que vale Ratón, y Cielago, ciego; porque de día no ve. (…) El murciégalo, dicho en latín Vespertillo, en romance le llamamos Murciégalo, o Murciélago". En el diccionario de la RAE actualmente vigente, la entrada Murciégalo remite directamente a murciélago y no cuenta con definición propia.
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He escogido gatos al acecho para ilustrar este capítulo. Me ha parecido la más adecuada de las actitudes en relación al tema del que tratan los enxemplos. Los gatos de este capítulo en el orden en que aparecen son los siguientes:
1.-
Francisco de Goya, detalle de gatos y pájaro en el retrato de Manuel Osorio de Zúñiga. 1788
2.-
Anónimo. Naturaleza muerta con ratón y gato. Siglo XVIII.
3.-
Gottfried Mind, S. XVIII. Un gato enjaulado. Este artista suizo conocido como ‘El Rafael de los gatos’, era autista. Vivía rodeado de gatos y solamente con ellos se relacionaba afectivamente. Su obra tuvo un gran éxito, toda ella versa sobre gatos y la calidad de la misma le llevó a ser muy reconocido y admirado.
4.-
Copia coloreada de un grabado de Gustave Doré, famosísimo y muy prolífico ilustrador francés que vivió entre 1832 y 1883.
5.-
Horatio Henry Couldery. [ca. 1890] Conejos en la jaula observados por un gato.
6.-
Frank Paton [1895]. Alerta
7.-
George Baxter [ca. 1860] Minino dormitando. (Quizás los ratones estaban debatiendo quien iba a ponerle el cascabel al gato. Él parece dormido, pero es un gato, imposible asegurarlo).