Categorías. La entidad

«Entre quienes han sostenido tesis paradójicas, como la de la verdad de cosas contradictorias, hay que distinguir dos grupos: “unos han llegado a esa concepción como consecuencia de una dificultad real”, los otros hablan así tan sólo “por el gusto de hablar”. No podremos comportarnos de igual modo, en la discusión, con ambas clases de adversarios: “Unos necesitan persuasión, los otros coerción lógica… La ignorancia [de los primeros] tiene fácil remedio: no se trata de responder, en este caso, a argumentos, sino a convicciones”. Pero en cuanto a los segundos, “el remedio es la refutación de su argumentación, tal como ésta se expresa en sus palabras".»

Aubenque, El problema del ser en Aristóteles, Taurus, pag. 94.


Una entidad es algo que podemos señalar, un esto: “este hombre”, “este caballo”. La categoría de la entidad se ilustra con el árbol de Porfirio.

Si de una entidad se dice que es un hombre, también se dirán de ella todos y cada uno de los géneros superiores y todas las diferencias: que es un animal, que es racional, que es viviente, que es sensitivo… No funciona al revés, se nota, de todo viviente podremos decir que es un cuerpo, pero no de todo cuerpo que es viviente. Es lo que se conoce como transitividad de la predicación: si esta entidad es un hombre y los hombres son animales, esta entidad es hombre tanto como animal.

Decimos qué es algo, lo definimos, cuando indicamos el género superior al que pertenece y la diferencia inmediata. Un hombre es un animal racional, un animal es un viviente sensitivo.

La diferencia entre lo accidental y lo esencial está en que lo accidental puede darse o no (estar sentado, ser rico), pero lo esencial es común a todos y cada uno de los miembros de una especie, de tal modo que si el elemento no posee una cualidad esencial cualquiera no pertenece a esa especie.

La entidad es la categoría fundamental, al decir la entidad decimos lo que es una cosa. Todas las demás categorías se dicen siempre de las entidades primarias, las individuales, y se refieren a rasgos accidentales.

Un rasgo común a todas las entidades es que no tienen contrarios, aunque los admiten: nada hay contrario a un hombre, el mismo hombre puede pasar de la enfermedad a la salud. Otro es que no admiten el más y el menos y esto en dos sentidos: tan entidad es el hombre como el caballo; todo hombre es igual de hombre que cualquier otro, no se puede ser más o menos hombre, más o menos árbol.