DE LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS

Sábado en Shanghai y todo el mundo trabaja. Yo también. Aquí funcionan con horario solar y a las 16:30 es de noche. Un café y me han dado las siete en el despacho, un frío que pela fuera, decido marcharme a una de mis rutinas preferidas del fin de semana, un masaje de pies. Me reciben como a los veteranos en un bar, llevo meses acudiendo los sábados, aposento el trasero en el cómodo sillón de mimbre, introduzco los pies desnudos en un barreño de madera con agua muy caliente y leche de coco en la que flotan pétalos de flores, en mis auriculares suena el Recovery de Eminem, vuelvo a mover el trasero para lograr hacer confortable el nido y quedarme dormido cuando observo que entra el ciego, hoy me dará el masaje de pies el ciego. Mi amigo el ciego.

Él no habla inglés, ni soñar que alguien hable español en este barrio que habito, entre los distritos de Luwan y Xujiahui. Yo no hablo más que tres palabras de mandarín, además el ciego es shanghainés, y habla en este idioma, un lenguaje mutuamente ininteligible con el mandarín. Pero es mi amigo el ciego. Yo largo parrafadas en español, él en shanghainés, y así hemos pasado algunas tardenoches de sábado.

Me quito los auriculares, saludo cambiando el ni hao mandarín por el num hao shanghainés y comienzo mi perorata, él asiente interesado mientras me lava y seca los pies de forma previa al masaje, le hablo de los trabajos y los días. Es sábado, aquí todo el mundo trabaja. Yo también. Y el ciego. Es mi amigo, yo recito a Hesíodo y él asiente y murmura quedamente. ¿Qué dirá?, no importa. 

Tras soltar yo un ay! porque ha pulsado con el pulgar en un misterioso sitio de la planta de mi pie izquierdo haciéndome brincar continúo con Hesíodo, no recuerdo más versos del Opera et Dies y le pregunto directamente a mi amigo el ciego - que está trabajando en sábado- si él también considera el trabajo como origen de todo el bien. Fija en mí sus ojos porque he terminado mi española pregunta con un chino ma? y asiente. Es sabio. Como en el poema aparece la fatiga suya. Y mi dolor. Estoy dolorido. ¿Por eso asiente?.

No quiero ofenderle inventándome versos,  le vuelvo a preguntar, por su opinión sobre los asuntos que trata Hesíodo en el Opera et Dies, desde la astronomía a la virtud, el bien, el mal, el trabajo, etc.

Chiflado de sábado decido introducir uno de mis recursos dialécticos preferidos, y añadir de forma abusiva un asunto de mi invención que atribuyo a Hesíodo, le digo en español al ciego, a mi amigo el ciego que cuida mis pies, que en los varios cientos de versos del didáctico poema lo más trascendente que se menciona, por encima de la virtud o la justicia, es otra cosa. No hay duda alguna. Lo más importante como fuente de todo bien no es el trabajo, es el sexo.

El amable shanghainés detiene entonces el masaje. Hace gestos inequívocos. Me está pidiendo un cigarrillo. Hacemos una pausa y llenamos de volutas azules la penumbra de la habitación. Apagamos los cigarrillos y prosigue su tarea. Ahora los dos en silencio, la invención mía sobre la presencia del sexo como motivo central en Hesíodo parece haberle impresionado aunque....¿por qué me da la impresión de que se ríe?.

Alza su cabeza, está sentado en un banquito de cuero rojo. Con la amplia mirada del que no puede ver fijada en mí y el dedo índice de su mano derecha apuntándome dice divertido

- ¿Seven?

Y se descojona!. Seven ya no está. Qué gran tipo el ciego.

balsero/shanghai