Ayer descubrí un tesoro. Tras cortarme el pelo a las once de la noche, sí, a las once de la noche, entré a comprar unos chicles en un tiendecilla. Un folio escrito a mano y que reza "BOOKS" en letras grandes adorna un rincón del fondo. Intrigado me acerco, aparece la cueva de alíbabá, no hay piedras preciosas, hay algo mejor, libros, en su mayoría en inglés. Pregunto al amable shanghainés por ellos, los vende a veinte yuanes cada uno. Desde luego que puedo negociar un descuento si adquiero varios, faltaría. Resulta que la zona es pródiga en pisos de alquiler para occidentales, rotan mucho, van y vienen, dejan libros abandonados tras su mudanza. Aquí comienza la labor de intermediación, alguien recoge los libros abandonados, los vende a otro que los vende a otro, etc y terminan en el rincón del fondo de una tiendecilla de chucherías, un fabuloso pecio varado en la playa del tesoro. Atraco la balsa y zarpo de nuevo con The Wealth of Nations bajo el brazo, una edición a la que su indolente dueño primitivo ni siquiera ha quitado el celofán. Fantástico. El autor, Adam Smith, puede revolverse de satisfacción en la tumba, individuos y libre mercado, corte de pelo y libros, debe ser la fiebre del sábado noche en Shanghai. Huele a primavera, la brisa fresca ni siquiera invita a subirse las solapas de la chaqueta. Voy a quitarle el celofán a la gema de papel, veinte yuanes, fantástico.
La intermediación es el deporte nacional chino. La municipalidad de Shanghai no tolera motos de combustión. Pero se pueden seguir comprando. No es posible rellenar el depósito porque en la gasolinera te piden la licencia que, obviamente, no has obtenido. Quedan, por supuesto, usuarios que las compraron antes de la prohibición. Llamas a uno, intermediario, se acerca a la gasolinera, consigue el combustible, te lo revende a mayor precio, y marchas con tu flamante moto de combustión sin licencia repleta de gasolina. He renunciado a poner en práctica el sistema. Miko, mi contacto para la reventa, tiende a no estar disponible cuando se le necesita. Miko es francés, y no es el intermediario principal, conoce a un local que a su vez conoce a otro que conoce a otro. Muy complicado para simplemente satisfacer un capricho, he decidido adquirir una moto eléctrica. Tolerada y con licencia. Es la cuasi-réplica de una preciosa y vetusta lambretta (foto), 250€, una autonomía de 40 kilómetros, suficiente para mis callejeos.
Ha sido anunciar mi decisión y recibir una docena de llamadas. Mis amigos chinos parecen tener todos un tercer amigo que tiene la mejor lambretta eléctrica a precio óptimo. Se llevan algo en el asunto. Porque yo lo pregunto
- ¿ganas algo en el asunto?
- Pues claro ¿por qué no habría de ganar algo? ¿tengo cara de imbécil?
- No
Me encanta. Yo hago intermediación inversa. Tras rápidas negociaciones telefónicas en una subasta con mis intermediarios he bajado el precio. De 3300 a 2500 yuanes (unos 250€). Cierro finalmente el asunto en ese precio.
Es domingo, desayuno sopa de tallarines, charlo con la camarera, Fangfang.
- Fangfang ¿no querías comprar una moto eléctrica?
- Sí, pero no puedo pagar más de 2700 yuanes.
- Ok, te vendo una
- ¿Nueva?
- A estrenar
- ¿2700?
- Así es
- Hecho - y estrecho sin ningún pudor ético la linda mano de mi gran amiga Fangfang, solo negocios, doscientos yuanes a mi bolsillo, nada personal.
Horas más tarde recibo una llamada. Un español que no conozco se ha enterado a través de otra persona que conoce a otra persona etc que me conoce a mí de que voy a comprar una lambretta del siglo XXI con carcasa de hace 50 años. ¿Es una buena compra? acaba de llegar hace unas semanas y no desea ser timado. Al saber que era español la persona que le vende la moto ha dado mi nombre como referencia, afirma haber hecho negocios conmigo e indica mi móvil.
- ¿Puedo fiarme? - me pregunta
- ¿En cuánto te la deja?
- ·3300 yuanes, dice que tú la conoces, que te pregunte, oye, es una lambretta preciosa, eléctrica, una réplica de las que se fabricaban hace medio siglo y....
- Ya, ya, sí, conozco el modelo, fantástica.....oye ... ¿una chica? ¿cómo se llama?
- uhmmmm déjame ver, algo así como fanfan ¿es de fiar?
- ¡completamente!
Maldita Fangfang, ya me la volvió a colar, qué gran mujer. Ahora me dirijo a la tienda de chucherías. Quiero comprobar una cosa sobre el libro que compré ayer noche, The Wealth of Nations, de Adam Smith. He investigado el celofán en el que venía envuelto el libro, como recién salido de la editorial o la librería. Una sospecha me asalta ¿se lo puso el amable shanghainés? si es así tengo que comprar celofán, envolverlo de nuevo primorosamente e intermediar vendiéndoselo a alguien, claro. En Amazon el precio es de $13.99 ¡pediré 100 yuanes!.
- Fanfang ¿has oído hablar de un economista llamado Adam Smith?
- No pienso comprarte nada, vosotros los españoles todos cabrones
Qué gran mujer.
balsero/shanghai