DE BILBAÍNOS ERRABUNDOS Y FECHORÍAS NO ESCLARECIDAS

Tratado de NanjingEstuve en Níngbō, una ciudad portuaria al sur de Shanghai, con mi amigo Wei Ming. Almorzando hablaba Wei del Tratado de Nanjing (imagen) que puso fin a la primera guerra del opio y que dotó a los occidentales de varios puertos en la costa china, Níngbō entre ellos. Wei y yo somos apasionados del comercio como bálsamo para aniquilar las guerras, aún así siempre hay sinvergüenzas que lo usan como combustible para atizarlas. En un momento de la conversación Wei metió a España en el asunto, formamos parte - según él- de la fechoría del Tratado. Tengo una alta opinón de Wei, no tan alta de nuestra política exterior, y menos en el s.XIX. Dos días más tarde cené con Wei en un restaurante cuya especialidad es comida picante de Sìchuān y con la lengua envuelta en llamas informé a mi amigo de que su percepción de la participación de España como nación en la maligna travesura comercial de las potencias occidentales era darnos una importancia que no teníamos. Wei, ¿sabes quién fue el culpable por nuestro lado?. Pues no. Fue un bilbaíno.

Wei suelta una carcajada, agarra un extintor y me me fumiga la lengua anestesiada por el picante, me pasa un pañuelo para secarme las lágrimas y menciona que todo el mundo me mira porque mis orejas están tan rojas como la bandera china. Adoro el picante.

Una de las peores cosas que pueden ocurrir en la política exterior de una nación es que las decisiones las tome otro. Si las tomamos nosotros mismos y nos equivocamos pues nada pasa, habrá que responsabilizarse del error y sacar lecciones de él.  Si las toma otro corres el riesgo de que la Historia te sitúe luego allí donde no decidiste estar, por lo menos de manera explícita. Es lo que sucedió en el Tratado dichoso, otros nos pusieron ahí por culpa de un bilbaíno errabundo, un camello comerciante en drogas y un funcionario oportunista. La Historia que Wei aprendió en la escuela sitúa a España y los españoles de su tiempo como cómplices en la pomada. Es difícil cambiar la percepción de lo aprendido, sobe todo si es una fechoría no bien esclarecida. He convencido a Wei de que nos asigna una importancia excesiva en la jugarreta, falta convencer a otros mil y pico millones más de chinos, si tengo que hacerlo comiendo las delicias abrasadoras de Sìchuān no me importa.

La cosa es sencilla. Un buque´español, El Bilbaíno, que trafica con opio, es destruido por los chinos. Los diplomáticos españoles mantienen una actitud cautelosa en sus protestas ante las autoridades chinas quizá porque las andanzas del Bilbaíno errabundo no les merecen mucha confianza.  Se limitan inicialmente a una queja formal no muy vehemente. España no se plantea represalias, porque no puede y porque todo hace pensar que el buque transportaba opio. La trama apesta.

Con esa desidia tradicional de los gobiernos españoles se confía la negociación del asunto a un camello español de la época, Yruretagoyena, que anda traficando opio por Cantón, y a un funcionario procedente de Manila y con poca vista a pesar de su apellido, Halcón. En una asombrosa decisión - sería fascinante conocer las motivaciones - acaban delegando el asunto de la agresión al Bilbaíno. Le ceden la negociación de la protesta ante los chinos a alguien. ¿A quién?.

Pues a George Elliot, comandante de la armada británica. Elliot aprovecha el incidente para los intereses propios de su patria. Eleva el incidente a una categoría que nunca debió tener y justifica una reacción desmesurada que propicia los intereses de su país aunque no los de España.

El resto es conocido, y se desliza la fechoría no esclarecida en distintas versiones según el libro de Historia. Mi amigo Wei Ming no puede dejar de identificar a España como participante en las trastadas. Todo porque así convino a un tipo, Elliot, que no tenía entre sus planes ocuparse de España y sus intereses. Se ocupaba, como patriota británico, de lo que convenía a su Reina y aprovechó la negligente actitud española para meternos en una guerra que ni siquiera figura en los textos de los escolares españoles. Ahora es tarea larga convencer a Wei Ming y mil trescientos millones más de que su percepción es errónea.

Como patriota que soy yo lo estoy haciendo, voy a sentarme a degustar otro almuerzo de los placeres de Sìchuān. Fangfang toma la comanda, es mi camarera favorita. 

- Fanfang ¿qué sabes del Tratado de Nanjing?

- Vosotros los españoles una panda de cabrones

- Bah! estás equivocada porque El Bilbaíno bla bla bla....

Fangfang ha desparecido corriendo ¿dónde irá?. Súbitamente lo descubro. Todos los fuegos del infierno asoman por los huecos de mi nariz, comienzo a toser.  Y a llorar.  Es la comida de Sìchuān. Ahora tengo ya a Fangfang a mi lado. Se descojona.

Ha traído el extintor.

- ¿Qué comentabas sobre Nanjing? - dice Fangfang- vosotros los españoles.....

- Lo sé, lo sé ¡una panda de cabrones!

Es muy duro esto del patriotismo. Voy a estar a dieta una temporadasmiley

balsero/shanghai

 

#1 -

Amigo Balsero

A mí también me encanta la comida picante, con una base de Omeprazol (maldito estómago).

Esto de cómo somos los españoles, me ha recordado a lo que escribió hace once días Manuel Conthe sobre Gaddafi:

El coronel Gaddafi siempre fue un dictador y hace años alentó el terrorismo internacional; pero, a mi juicio, no resultaba evidente que fuera además un genocida y una “alimaña” –término que utilizó el viernes en la radio mi maestro de Derecho Internacional, D. Juan Antonio Carrillo Salcedo- hasta que desde hace semanas ordenara a sus tropas y mercenarios que disparen a matar contra los civiles que se alcen contra él.

Sí, no me lo he inventado, lo escribió, o lo firmó él. Manuel Conthe está, según mi criterio, entre los diez o doce mejores cerebros que tenemos en España. Si ésta es la forma de razonar de uno de nuestros sabios (que a fin de cuentas es la de la UE), significa que ignorantes como yo no nos enteramos de nada.

Pasan los siglos y... los españoles seguimos dándonos una importancia que no tenemos. Zapatero -que en algún momento fue alguien en el panorama europeo de la izquierda y hoy es una sombra patética- ya se ha puesto en primera línea, camino de Libia.

Hoy, doble dosis de Omeprazol.

 

#2 -

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#3 -

Este fin de semana tengo que estudiar varios documentos para resumirlos, relacionados con el Tratado del Río de la Plata. Mañana de noche viajo a Buenos Aires para estar hasta el martes allí justamente por ese Tratado. Pero antes de ponerme a trabajar, para descansar un poco la cabeza, me di una vuelta por el pueblo y me encuentro con esta narración y los comentarios. Me reía tanto que mi esposa ya confirma lo que pensaba, que estoy bastante loco. Balsero tiene una virtud. Lo que escribe uno lo ve, lo huele, entra directo a las sensaciones. Es un misil hacia la imaginación. Eso es muy bueno. ¡Veo las brillantes orejas rojas y la cara de pasmo de los demás comensales!

Creo que los países tienen mitos fundacionales. O por lo menos Uruguay lo tiene. En la escuela nos enseñan que todo fue producto del coraje, arrojo y valentía de gauchos a caballo armados peleando contra cañones, cosa que es parcialmente cierta. Resulta que luego de muchas batallas y declaraciones, aquí se intentaba la independencia de esta, en aquel entonces, provincia asociada a la Argentina, pero, si hago un burdo resumen, la verdadera independencia de Uruguay de toda otra vinculación fue casi un mandato que surgió de la Convención Preliminar de Paz firmada en Río de Janeiro (Brasil) como resultado de negociaciones entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Imperio del Brasil. Recién ahí Uruguay es independiente de Brasil y de Argentina. Inglaterra intentó conquistar un par de veces este territorio y fue rechazada (o no quisieron quedarse). En las negociaciones participó activamente el diplomático británico Lord Ponsonby (a quien el rey Jorge IV lo quería bien lejos de Inglaterra porque quería el pícaro Lord robarle la amante del rey). Simplemente porque Inglaterra no veía con buenos ojos que la costa americana sobre el Atlántico estuviera dominada sólo por dos países. Y así se creó a Uruguay, que desde aquel entonces algunos nos denominan como Estado Tapón.

De todas maneras, lo que no fue logrado por la fuerza, la conquista del territorio por los ingleses, lo lograron por lo mismo que piensa Balsero y yo concuerdo plenamente, demostrado plenamente por la historia: el comercio. Desde el nacimiento como nación, las principales empresas como el ferrocarril, los periódicos, la distribución del agua potable, industrias frigoríficas o demás derivados de la explotación ganadera resultaron ser inglesas. Tanto fue así que algunos palabros, que terminaron transformados en verbos, tuvieron una similar historia que el grito Alirón que cuenta FTW. Cuando los obreros les reclamaban el salario a los patrones ingleses recibían como respuesta Wait!!! Así fue que el verbo aguaitar, por estas tierras y durante buen tiempo aunque ahora en desuso, era sinónimo de esperar.

La Convención Preliminar de Paz, ratificada en Montevideo por ambas naciones Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata, nos separó de la actual Argentina. Cosa que hasta ahora no es perdonada por ese país. Incluso durante años Argentina propuso la doctrina de la frontera seca. Se pretendía que todo el Río de la Plata era de jurisdicción de ese país. En la práctica significó que si uno estaba en la arena de una playa de Montevideo estaba en territorio uruguayo, pero si metía el pie en el agua lo hacía en jurisdicción de Argentina. Cuestión que se resolvió recién en 1973 con el Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo entre Argentina y Uruguay. Y es la Comisión Administradora del Río de la Plata la designada para acordar y consensuar entre las delegaciones de ambos países sobre toda acción que cualquiera de los dos países o terceras partes intervengan sobre este cuerpo de agua compartido. Y yo soy delegado por Uruguay en esa Comisión. Por eso tengo que estar trabajando este fin de semana. Por culpa de otro inglés, por algo tan lejano en el tiempo como 1828.

Pero ahora aquí estamos disfrutando de un maravilloso día de otoño, mi esposa preparando el almuerzo, yo escribiendo este comentario que espero les resulte algo interesante. Apagué un cigarro, rellenó el vaso con vodka, por la radio están pasando lambada así que me voy a bailar con mi esposa.

Abrazos

 

 

 

 

 

 

#4 -

Caro Ftw, tienes la tesis doctoral de David Martínez Robles, reciente, de hace dos o tres años, que es un lujo y entretenidísima, se lee como una novela sin que eso afecte al rigor, cosa que es de admirar y agradecer al autor/investigador, podrás enterarte de las andanzas de gente como Sinibaldo de Mas y de qué hacíamos los españoles por el Reino Celestial de Taiping cuando en nuestra patria entrábamos en esas cosas ridículas en las que nos enredamos los españoles como guerras carlistas y bla, bla, bla. Que disfrutes. Yo lo hice.

LA PARTICIPACIÓN ESPAÑOLA EN
EL PROCESO DE PENETRACIÓN OCCIDENTAL
EN CHINA: 1840-1870

David Martínez Robles

Institut Universitari d’Història Jaume Vicens Vives
Universitat Pompeu Fabra

Un saludo cordial

b/shanghai

#5 -

Gracias , Balsero (por cierto, el mejor reportero sobre China, los chinos y las chinas, que existe en el mundo en este momento).

Desde hace casi un año en el Museo Naval del puerto de San Sebastián, ha habido una exposición sobre los vascos en el Pacífico, que se clausura justo hoy, qué pena. Hay dos salas dedicadas a las actividades en el XIX en China. Ya me parecieron un poco turbias aquellas andanzas cuando visité la exposición, aunque no entendí demasiado. A ver si me aclaro con el libro que recomiendas.
 

#6 -

Caro Antón, gracias a ti, la conclusión del autor es que el motivo principal del interés español en la China de la época era el comercio, lamentablemente coincide con el fin de Manila como sitio de intercambio entre México y el continente asiático en exclusiva para los españoles, de hecho el Tratado de Nanjing nos perjudicó porque hubo un auge comercial que no supimos o no pudimos aprovechar, al contrario que otras potencias. Los cambios en Filipinas nos afectaron más de lo que siempre se nos explicó y beneficiaron fundamentalmente a ingleses y estadounidenses y franceses. De hecho las concesiones de estos países impedían el comercio a los españoles si no de manera explícita si defendiendo su comercio propio y no el de otros. Todavía en Shanghai hay una potente arquitectura europea en el área de la concesión francesa, donde imperaba la ley francesa y no la china. Podríamos habernos forrado, me he propuesto corregir esosmiley haciendo justo lo contrario de la tradicional apatía nacional nuestra frente al comercio y a otras cosas. Hay una auténtica anécdota falsa de las que me gustan sobre Filipinas, vuelve el embajador español a las islas un tiempo después de su pérdida a manos americanas y se entrevista con su homólogo estadounidense. Le pregunta - asombrado - cómo es posible que en tan corto tiempo hayan erradicado cierta enfermedad ¿qué astucia se les ocurrió a los americanos?. El estadounidense responde

- No se nos ocurrió absolutamente nada. Todo lo que había que hacer lo dejaron Vds los españoles escrito. Nosotros solo hicimos una cosa: hacerlo.

En esas estoy yo, pasando de las musas a las letras, o sea, no decirlo, hacerlo!smiley y abandonar esa cosa tan jesuita de únicamente comer helado de vainilla porque si algo es perfecto ¿a qué probar otra cosa? yo pienso probarlas todas, puro patriotismolaugh

Un abrazo mi buen amigo.

b/shanghai

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