DEL CIELO Y LA TIERRA

He ido con K. a comer al distrito de Xin Tian Di (新天地, si lo interpreto bien algo así como Nuevo, Cielo, Tierra). Esta británica nacida en Hong Kong parece enloquecer con la zona de ocio (foto) que hace furor en Shanghái, y es de los espacios más hot hot en la ciudad.

¿A mí? ni fu ni fa. Antiguas casas restauradas alojan un mundo pijo de cafeterías y restaurantes que dicen poco, proporcionan una sensación de ya visto. De hecho se parece a la zona de los muelles debajo del Puente 25 de Abril que disfrutan los lisboetas. Pese a las millonadas evidentes - con bastante buen gusto - que muchos de los restauradores han gastado en sus cafeterías, terrazas, y restaurantes, juzgar Shanghái por este distrito sería como sacar conclusiones de los parisinos dando tres vueltas a la Torre Eiffel. Pensaríamos que un parisino es un señor japonés bajito con cámara al cuello. Xin Tian Di está lleno de turistas occidentales.

Es fiesta en Shanghái pero eso no quiere decir nada. Todo el mundo sigue trabajando. También yo. El almuerzo con K. ha durado solo 30 minutos. Ha respondido ella una docena de correos desde su móvil ultraferolítico. Velocidad asombrosa en los dedos de una de sus manos. Me ha llevado a preguntarme cómo hace para no romperse las uñas. Con la otra mano castañeteaba los palillos a toda prisa pescando piezas de comida en un hot-pot tradicional.

Se ha fijado en mi teléfono móvil. Lo ha mirado con asco. Comprado a mi llegada hace semanas es una baratija de 20€ que cumple su función. Llamar y recibir llamadas. Según K. la chuchería telefónica que llevo no corresponde a mi estatus y no aprueba tampoco una de mis máximas preferidas, es la función la que hace al órgano. Y no al revés. Y me ha recordado K. después que a veces no es lo que uno necesita sino lo que uno quiere. En su dulce inglés suena más enfático.

Yo he quedado a comer con K. porque quiero algo. Algo que ella tiene.

Moviendo las dos manos, mensajes de respuesta y palillos, comiendo y hablando a la vez, ha sugerido que sólo un palurdo puede portar el trasto telefónico mío. Se ha levantado, ha pagado la mitad de su almuerzo, smuac! smuac!, nos vemos!, y ha desaparecido. He sacado el móvil para palurdos del bolsillo y llamado a un español amigo mío que anda muy apurado por culpa de una pieza de maquinaria industrial.

- Luis, he hablado con K., efectivamente, tal y como pensabas, sus máquinas llevan una pieza que es idéntica a los recambios que tienes bloqueados en la Aduana. Ha colado. La he pedido que me mande esa pieza como repuesto para la máquina que me vendió hace unas semanas porque aunque no la necesite resulta que soy un calzonazos temeroso y obsesivamente precavido. Se lo ha creído. No le cuadra mucho lo de calzonazos pero se lo ha creído.  La mandará esta tarde a mi almacén, pasa a buscarla y te la llevas junto con mi aniquilada autoestima por simular idiotez completa.

- ¡Joder! ¡muchas gracias! estaba desesperado, no sabía qué decirle ya a mi cliente. ¡Te debo una!.

- Y tanto Luis, si K. se entera de esta jugarreta que hacemos los palurdos españoles con móviles baratos y de que su preciada pieza va a acabar en una máquina que resulta vende un español amigo mío que es su competencia estoy jodido

- ¿Móviles baratos? ¿de qué hablas?

- Larga historia Luis, otro día

Estos tonteos con K. que incluyen trampas desde los comienzos no pueden acabar bien. Ya veremos.

Es fiesta en Shanghái. Y todo el mundo trabaja. Yo también.

balsero 

 

 

 

 

-

#1 -

Caro balsero, tu saga me está sonando a argumento del Corto Maltés. Todo muy exótico. Hugo Pratt no lo escribiría mejor.

Ten cuidado que en una de esas aparece Rasputín y te metes en problemas.

#2 -

Estimado Balsero:

al final el tan ansiado encuentro con K, ansiado por toda la expectativa que habías generado, me suena como algo que en realidad no estaban los dos sino una muchedumbre. Esta mujer no tiene la más mínima delicadeza con un abnegado remero como tú. ¿Cómo diablos se le ocurre estar respondiendo sms en tal encuentro? Será muy de ascendencia británica pero ha perdido el tacto y la delicadeza. Menos cinco puntos para ella. Más quince puntos para tí por haber hecho que cayera en tu maquiavélica maquinación y al final lograr lo que pretendías en cuanto a negocios. Persevera. Si has logrado ésto, seguramente podrás lograr otras metas. Por tu estrategia me parece que te sabes de memoria El Arte de la Guerra de Sun Tzu y El Camino de la Espada, además de El Príncipe.

Ese bagaje sin peso te llevará por camino tan azarosos como exitosos en El Reino del Medio. No se si sabes que los chinos se definían (o se definen) a sí mismos como el reino que está a medio camino entre los dioses y los demás mortales.

Admirados saludos desde la antípoda (menos 450 km al NE)

#3 -

Estimado Balsero:

treinta segundos después de enviarte el comentario anterior recordé otro libro que es tan instructivo como divertido, para aprender sobre la idiosincracia china.

Se llama Tai Pan de James Clavell. Se desarrollo en los inicios del Hong Kong británico. Los chinos se referían a los blancos con ese nombre. Los blancos lo tomaron como un título deferente cuando en realidad tai pan es el nombre de las bacinillas que se usan en los prostíbulos. Brillante.

Saludos

#4 -

Balsero, con tus posts estamos aprendiendo de China tanto como los venecianos aprendieron con los de Marco Polo.  Qué genial lo de "sacar conclusiones de los parisinos dando tres vueltas a la Torre Eiffel" Qué estupidita K. uf, .... pero, bueno, tendría que verla.

 

Un abrazo

 

#5 -

En menudo mundillo te has metido, majete.

Estoy con D. Luis Anastasía en que la tal K. tiene menos delicadeza que el salpicadero de un Seat panda. Pero comprendo tus motivos, la chavala te puede dar cosas que te hacen falta. Por supuesto, tiene que estar buena por que si no no te veo en esta historia que nos vas contando... (si puedes, dale caña y fúmate un puro, jejej)

Bueno, encantado de leer tus escritos al estilo James Bond de los negocios orientales.

Saludos.

Inicie sesión o regístrese para comentar
,
,
,
,
,
,