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- Carta a un antiguo novio al que creo que quise mucho aunque no recuerdo nada.
- Carta de amor que si lo es no lo parece, y al fondo una pared verde
- Desamor fulminante
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- Reproches
- Solosí para un pirata
- Borrador de la primera carta de A. para Helena
- Carta de amor a un soldado que fue a la guerra
- Carta de amor desde el infierno
- Las cartas de amor que escribían una monja y un señor, y otras más
Carta de amor a un soldado que fue a la guerra
LunaBruna — Vie, 24/11/2006 - 10:49
-Mi novio es una especie de buitre de alas anchas, cabellos muy negros, nariz aguileña y piel muy pálida. Su aspecto es difuso y alargado. Así es Atanor, que así se llama.
-Lo describe usted muy bien, lo imagino perfectamente, sí, ¿sabe volar?
-¡Oh, sí!, es un volador empedernido, evoluciona con el garbo de un colibrí, como un plumero entre telarañas. Es primoroso, que significa elegante, creo, -estoy aprendiendo palabras-.
-Ya veo, sí; pero no nos desviemos, señorita. Yo así lo imaginaba, garboso. ¿Qué tal su tono de voz?
-Un refinado gracejo. Gracejo no es la voz de los grajos, por si no lo sabe, que gracejo es gracia en el hablar y el escribir.
-Conocía la palabra, aunque no la uso habitualmente.
-Ni yo, pero estoy aprendiendo palabras, voy por las que empiezan por “gr”.
-¿Cuáles más desearía incluir en la carta?
- Diga, por favor, que estoy tomando grageas para aliviar una gripe, y que, a pesar de la añoranza, el grato recuerdo de su aliento grácil como ala de mariposa me mantiene alegre e ilusionada; piense también alguna frase en la que pueda meter la palabra grey, que da mucho lustre, y grímpola, que significa bandera, o algo así, y que es buena palabra para decírsela a un soldado que está en la guerra; y termine diciendo que grosso modo estamos todos bien y que ni el graznido del grajo ni el gruir de la grulla...
-¡Señorita!
-Bueno, diga usted lo que quiera, pero por si acaso no se olvide de decirle que la yegua y la vaca han parido ya, que la matanza llenó la despensa de carne para pasar el invierno, que la cosecha ha sido abundante y hay buen grano en el granero -eso es cierto, que no es por la “gr”, oiga-. Dígale que su madre y sus hermanos pasarán un buen invierno, que ya me encargo yo de ellos. Dígale eso además de lo de la grey y las grullas. Y busque alguna manera de decirle que le quiero, que le echo de menos y me muero por sus vuelos y sus besos, y que se cuide y no se ponga en el camino de una bala. Y que hay cobardes y valientes pero a mi me parecerá bien que él sea de los primeros. Dígale eso, más o menos.
Y luego firme:
Siempre tuya,
Helena.
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Buenísimo!
Javier — Sáb, 25/11/2006 - 14:37Que me ha gustado, mucho, y que me recuerda al Millás, un
montón.
¿Me lo prestas? Ya sabes para qué ...
Bon día y besos.
p.d./ A veces ser un cobarde es la mayor de las valentías. De hecho, creo que son justamente los cobardes los valientes. A veces pasa que el mundo está delreves o como se diga. ¿No?
Pues sí, claro...
LunaBruna — Sáb, 25/11/2006 - 15:51Pues sí, claro que te lo presto, es más, te lo regalo. Te debo una carta de amor, mientras va llegando haz uso de todas ellas, si quieres.
Besos también.
Siempre Helena.
Javier — Lun, 27/11/2006 - 21:25Ay! Tengo que decirte que he efectuado una pequeña modificación sobre tu texto original, un tachado de nada, pero es que he caído en la cuenta y me ha dado por tener pesadillas; pesadillas de terror.
Siempre tuya Helena.
La antesala de la tragedia.
Lástima que no sepa contar historias y apenas escribir. Lo intento, en rápido, en telegrama:
¿Y si me creo el siempre tuya de Helena?
La maldición gitana: ¡Que tus deseos se cumplan!
No digo mucho más.
Visto lo visto, ninguna mujer debería decir Siempre tuya, ningún hombre aceptarlo. Ninguna persona decirlo, ninguna persona aceptarlo.
Besos, unos cuantos.
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