Pasos perdidos
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Cartografía de la plena y baja Edad media. Los grandes mapamundi circulares
LunaBruna — Mié, 21/11/2007 - 20:24
A) Tiempo de viajes, maravillas, libros y mapas
Fragmentos de una página del libro de horas del Duque de Berry. Principios del S. XV
Como el hombre medieval manifestó una afición notable a los largos viajes y peregrinaciones y Valdeperrillos es un pueblo competente en el tema del cambio climático, aprovecho el momento y lugar para comentar que entre los siglos IX y XIV, tuvo lugar en la Europa de la Edad Media un largo período de climatología bonancible, algo más calido que el actual, que sin duda actuó a favor de la vitalidad, el ansia de aventura y el espíritu viajero del hombre del medievo.
Apenas existe literatura de carácter profano anterior al siglo XII, el mundo medieval se expresa en un lenguaje de código cerrado que no nos ha llegado ‘traducido’ y desarrolla una rica simbología representada en figuras con frecuencia extravagantes, grotescas o monstruosas. Se trata de una semiótica que, no siendo fácil de interpretar, a menudo conduce al prejuicio de pensar que se trató de un tiempo oscuro y dogmático que transcurrió sumido en la superstición, de espaldas al conocimiento y a la cultura. Esta idea de la Edad Media no hace justicia en absoluto al mucho ímpetu y curiosidad con que el hombre medieval se posicionaba ante la vida, ante la realidad y ante el mundo.
Ultimos mapas T-O. Siglos XIV y XV
En lo que se refiere al tema que nos ocupa, es importante resaltar que este tiempo que con frecuencia se nos presenta como un todo-único y cerrado, era sin embargo muy abierto y estaba jalonado de caminos repletos de gentes ansiosas por recorrerlos. Caminos que subían hacia oriente (que estaba siempre arriba) o bajan hacia occidente, y en ellos una afluencia constante de hombres de armas, peregrinos, mercaderes, menestrales, juglares y aventureros. Caminos que llevaban a construir ciudades, a traspasar fronteras, a negociar en nuevos mercados y comerciar con nuevos productos. Y también a la guerra y la conquista o a la simple y llana aventura. En definitiva, al asombro y al conocimiento.
Representación de una comitiva en el salterio de sir Deoffrey Luttrell, c 1320-1340
La exploración del mundo tuvo un fuerte componente espiritual y simbólico. En medio de aquel trajín el hombre medieval aprendía a interpretarse a sí mismo y observaba que su papel en la obra de la creación era, por naturaleza y por elección, el de un “homo viator”, un hombre en el camino. Pensando que el mundo es el libro que Dios ha escrito para significarse al hombre, salieron multitud de viajeros a explorarlo.
La tierra esférica de Gautier de Metz en su obra "L'image du monde" ca. 1246
Buena parte de la gente que se hacía a los caminos eran viajeros de Dios: religiosos, peregrinos y cruzados recorrían las rutas que conducían a Santiago de Compostela, a Roma o a Tierra Santa. Para todos ellos, muy ligados a la iglesia y cohesionados y justificados por la fe, los caminos de la tierra conducían al cielo. Recorrerlos formaba parte de su universo místico y de la exposición completa de una doctrina teológica.
Mapamundi de Cotton, S.XI; Mapamundi de Henry de Mainz, 1110; Mapamundi del salterio, 1225 A.D.
Cuando empezaba a decaer el espíritu de las cruzadas, se reavivó el viejo mito de oriente, que venía siendo recurrente desde la antigüedad. Dos acontecimientos literarios, ambos ficticios, impulsaron el renacer del mito. De una parte la difusión del “Roman de Alexandre”, narrando las aventuras de Alejandro Magno en su conquista de la India y las maravillas que allí vio y realizó. De otra, a partir de 1164 empezó a circular por las cortes europeas la carta que el misterioso Preste Juan dirigiera al emperador de Bizancio, al Papa y al emperador Federico Barbarroja.
El Preste Juan era un supuesto rey-sacerdote que gobernaba un también supuesto imperio cristiano más allá de los dominios del Islam. En su carta describía las maravillas de un mundo demasiado semejante al paraíso terrenal bíblico, repleto de riquezas, animales exóticos y vegetación lujuriosa y habitado por los hombres más hermosos de la tierra. También estaban aquellas tierras pobladas por seres míticos, animales fabulosos y criaturas prodigiosas. Las abundancia de iconografía extraída de estas fuentes, dará fe de su importancia.
Fragmento de la franja central del mapamundi de Ebstorf, desde el Norte (izquierda) al centro (Jerusalen). 1234
Un viajero animado a conquistar este mundo magnífico iba abriendo las nuevas rutas comerciales que por mar -o preferentemente por tierra- conducían hacia los misterios de oriente y sus riquezas. Entre quienes recorrían estos caminos, el transeúnte más común era seglar, sin mayor ligazón con la iglesia que la propia del tiempo en que vivían. El paradigma de este tipo de viajero es, sin duda, Marco Polo. Como él, la mayoría de los viajantes que transitaron a partir del siglo XIII la ruta de oriente fueron aventureros intrépidos dedicados al comercio y viajando en pos de su negocio, o embajadores -laicos o religiosos- que viajaban con la encomienda de encontrar aliados para la cristiandad en los imperios del lejano oriente.
Fragmento de la franja central del mapamundi de Ebstorf, desde el centro (Jerusalen) a las antípodas en el Sur (derecha). 1234
Había un tercer grupo de “viajeros” de los que no debemos olvidarnos pues en buena medida son los responsables del estallido cultural que germinaría a partir del siglo XIII en Europa. El camino que recorrían era intelectual y sus viajes fueron “virtuales”. Eran hombres curiosos y ávidos de acceder a los conocimientos que se iban incorporando al acervo cultural de su época.
La paulatina difusión en Europa del papel, que empezó a substituir al pergamino a partir del siglo XII, y el amparo de las universidades, impulsó la secularización del oficio de copista y de su mano floreció una importante producción literaria de carácter laico y muy descriptiva, trabajada en scriptoriums seglares. Una parte de esta rica literatura ilustrada se centró en las crónicas de viajes y narraba en imágenes, verso o prosa, todo tipo de historias reales o imaginadas.
Se trata de un género difícil de clasificar. Algo tiene de guía turística y de descripción de rutas e itinerarios; algo de localismos, costumbres y paisajes, y mucho de aventura y literatura de ficción. Aunque los viajes narrados solían ser fingidos –tal es el caso del más significativo de todos ellos, el viaje que Jean de Mandeville relata en su “Libro de las maravillas del mundo”- se trata de una producción estética y literaria de calidad, cargada de interés didáctico y capaz de procurar al ‘viajero’ que no viaja una experiencia excitante del mundo.
En este contexto histórico y cultural, las leyendas y las historias dibujadas ocuparon un lugar cada vez más importante en el esquema didáctico de la Edad Media. La forma de T en O tradicional en los mapamundi místicos y simbólicos de los siglos anteriores, pierde relevancia cediendo su lugar a mapas colmados de anotaciones y esquemas cargados de significado. En aquel momento, la palabra “mapamundi” se utilizaba indistintamente para nombrar la representación gráfica de la tierra y para los textos que la describían. A veces, ante alguna de estas obras, se hace difícil decidir si nos hallamos ante mapas que parecen libros o ante libros que parecen mapas. En los libros se dibujaron viñetas muy detalladas representando paisajes y espacios urbanos, itinerarios, fauna, flora y las curiosidades culturales y antropológicas de las tierras descritas. En los mapas se introdujeron leyendas significativas para explicar todo cuanto por ser nuevo o extraño, no se derivaría obviamente de la mera observación de los dibujos.
Fragmento del itinerario entre Londres y Tierra Santa. Obra de Matthew Paris. 1291
Las fuentes de inspiración son muchas y de diverso signo. La principal, sin duda, es la iconografía aportada por el imaginario cristiano extraído de textos bíblicos y doctrinales. A partir del siglo XIII será también importante la aportación de autores clásicos, prefiriéndose las descripciones más coloristas, de Pomponio Mela y de Plinio el Viejo a las más sobrias de Herodoto. El tercer ámbito principal de información son las historias y leyendas, especialmente las tomadas de la saga de Alejandro Magno y sus conquistas asiáticas.
Mapamundi de Ebstorf,1234; Mapamundi de Hereford,1290; Mapamundi Isidoriano del S.XI
B) Los mapas
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Regalo
balsero1968 — Jue, 22/11/2007 - 08:26Gracias por este regalo. Pienso imprimir amorosamente el post en papel alisado, guarnecerlo con dos tablillas recubiertas de terciopelo y tachonarlo con un colmillo de jabalí que tengo. Cuando envidiosos todo el mundo me pregunte diré: es un regalo de una amiga. LunaBruna.
r.
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