Nuestro teléfono de baquelita

He aquí la copia realizada en arcilla polimérica del teléfono de baquelita que funcionaba en el suntuoso hotel con cinco torres y larguísimas escaleras de caracol de aquel pueblo.

El edificio ardió en 1967 y a pesar de que la baquelita estaba definida como el primer plástico termoestable de la historia,  nuestro teléfono, que tenía un lustroso aspecto de marfil negro,  se fundió en el incendio.

Una, realizó para el museo esta reproducción peregrina y cutre del magnífico aparato -cuyo número era 1684, igual que la matrícula de la Carraca-, por la que hemos recibido cuantiosas ofertas de prestigiosos coleccionistas.

Comentarios

#1 -

 Recuerdo que cuando llegué, en busca de horizontes profesionales,  (1982) a la ínclita ciudad de Constitución, puerto de río y de mar, la que sólo conocía por referencias de mis antepasados, me encontré con unos horribles teléfonos negros de bakelita, que ¡no tenían el disco de marcado!, y en su defecto ostentaban una manivela en el costado derecho que al hacerla girar activaban la estridente campanilla en el otro aparato; eran los llamados "a magneto", nunca supe por qué. Lo cierto es que en la central había una operadora manual que hacía las conexiones y no raramente se quedaba escuchando la conversación, e incluso, a veces aportaba sus propias opiniones.

 Hoy nos sentimos desamparados cuando no tenemos un celular en el bolsillo. 

#2 -

Querida Lunabruna:

es fascinante compartir tus memorias en este museo imaginario que no tan imaginario.

En ocasiones, no tenía una carraca que me llevara a la escuela. A veces, según donde vivíamos, caminábamos mucha distancia en mañanas heladas hasta llegar a la escuela. En otras circunstancias, íbamos montados (varios niños en el mismo lomo) o en carros tirados por caballos. Cuando coincíadamos en las cercanías de la escuela en medio de la nada, jugábamos carreras para ver quien llegaba primero, a pleno galope de los pobres cuadrúpedos. La piel helada, la ropa fría, con caras adornadas por sonrisas, con dedos tan helados que no podíamos agarrar bien el lápiz. En esa época no había teléfonos, ni mucho menos internet. Una familia de cada muchas tenía el privilegio de contar con teléfono, pero como bien dice  Mr.Mac_Anna la comunicación no eran instantaneas como ahora, cuando uno ve párvulos de menos de 5 años con sus tablets.

No es malo, es distinto, es diferente. Cada generación con sus experiencias. Pero por esas mismas experiencias, veo o asumo que quienes estamos en este pueblo hemos tenido el sumo privilegio de vivir tantas épocas distintas. Caminamos con un pie en el pasado, llevando nuestra propia carga, y sin embargo somos capaces de apreciar, vivir y experimentar lo que nos brinda el presente, proyectándonos al futuro.

Lo que cuenta Mr.Mac_Anna también lo viví. Los teléfonos de bakelita, pero no con disco sino con manivelas que conectaban a la centralita operada por mujeres, siempre por mujeres (aunque no se por qué). Agrego esta anécdota comentada en otro sitio de este pueblo:

http://valdeperrillos.com/comment/21706#comment-21706

En estas circunstancias uno se siente un ejemplo viviente de pretérito.

Abrazos

Luis