Heródoto, sobre los getas

Es la historia de los getas, un pueblo que habitó entre los Balcanes y el Danubio. Heródoto, IV 94-95.

"Por cierto que [los getas] se creen inmortales, entendiendo por tal lo siguiente: piensan que no mueren, sino que a la hora de morir, van a reunirse con Salmoxis, un ser divino (algunos de ellos, sin embargo, denominan a este mismo ser Gebeleicis). Cada cuatro años despachan en calidad de mensajero, para que se entreviste con Salmoxis, a aquel miembro de su pueblo que en dicha ocasión resulte elegido por sorteo y le encargan lo que, según el momento, necesitan. Y he aquí cómo lo envían: los encargados de ese menester sostienen tres venablos, en tanto que otros cogen de las manos y de los pies al que va a ser enviado a entrevistarse con Salmoxis; y, tras haberlo balanceado en el aire, lo echan sobre las picas. Si, como es lógico, muere al ser atravesado, consideran que la divinidad les es propicia; pero, si no muere, llenan de denuestos al mensajero en cuestión, afirmando que es un ser malvado; y, tras sus denuestos a dicho sujeto, envían en su lugar a otra persona, dándole sus encargos mientras todavía se halla con vida. Asimismo, estos mismos tracios, cada vez que truena o relampaguea, disparan flechas al aire, airados con el cielo, al tiempo que amenazan al dios, pues no creen que exista ningún otro dios que no sea el suyo.

Pero, según he oído decir a los griegos que viven en el Helesponto y en el Ponto, el tal Salmoxis fue un hombre que sirvió como esclavo en Samos: estuvo al servicio de Pitágoras, hijo de Mnesarco; posteriormente consiguió la libertad y amasó cuantiosas riquezas, regresando con ellas a su país. Y como los tracios vivían miserablemente y eran bastante simples, el tal Salmoxis, que se había hecho al género de vida jonio y a un modo de pensar más reflexivo que el de los tracios (ya que había tenido trato con griegos y especialmente con Pitágoras, uno de los mayores sabios de Grecia), se hizo acondicionar una gran sala, en la que recibía espléndidamente a sus más importantes conciudadanos y los obsequiaba con banquetes, al tiempo que los adoctrinaba en el sentido de que ni él, ni sus convidados, ni sus sucesivos descendientes morirían, sino que irían a cierto lugar donde vivirían eternamente, gozando de toda suerte de bienes. Y mientras hacía lo que he indicado y propagaba esa doctrina, en el ínterin se hacía construir una cámara subterránea. Cuando tuvo totalmente terminada la cámara, desapareció de la vista de los tracios, y bajó a la cámara subterránea donde vivió por espacio de tres años. Entonces los tracios lamentaron su ausencia y lo lloraron como si hubiese muerto; pero, a los cuatro años, se les volvió a aparecer y así fue como dieron crédito a lo que afirmaba Salmoxis. Según cuentan, esto es lo que dicho individuo llevó a cabo".

Heródoto vivió aproximadamente entre el 484 y el 426 antes de Cristo.

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