Spinoza, Tratado teológico-político, capítulo III, sobre los hebreos
El capítulo se titula "De la vocación de los hebreos y de si el don profético fue peculiar de los hebreos". Copio a continuación algunos fragmentos del comienzo del capítulo.
"Así pues, cuando la Escritura, para exhortar a los hebreos a la obediencia de la ley, dice que Dios los ha elegido, con preferencia a las demás naciones (ver Deuteronomio, 10, 15); que está cerca de ellos y no de los demás (Ib., 4, 4 y 7); que sólo a ellos les ha prescrito leyes justas (Ib., 4,8); en fin, que sólo a ellos, posponiendo a los demás, se les dio a conocer (Ib., 9, 67), etc., habla adaptándose a su capacidad".
"Cuando decimos que Moisés, en los pasajes del Pentateuco que acabamos de citar, habló adaptándose a la capacidad de los hebreos, no pretendemos, sin embargo, negar que Dios les haya prescrito a ellos solos esas leyes del Pentateuco, ni que sólo les haya hablado a ellos, ni, en fin, que los hebreos hayan visto cosas tan admirables como a ninguna otra nación le han sucedido. Sólo queremos decir que Moisés, hablando es esos términos y aduciendo esas razones, quiso amonestar a los hebreos a que se unieran más a Dios mediante un culto acorde a su mentalidad infantil. Quiero probar, además, que los hebreos no han superado a las demás naciones en ciencia y en piedad, sino en algo totalmente distinto; o (para hablar, como la Escritura, según su capacidad) que los hebreos no han sido elegidos por Dios, con preferencia a los otros pueblos, para la verdadera vida y las sublimes especulaciones, aunque sí han sido reiteradamente amonestados, sino para algo totalmente distinto. Qué sea eso, sin embargo, lo explicaré siguiendo un orden".
"... veamos por qué se ha dicho que la nación hebrea fue elegida por Dios con preferencia a las demás. Para probarlo procedo de la forma siguiente.
Todo cuanto deseamos honestamente se reduce a estos tres objetos principales, a saber, entender las cosas por sus primeras causas, dominar las pasiones o adquirir el hábito de la virtud y, finalmente, vivir con seguridad y con un cuerpo sano. Los medios que sirven directamente para el primero y el segundo objetivo y que pueden ser considerados como sus causas próximas y eficientes, residen en la misma naturaleza humana; su adquisición depende, pues, principalmente de nuestro propio poder o de las leyes de la naturaleza humana. Por este motivo, hay que afirmar categóricamente que estos dones no son peculiares de ninguna nación, sino que han sido siempre patrimonio de todo el género humano, a menos que queramos soñar que la naturaleza ha engendrado desde antiguo diversos géneros de hombres. En cambio, los medios que sirven para vivir en seguridad y para conservar el cuerpo, residen principalmente en las cosas externas; percisamente por eso, se llaman bienes de fortuna: porque dependen, sobre todo, del gobierno de las cosas externas, que nosostros desconocemos; y en este sentido, el necio es casi tan feliz o infeliz como el sabio".
"Por consiguiente, lo único por lo que se distinguen las naciones entre sí, es por la forma de su sociedad y de las leyes bajo las cuales viven y son gobernadas. Y por lo mismo, la nación hebrea no fue elegida por Dios, antes que las demás, a causa de su inteligencia y de su serenidad de ánimo, sino a causa de su organización social y de la fortuna, gracias a la cual logró formar un Estado y conservarlo durante tantos años. La misma Escritura lo hace constar con toda claridad, ya que basta una lectura superficial para ver claramente que los hebreos sólo superaron a las otras naciones en que dirigieron con éxito todo cuanto se refiere a la seguridad de la vida y en que lograron vencer grandes peligros, gracias, sobre todo, al auxilio externo de Dios; en lo demás, fueron iguales a los otros pueblos, y Dios fue igualmente propicio a todos.
En cuanto al entendimiento, consta (como hemos mostrado en el capítulo precedente) que tuvieron pensamientos sumamente vulgares sobre Dios y la naturaleza; en este sentido, no fueron, pues, elegidos por Dios más que los otros. Ni tampoco en cuanto a la virtud y a la vida verdadera, puesto que en esto también fueros iguales a los demás pueblos, y poquísimos fueron elegidos. Su elección y vocación consistió, pues, exclusivamente en la felicidad temporal de su Estado y en sus comodidades. Ni vemos que Dios haya prometido algo más a los patriarcas y a sus sucesores. En la misma Ley, no se promete, a cambio de la obediencia, otra cosa que la continua felicidad del Estado y demás comodidades de esta vida; y a la inversa, a cambio de la contumacia y de la ruptura del pacto, se promete la ruina del Estado y las máximas incomodidades. Nada extraño, por lo demás, ya que el fin de la sociedad en general y del Estado (como ya consta por lo dicho y expondremos largamente después) es vivir segura y cómodamente. Ahora bien, el Estado no puede subsistir más que con leyes que obliguen a todo el mundo; pues, si todos los miembros de una sociedad quieren eximirse de las leyes, disolverán ipso facto la sociedad y destruirán el Estado. De ahí que a la sociedad de los hebreos no se le pudo prometer otra cosa, a cambio de la constante observancia de las leyes, que la seguridad de la vida y sus comodidades; y, al revés, a cambio de la contumacia, no se le podía predecir ningún suplicio más seguro que la ruina del Estado y los males que de ahí suelen seguirse; a los que se añadirían otros especiales, derivados de la particular constitución de su Estado. Pero no es éste el momento de hablar de esto más largamente".
El texto apareció en Holanda en 1670, fue anónimo. Solo llevó semanas descubrir al autor, un judío de Amsterdam, Baruch Spinoza.
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Comentarios
#1 Baruch
Es opinión general que Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, y redactor de la Declaración de Independencia, tuvo influencia de Spinoza. Yo no conocía este texto que publicas pero leyéndolo y habiendo leído casi todo lo que he podido sobre Jefferson ahora me parece obvio, salvo que donde Spinoza dice "hebreo" el político americano dice "cristiano". En concreto Jefferson se hace unas preguntas asombrosamente similares:
- ¿Por qué habrían de ser distinguidos los cristianos por encima de los demás? ¿por las persecuciones sufridas? ¿por el genio de su religión?. No, justo por lo contrario, por su intolerancia hacia los demás, por el miedo de los clérigos a perder su botín
Cito de memoria, pero estoy seguro de que la cita literal es muy próxima y puedo buscarla. El paralelismo con Spinoza aumenta entonces a mi juicio porque Jefferson dice la frase anterior siendo él mismo un simpatizante cristiano. Muy interesante, gracias.
saludos
r,
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