Heráclito, el alma fuego

Dice Heráclito:

Este cosmos, el mismo para todos, no lo ha creado ninguno de los dioses ni de los hombres, sino que existió siempre, existe y existirá: un fuego siempre-vivo, eterno, que se está encendiendo según medida y extinguiéndose según medida. (fr. 30)

Cosmos es el mundo ordenado. Es un orden universal que se mantiene porque el fuego siempre-vivo se está encendiendo en algún lugar del mundo y se está extinguiendo en cualquier otro lugar, es importante: según medida. Guthrie subraya que la descripción está hecha en tiempo presente: está encendiéndose y extinguiéndose ahora. Es un presente eterno sometido a cambio eterno en el que cada elemento vive de la muerte de los otros:

Para las almas es muerte convertirse en agua, y para el agua es muerte hacerse tierra; de la tierra nace el agua y del agua el alma. (fr. 36)

Lo completo con el fragmento 50:

No escuchándome a mí, sino al Logos es prudente convenir en que todas las cosas son una.

El alma (psyche) es fuego, el cosmos es fuego. El alma-fuego está inmersa en el mundo-fuego del que se nutre al respirar. El agua no le va nada bien al alma:

Todas las cosas se cambian recíprocamente con el fuego y el fuego, a su vez, con todas las cosas, como las mercancías con el oro y el oro con las mercancías.

Para las almas es muerte convertirse en agua, y para el agua es muerte hacerse tierra; de la tierra nace el agua y del agua el alma.

Dice Aristóteles que "Heráclito afirma también que el principio es el alma (psyche) en la medida en que es la exhalación a partir de la cual se constituye todo lo demás; es además lo más incorpóreo y se encuentra en perpetuo fluir” (De Anima, 405a25) Incorporeo y en perpetuo fluir es también el entendimiento, Heráclito lo sitúa en el alma:

Un hombre cuando está ebrio es conducido por un niño imberbe y va dando tumbos, sin saber por dónde va con su alma húmeda”.