Incendios

Incendios Galicia verano 2006 Galicia. Incendios 2006, Cortesía de la NASA

El diario EL PAIS considera que el cambio climático afectará también a los incendios. Mentira

Cita a un catedrático de ecología, D. Jose Manuel Moreno, que impartió la conferencia magistral en la 4ª Conferencia Internacional sobre Incendios Forestales, celebrada en Sevilla la semana del 14 de Mayo, bajo el título

  • Cambio Global e Incendios Forestales

Participante en el IPCC, el Dr. Moreno, según informa EL PAIS,

  • recordó que el peligro de incendios ya se ha incrementado en los últimos años por el aumento de las temperaturas y vaticinó un aumento en las próximas décadas

En una comparecencia en el Senado, D. Jose Manuel Moreno declaró

  • El incremento del riesgo se basa en el cambio del uso del territorio. Las zonas menos productivas han sido abandonadas abriendo paso a la vegetación natural, sus procesos sucesionales y el aumento de la biomasa

que no es exactamente lo mismo. :-)

Lo que interesa es encontrar un culpable. Y, aunque el culpable sea bien conocido, porque la Ministra de Medio Ambiente, Dña. Cristina Narbona, ha declarado

  • La acción humana causa el 90% de los fuegos

genera más morbo decir que es el Cambio Climático y seguir atizando la hoguera alrededor de la cual bailan los druidas del IPCC.

Lo más curioso es que el Dr. Moreno no puede ignorar un artículo de Enero de 2007, publicado por otro Dr. Moreno en colaboración con David Riaño de la Universidad de California en la revista arbitrada Global Change Biology (2007, 13, pp 40-50).

En dicho artículo se hace un análisis de la extensión espacial de las áreas quemadas por incendios entre 1981 y 2000 (período que preocupa mucho al primer Dr. Moreno, recordemos que es del IPCC )

El estudio concluye que

  • El área total quemada no se ha incrementado en 20 años

Y es que todos sabemos que no es lo mismo ser moreno que estar moreno, ser quemado ó estar quemado, un moreno que otro moreno.

Lo curioso es que el primer moreno, el del IPCC, publicó en la revista Journal of Vegetation Science en 2002 un artículo donde decía, refiriéndose a España

  • la relación entre la ocurrencia de incendios y las condiciones climáticas está poco clara

Es más cool decir a la prensa que es el Cambio Climático. Sin esas dos palabras mágicas no hay titular. Seguro.

b.

Comentarios

#1 No todo en la Prensa es desmesura y trola

Imagen de Santo

Copio a continuación el siguiente artículo, publicado en el ABC. Te gustará, balsero:

El «smog» ecologista

POR MIGUEL PORTA PERALES

LA temperatura aumenta. Los polos se deshielan. El nivel del mar sube. Lluvia intensa. Inundaciones. Olas de calor. Sequía prolongada. Desaparición de especies. Reaparición de una plétora miserable que nada tiene que envidiar a la que en su día anunciara Charles Fourier. Este es el futuro que nos aguarda según el movimiento ecologista, algunos científicos y el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC). Pero, ¿y si ello -como históricamente ha sucedido con otras predicciones- no fuera exactamente así? ¿Y si la catástrofe que se pronostica es el resultado de la lectura interesada de un IPCC que no afirma exactamente lo que dicen que dice? ¿Y si, de alguna u otra manera, estuviéramos sucumbiendo -sin por ello negar la existencia del cambio climático- al fundamentalismo ecologista que todo lo contamina?

Para empezar, conviene recordar los fracasos recientes de algunos científicos, economistas y ecologistas que se empeñaron en jugar el ingrato papel de profeta. Sin ir más lejos, a principios de los años setenta del pasado siglo, con la inestimable ayuda del Club de Roma, se puso de moda el género que podríamos calificar de «los límites del crecimiento». Por aquel entonces, científicos y economistas de renombre como Dennis Meadows y Paul Ehrlich -por no hablar de Manuel Sacristán o Wolfgang Harich, que nos prometían las delicias del comunismo ascético de Babeuf como remedio a la crisis ecológica- aseguraron que el crecimiento se detendría en un par de décadas. Pero, el crecimiento cero no llegó. Y seguimos creciendo.

De otra parte, si hablamos de ese fetiche del movimiento ecologista que la Comisión Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, patrocinada por la ONU, definió en el llamado informe Brundtland de 1987 como aquel «que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades»; si hablamos, en suma, de desarrollo sostenible, veremos que todavía hoy no se ha dado cumplida respuesta a muchas preguntas como las siguientes: ¿quién define nuestras necesidades y en virtud de qué criterio y autoridad? ¿Cuáles de estas necesidades hemos o no de satisfacer? ¿Cuáles de estas necesidades hemos de garantizar o no a las generaciones futuras? ¿Por cuántas generaciones futuras hemos de sacrificar nuestras necesidades? ¿Quién conoce las necesidades de las generaciones futuras por las que nos hemos de sacrificar? ¿Se nos puede obligar a sacrificar una parte de nuestras necesidades presentes y de nuestro bienestar actual? Con razón decía John Rawls que «la simple ubicación temporal, o la distancia del presente, no son razones para preferir un momento a otro».

Volvamos al presente. Sobre los males que, según asegura el último informe del IPCC -o sus antecedentes entre los que cabe destacar el informe Stern, o el informe del IPCC de 2001 que ha sido en parte refutado por el de 2006-2007-, nos aquejarán en este siglo, la unanimidad no existe. Lean, al respecto, los trabajos de Bjorn Lomborg («El ecologista escéptico», Espasa), Wilfred Beckerman («Lo pequeño es estúpido», Debate) o Christopher Monckton («Climate chaos? Don´t believe it»?, versión resumida en el «Sunday Telegraph» del 5 de noviembre de 2006). En estos trabajos, se percibe que la cosa -lluvia ácida, desaparición de bosques y especies, destrucción de la capa de ozono e, incluso, calentamiento global y cambio climático- es un poco más compleja de lo que parece. Otro tanto asegura el informe del National Research Council de los Estados Unidos. Y, por supuesto, el tremendismo de Al Gore y su Una verdad incómoda se fundamenta en una burda manipulación de los datos.

Lo curioso del caso es que, como muestra el Fraser Institute de Canadá, al IPCC de 2006-2007 se le hace decir lo que no dice. ¿Qué dice el IPCC? El cambio climático existe -quizá estemos ante el final de la llamada pequeña glaciación medieval- pero es menor de lo que aseguran algunos, el papel del CO2 en el cambio climático es discutible -cosa que sostiene también el geógrafo español Antón Uriarte-, el nivel del mar subirá bastante menos de lo que afirman determinadas personas. Por lo demás, el perfeccionamiento de los modelos matemáticos utilizados para predecir el futuro podría hacer variar a la baja la previsión.

¿Qué ocurre aquí? Creo que la cuestión del cambio climático -por cierto, ¿es ese el mayor problema de nuestra época?- ha sido manipulada y politizada por el fundamentalismo ecologista con la inapreciable colaboración de la izquierda. Y del smog ecologista que se ha instalado en nuestra sociedad -no confundir la ecología, que es una ciencia, con el ecologismo, que es una ideología- conviene protegerse.

Protegerse del fundamentalismo ecologista. Protegerse de un movimiento que, atemorizado ante la evolución de las costumbres y el desarrollo económico -el típico miedo del milenio-, se atrinchera y retrae. Un movimiento que tiene su hilo ideológico conductor. En principio, como acostumbra a suceder en todo fundamentalismo, se encuentra la iluminación: «de continuar así, el planeta será destruido». ¿Alguien duda de la verdad revelada? Surge el maniqueísmo, surge el anatema: «eres un depredador, un biocida, un reaccionario, un acientífico». La absolutización ya ha tomado cuerpo: la protección de la biosfera deviene un valor absoluto al cual poco menos que por decreto hay que subordinar cualquier otro. Y si se intenta poner en entredicho el valor absoluto, surge la amenaza en forma de milenarismo apocalíptico: «estás contribuyendo, consciente o inconscientemente, a la extinción del planeta y la vida». ¿Quién legitima la revelación ecologista? Respuesta: se legitima a sí misma. A lo sumo, se legitima en función de un batiburrillo de ideas científicas y no científicas, un «pistoletazo», que diría Hegel, de intuiciones y fantasías que no admiten la refutación ni la verificación empírica. Y esta legitimación encuentra su última ratio en el moralismo y el redentorismo: moralismo, en la medida que el ecologista sabe dónde está el bien y el mal; redentorismo, en tanto el ecologista actúa de forma absolutamente altruista con la única finalidad de proteger el género humano. ¿Qué hacer? Al ecologista no le queda otro remedio que reaccionar ante la agresión exigiendo una política conservacionista de vocación y talante preindustriales.

Y como lo que está en juego es la existencia del planeta y la especie, el exclusivismo emerge en forma triunfante: el ecologismo se considera a sí mismo como el único sistema global de interpretación del mundo capaz de crear un contramodelo social que, afirmándose científico, querría organizar las relaciones entre sociedad, biología, economía, cultura y política. Si bien se mira, el ecologismo es una ideología substitutoria, una ideología prêt-à-porter que ha venido a ocupar la vacante dejada por las antiguamente llamadas ideologías emancipatorias -marxismo y socialismo- que quebraron hace unas décadas por la fuerza de los hechos.

En el fondo, el fundamentalismo ecologista toma cuerpo en una utopía negativa -mejor, un despotismo utópico que exige el sacrificio del presente y el desarrollo no admitiendo ni la indiferencia ni la desobediencia bajo amenaza de ser tildado de reaccionario, liberal o iletrado- y de un discurso del no -«no consumas», «no construyas infraestructuras», «nucleares no»- que es el heredero natural del simplismo ideológico progresista y de las admoniciones de los viejos inquisidores. El smog ecologista, decía antes.

MIQUEL PORTA PERALES Crítico y escritor

Diario ABC, Jueves 17 de Mayo de 2007

http://www.abc.es/20070517/opinion-la-tercera/smog-ecologista_200705170323.html

 

#2 Gracias

Imagen de balsero1968

Caro Santojito

Gracias por llamar mi atención sobre el citado artículo. Sin embargo discrepo de Porta en que el fundamentalismo ecologista sea un sustitutivo al 100% del marxismo. Lo es en algunos casos pero realizar una identificación tan brutal es caer en clichés que poco ayudan.

Conozco gente de derechas que toma una actitud anti-alarmismo simplemente porque es la es consigna impartida en la banda. No saben nada, pero afirmarán con vehemencia que todo alarmista climático es un marxista redomado devenido ecologista como disfraz táctico.

Lo cierto es que el cambio climático es un problema ó no lo es. Yo creo firmemente que no lo es.

Y mucha gente de izquierdas que conozco. De izquierda pura y dura con la que comparto poco ó nada ideológicamente. Materialistas que ahora vuelven sus ojos al problema y comprueban, con preocupación, como ha desaparecido la economía política de la escena mundial. Y valores difusos de corte new age pueden provocar, ya lo están haciendo, decisiones muy perjudiciales para los más desfavorecidos.

Mira esta frase

  • “Es importante evitar un catastrofismo ecológico liderado por la ansiedad, paralelo al catastrofismo económico liderado por las crisis económicas de otros tiempos que anunciaban el inevitable fracaso del capitalismo. Necesitamos una comprensión más robusta del papel y naturaleza de las contradicciones capitalistas...[Necesitamos] reconocer el dinamismo y la innovación generada por la competición capitalista y la acumulación" 

Está extraída del Coming to Terms with Nature: Socialist Register, 2007, una revista clásica de izquierdas. Ha generado un fortísimo debate con los new age pijos, y aparentemente de izquierdas, del blog

Lo peor que podría ocurrir, tanto a gente honesta de izquierdas como de derechas, es que este debate se convierta en una bandería más que otorgue patentes de legitimidad conservadora (no hay que hacer nada con el cambio climático) ó progresista (sí hay que hacerlo y ya).  He insistido muchas veces en que el debate está secuestrado. Por eso inicié este cuaderno.

Pero, francamente, en España, no veo indicios poderosos en los partidos de izquierda de afrontar el asunto con rigor mientras observo como los partidos de derechas convierten el asunto en un icono exclusivamente político.

Grabé el programa de Antena 3 que me sugeriste. Ver en la última escena como una chiquita de guardería realiza un dibujo con la frase I love Kyoto me pareció vomitivo. Va a tener razón Cosmopolita, cuando en su Apunte sobre Baudrillard, menciona el tañido fúnebre del valor de uso.

Un abrazo

b.

#3 A petición de David Riaño

Imagen de Oblonga

Hemos recibido un mensaje de correo electrónico en el que David Riaño indica lo siguiente:

"Estimado administrador,

La interpretación que se hace en el enlace:
http://valdeperrillos.com/books/materia-oscura/incendios de mi artículo publicado en Global Cahnge Biology es incorrecta.
Según se dice en dicho artículo de Global Change Biology, los incendios han aumentado en las zonas subtropicales y en las latitudes medias (como España) respecto a 20 años atrás. Además, la temporada de incendios es más larga en estas latitudes medias y las zonas boreales. Si se consideran las estadísticas globales hay un aumento aunque no suficientemente significativo.

Creo que extraer una frase aislada e interpretarla está lejos de la propia esencia del trabajo.

Me gustaria que se diera cabida en su web a mi contestación.

Un saludo cordial

David Riaño"

#4 Incorrección

Imagen de balsero1968

Estimado David,

Gracias por tu visita. El lector habitual tiene a su disposición el enlace al artículo para una lectura del mismo. Y el lector habitual es capaz de discernir qué contribuciones existen al área total quemada porque puede leerlas por sí mismo y extraer del texto la compensación entre las latitudes medias y áreas subtropicales del hemisferio norte y la disminución en el sureste asiático y América Central y así sacar sus propias conclusiones sobre el área total en los últimos 20 años. Conclusiones que le permitirán abundar, o no, por sí mismo, en la idea que se critica, la ligereza en los medios de comunicación al afirmar que existe una causalidad demostrada entre el aumento de temperaturas observado desde 1979 y la superficie incendiada. Viniendo de tí es con sumo gusto que enfatizo que el aumento no es suficientemente significativo si te parece una frase más acertada que the total annual burned area has not increased in the last 20 years.

No necesitas pedir permiso a nadie para venir de visita por aquí. De hecho muchos de los vecinos de este sitio con mar estaremos más que complacidos en conocer de primera mano, la tuya, las maravillas que al conocimiento aporta el uso de satélites. Sean incendios, humedad del suelo, o aspectos críticos de los bosques o cualquier otra cosa que pienses de interés.

Un saludo cordial

b.

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