El dióxido de carbono, CO2, es uno de los primeros gases que la humanidad supo distinguir del aire.
En el siglo XVII nuestro amigo Jean Baptist Van Helmont se dedicó a quemar carbón vegetal. Comprobó que las cenizas restantes pesaban menos que el carbón original.
Atribuyó lo sucedido a una transmutación del carbón en una sustancia invisible a la que denominó
- Spiritus Silvestre
Nuestro gas.
