G8

Ha terminado la reunión del G8 que, por primera vez, tenía en la agenda el cambio climático.

Ha terminado con una vaga "decisión" de reducir las emisiones de los llamados gases de efecto invernadero en un 50% en comparación con las tasas actuales antes del año 2050. En nuestro caso, España, eso supondría volver al nivel de emisiones de nuestro país en 1975. Entrecomillo "decisión" porque con un horizonte para el cumplimiento de un compromiso de más de 40 años creo que la "decisión" no es más que pura retórica.

Por lo menos fuera de la Unión Europea. Los hechos ciertos son que EE.UU ha decidido, con el apoyo mayoritario del partido en el que milita Mr. Gore, que no olvidemos tiene mayoría en ambas cámaras, iniciar una ronda de conversaciones completamente al margen de Kyoto.

En este tema la Unión Europea queda completamente aislada. Canadá, China, incluso Japón han mostrado su entusiasmo por la propuesta americana de olvidar completamente a las Naciones Unidas e iniciar una serie de reuniones multi-laterales. En esas reuniones se acordarían objetivos de emisión mutuamente aceptables.

No debería ser una sorpresa para nadie. Hace tiempo que EE.UU participa en negociaciones con los mayores emisores de CO2 y completamente al margen del Protocolo de Kyoto. Ese proceso negociador de los EE.UU también tiene un nombre, bastante menos conocido, y es el acuerdo de Asia-Pacífico sobre Desarrollo y Clima. No en vano es la zona con el mayor crecimiento económico del planeta.

En esencia el acuerdo adopta la idea estadounidense, también apoyada por el Partido Demócrata - no es por tanto una propuesta personal de Bush -, de abordar el problema mediante la tecnología y no mediante las limitaciones de emisiones, sea mediante impuestos, sea mediante créditos del carbón - que es la solución europea al problema -.

Puede ser chocante que Japón, el país que acogió la conferencia de Kyoto, se muestre favorable a la propuesta americana. La razón tiene un nombre

  • China

Si alguna nación se siente amenazada por la competencia económica de China esa nación es Japón. A medida que la República China se convierte en un coloso económico - pronto será el mayor emisor mundial de CO2 - es inimaginable para Japón ponerse en desventaja suscribiendo una política que impone mayores costes en la energía utilizada en los procesos productivos y dejando a China libre para actuar como quiera. Una de las consecuencias advertidas numerosas veces del Tratado de Kyoto tan alegremente suscrito hace unos años.

Lo cierto es que hay dos realidades políticas. Una es que EE.UU no firmará un acuerdo global a menos que China esté en dicho acuerdo. La segunda realidad es que China no firmará ningún acuerdo que obstaculize su progreso económico. A menos que se concilien las dos políticas, y EE.UU tiene claro como hacerlo - a través de la transferencia de tecnología a China y no de la imposición de restricciones tipo Kyoto - todo quedará en papel mojado. La cuestión es ¿lo tiene claro la Unión Europea?.

La frase anterior no es mía. Es de un primer ministro europeo que, como primera medida, y de acuerdo con el partido de la oposición en su país, ha decidido reactivar el plan energético nuclear en su territorio. Podrá así cumplir cualquier tontería de techos de emisión que se le imponga desde la UE sin perjudicar su competencia productiva. No se trata del primer ministro español.

b.

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