
SI Lev Davídovich Bronstein, más conocido en el mundo como Trotsky, se recuperara del hachazo que le arreó en la cocorota un español sería un marxista feliz.
Porque vería cumplido su lunático sueño de que el dominio político lo tuviera una casta privilegiada, la burocracia. Y utilizar este mecanismo tan útil para el completo exterminio de las opiniones disidentes.
Así es el comportamiento del IPCC, el organismo político de las NN.UU que pretende obligarnos a vivir según sus reglas. Tal es el comportamiento de esta cueva ideológica que como ya comenté en otro post hubo que recurrir, de manera ciudadana individual, a algún tipo de procedimiento administrativo - el mecanismo legal apropiado en cada país - para obtener y literalmente el texto completo de todos los comentarios y discusiones mantenidos en los grupos de trabajo científicos del IPCC. En lugar de aceptar el texto final con balidos mansos de borrego.
Porque el IPCC se negó, todavía lo hace, a proporcionar los comentarios escritos que los diversos participantes científicos enviaban como revisión del texto que se elaboraba. El objetivo de la negativa no es otro que evitar que trasciendan las fortísimas discusiones y la violenta oposición de muchos de los revisores a los textos de conclusión. No es otro que transmir un mensaje unificado y aparentemente monolítico que diga "la Ciencia se ha pronunciado".
Científicos poco amantes de los balidos mansos y convencidos de que si vas a ir al matadero vale la pena haber vivido de pie en lugar de rodillas, por parafrasear a una marxista española colega ideológica del chiflado georgiano que ordenó darle el hachazo en la cabeza a Trosky (vaya tropa), aprovecharon un resquicio legal para afrontar la negativa frontal de un organismo al margen de la ley de los estados-nación: las NN.UU.
La mayor parte de los científicos utilizados por las NN.UU pertenecen, en sus respectivos países, a organismos financiados por fondos públicos. De forma que, por lo menos en los países anglosajones (UK, Australia, USA, etc), se podía utilizar la Freedom of Information Act (FOIA) para solicitar del gobierno la publicación completa de los archivos y correspondencia mantenida por funcionarios de un ente público en tanto y cuanto funcionarios.
Por supuesto algunos científicos individuales tuvieron el coraje de mostrar sus archivos de forma voluntaria. Asombrados porque en su área de trabajo no se reflejaron las discusiones violentas mantenidas. Por ejemplo Briffa, un alarmista, elegido por las NN.UU como autor principal de uno de los capítulos, se negó a reflejar todas las peticiones para incluir reconstrucciones climáticas posteriores a su propio trabajo. Reconstrucciones que no decían lo mismo que las conclusiones del trabajo de Briffa. Como, dada la negativa del IPCC a publicar la información completa, era imposible acceder de forma global a todas las opiniones manifestadas por los revisores, Briffa pudo ignorar los violentos desacuerdos con la soberbia que da tener un privilegio burocrático.
Tras apelar a la FOIA, recordad que por iniciativa de ciudadanos individuales y con las leyes de su propio país dado el limbo legal de las NN.UU, Briffa tuvo que mostrar todas las críticas recibidas y también el sólido argumento utilizado para rechazarlas. El sólido argumento para cada unode los comentarios críticos de personas igual o más brillantes que Briffa fue
Inapropiado
Algún comentario español también fue así rechazado.
El responsable máximo de la revisión de la redacción de ese capítulo 6 del último informe de las NN.UU es John Mitchell, jefe de la oficina meteorológica del Reino Unido. Gracias y sólo gracias al uso legal de la Freedom of Information Act en el Reino Unido hemos sabido todos que su puesto en el IPCC como jefe máximo de la revisión de ese capítulo le obligaba a
- Garantizar que donde existan discrepancias de opinión en asuntos científicos en la redacción del capítulo dichas discrepancias deben ser reflejadas explícitamente en un anexo al capítulo
Esto, sólo descubierto mediante la petición explícita de la aplicación de la ley, permitió volver a usar la FOIA hace un mes para preguntar
- ¡Oiga!, ¿dónde está el anexo con las discrepancias?
Porque científicos individuales habían publicado copias de sus violentos desacuerdos, enviados por escrito, mientras se discutía y redactaba el capítulo. Y queríamos ver todas juntas y qué curso y atención les prestó Mr. Mitchell. Y si había escrito el anexo (una de sus obligaciones). Porque no había ningún anexo en manos de, por ejemplo, nuestro presidente el Sr. Zapatero. Se ha logrado una respuesta. Ruego de la amabilidad del lector que me permita inisistir en que la respuesta sólo se ha obtenido apelando legalmente a la FOIA.
Esta carta que puedes ver aquí no la verás, por lo menos cuando redacto esto, en la web del IPCC.
Cortesía de Climate Audit y David Holland
"Puedo confirmar que, en mi opinión, los autores han tratado los comentarios de los revisores de una forma razonable. Hay algunos desacuerdos inevitables en las reconstrucciones de los últimos 1000 años..... No se puede contentar a todo el mundo....Con estas advertencias me complace aprobar este capítulo"
Todo liquidado con una carta de una ligereza asombrosa. León Trostky hubiera considerado esta carta una obra maestra de aniquilación de la disidencia mediante la burocracia. Lástima que le clavaran un pico en la cabeza.
Podría haber dirigido el IPCC. Y las Naciones Unidas.
:-)
b
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