
Dejo a mis hijos en el aeropuerto de Pǔdōng, retornan a España tras unos días de visita a esta señora que es Shanghai. Hemos disfrutado tanto juntos que ahora me invade una tristeza vaga, irritante, como la sonrisa de otra señora (imagen). Dicen que Napoléon tenía a la dama en su cámara personal hasta que un día pidió se la quitaran de la vista con un exasperado no sé qué quiere esa señora!. Así me siento yo hoy, no sé qué quiere esta señora.
Es la feria del automóvil en Shanghai y en la tarde de apertura han vendido cinco Aston-Martin por valor de US$6 millones, el editorialista del China Daily se congratula pero prefiere hablar de libros pues es 23 de abril y a un tribulado hispano hablante le alegra la mañana que el redactor chino se extienda en el elogio de Cervantes, de Garcilaso, de Manuel Mejía Vallejo, y de Josep Pla! un español maravilloso - pitillo y boina- que ante el espectáculo de una Naturaleza perra y agresiva con el ser humano se asombraba de la impertinencia de un anarquista, joven, aún así quiere usted hacer la revolución?.
Silencio en el coche, Yian, mi shifu o conductor, percibe la melancolía en el largo trayecto de vuelta a casa desde Pǔdōng y me lanza palabras amables, este hombre es una delicia, no le veía desde hace unos días cuando le abronqué por no me acuerdo qué cosa, dos broncas en algo más de un año, es un buen registro, estamos empatados él y yo, si recuerdo bien en una de las ocasiones yo no tenía razón. Yian vivió perturbado por un secreto durante meses, la carga le resultaba pesada y decidió librarse de ella un día utilizando de mensajera a Lanlan.
´¿Cómo contrataste al shifu?´
´Me dio referencias de él un americano conocido mío que lo tuvo a su servicio y a plena satisfacción suya´
´Ya´ queda Lanlan un rato mirando hacia ningún sitio, sutil manipuladora se lanza a la carga de nuevo ´estás muy satisfecho con él ¿verdad?´
´Ya lo creo. Lanlan ¿hay algo que quieras decirme?´
Resulta que el americano me recomendó un conductor, pero no era Yian sino su cuñado. El recomendado legítimo de mi amigo tenía otro trabajo y pensó que lo mejor era mandar a Yian. Este se presentó en mi oficina y fue contratado. Jamás conocí al cuñado a quien yo creía estar contratando.
´Lanlan dile a Yian que me importa nada el asunto´
La vez que abronqué al shifu con razón fue por una desaparición súbita que me dejó huérfano de sus servicios sin explicación alguna. Tras desfogarme y despedirle cien o doscientas veces en treinta segundos solicité detalles del motivo de su espantada misteriosa. Fueron prolijos y larguísimos y todos un embuste pero yo reconozco de un vistazo el genial mérito de una mentira bien elaborada y le readmití otras cien o doscientas veces. En venganza yo niego con toda mi cara dura que le haya abroncado alguna vez sin razón y sostengo que cuando tal cosa sucedió no era yo sino otro yo que me abduce de vez en cuando. Ahora cuando me exaspero Lanlan y el shifu se descojonan y me preguntan si soy yo o el otro yo.
Se han marchado mis hijos, vuelvo desde el aeropuerto, la ciudad se acerca, como Napoleón en su cámara con la vista de la Gioconda siempre en el cogote contemplo Shanghai y me digo...
no sé qué quiere esta señora!
balsero/shanghai

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