2010

Sáb, 26/12/2009 - 23:18 -- ALV

Tengo una sección de mi biblioteca con tratados dedicados a novelistas y poetas, sus anécdotas existenciales y el misterio que los envuelve. Un ensayo a tener en cuenta es el escrito por Jesús Marchamalo, Las Bibliotecas Perdidas, Editorial Renacimiento, Sevilla 2008, impreso en Salamanca en los talleres de la imprenta Kadmos. 

En el capítulo dedicado a los “escritores huidizos”, los que pertenecen a “la orden del silencio”, Marchamalo menciona, entre otros, a Juan Rulfo, Salinger y Rimbaud. Salinger fue un hombre traumatizado por la segunda guerra mundial; enrolado en el Duodécimo Regimiento de la Cuarta División de Infantería del ejército estadounidense, desembarcó en la playa de Utah en Normandía. Entró en París con las tropas que la liberaron y allí conoció a Hemingway. Mientras combatía en los bosques de las Ardenas, literalmente congelado, enviaba poemas al New Yorker. De regreso al hogar, en 1951, escribió su obra emblemática, El guardián entre el centeno, para después sumergirse en un mutismo literario que dura hasta hoy. 

Al parecer, el mexicano Juan Rulfo sólo escribió Pedro Páramo y El llano en llamas porque necesitó enseñar dos libros que no existían. Cumplida su misión no escribió más.

 

 

En lo tocante a Rimbaud, Marchamalo se hace eco de la opinión del novelista Ramón Buenaventura, que también es traductor del poeta francés. Dice Buenaventura “que el caso de Rimbaud es interesante porque después de escribir Una temporada en el infierno no sólo deja de escribir sino que deja de ser el que era… creo que el único momento de gloria de Rimbaud fue esa noche que leyó sus versos en la tertulia de los parnasianos, que lo llevaron en volandas hasta el estudio de Léon Valade”. 

Tengo la novela de Ramón Buenaventura, El año que viene en Tánger, Debate 1998. La página 211 comienza con un poema de León Aulaga, el personaje de la novela, en el que se menciona de pasada a Rimbaud…“buscando los canales de Rimbaud por Copenhague, llorando por la muerte del caos en la ciudad de México”… Escribe Marchamalo que a partir de 1874 se pierde el rastro del poeta para reaparecer en una huida permanente en busca de no se sabe bien qué.