Andaba yo mohíno, no tanto triste como disgustado, perder una apuesta aunque sea hipotética y no realizada es cosa que me irrita. Las apuestas sobre lo azaroso, lo fortuito, no me interesan, no compro lotería. Aquellas, en cambio, donde hay sesgos, y un mayor conocimiento, un mejor conocimiento, y ciertas habilidades y destrezas adquiridas, permitan barruntar de manera fundada al apostador astuto cuál será el curso de los acontecimientos son mi violín de Ingres desde chaval, por eso no estaré jamás delante de una tragaperras en el casino pero sí jugando chiribito en cualquier lado y si juego algo sujeto al puro azar es, si acaso, punto y banca, quizá porque es el único juego en el que los malvados croupiers mantienen sus manos alejadas de las cartas y los toquiteos del sabot son cosa del jugador.