Las estaciones
Querido jefe Robus,
Retomo el artículo de los jueves y de paso aprovecho para desearle feliz y próspero año nuevo. Bien sé que lo dicho es una fórmula, pero observe que está llena de contenido.
Querido jefe Robus,
Retomo el artículo de los jueves y de paso aprovecho para desearle feliz y próspero año nuevo. Bien sé que lo dicho es una fórmula, pero observe que está llena de contenido.
Jefe Robus,

Pasado ya el duro trance de la resaca y las veinte horas de cuartelillo, me apresuro, jefe, a redactar la primera crónica del año desde el barito.
Jefe Robus,
Referente a lo de las sábanas, pues sí, oiga. La Bruja de los ultramarinos, Etelvina y yo misma estamos por la labor de correr los riesgos de la aventura. No así la otra prima, que vive esclava de su sobria elegancia, su serena ataraxia y su infinita sosez.
Jefe Robus,
Hemos estado tentados de inventar una historia mentirosa para explicar los pormenores del hecho sucedido. Afortunadamente no lo hemos hecho y cuanto contamos fue tal que así, tan real como si fuera, además, veraz y cierto.
Jefe Robus,
¡Cuanto me alegro de que me hayas recordado la estupenda opción de naufragar en geografías desconocidas en mis próximas vacaciones!
Jefe Robus,
Jefe Robus, le cuento lo del jueves:
Mis amigos y yo estamos quedando también cada día y noche para seguir la evolución de una carrera que se nos antoja apasionante.
Jefe Robus, no soporto los agujeros del tiempo ni tampoco sus dobleces.
Esta mañana, tras uno de los más graves altercados anuales del tiempo contra sí mismo, he bajado, como hago en días de tribulación, al puerto. En la palidez de la mañana, los retazos de niebla parecían desconchados en las paredes de una habitación con mar.