Las formas de lo imaginado
Recordemos:
Recordemos:
Jefe Robus, no soporto los agujeros del tiempo ni tampoco sus dobleces.
Esta mañana, tras uno de los más graves altercados anuales del tiempo contra sí mismo, he bajado, como hago en días de tribulación, al puerto. En la palidez de la mañana, los retazos de niebla parecían desconchados en las paredes de una habitación con mar.
Acabo de recibir un emilio alarmante, dice así:
Prima,
El tibio sol de la mañana, el café de siempre. Etelvina charlando con Abacanto. Yo, leyendo y escuchando.
Se quedó dormida en un banco y la despertó el viento frío de la tramontana soplándole las meninges. Lo mismo le daba frío que fuego y fiesta que mal humor. Hubiera podido regresar a casa paseando tranquilamente aquella leve resaca y encontrarse con mi insomnio en el barito del Fulgen para quitarme el periódico y beberse mi café.
Pero no.