Así pues, dichos por sí mismos, los verbos son nombres y significan algo –pues el que habla detiene el pensamiento, y el que escucha descansa-, pero no indican en modo alguno si existe algo o no; en efecto, ni siquiera ser o no ser es signo de la cosa real, por más que diga lo que es a secas. En sí mismo, en efecto, no es nada, sino que cosignifica una cierta composición, que no es posible concebir sin los componentes.
Aristóteles, Sobre la interpretación, 16b20.