El camino de salida
Carta XVIII
Salimos de la inmensa sala subterránea mi paraguas y yo y nos siguieron los árboles pétreos, los animales precámbricos, las sabandijas, las aves y los murciélagos. A la zaga venía también La Taún, esa ciudad desesperante que me sigue adonde quiera que voy y en cuyo subsuelo me hallaba.
La Taún en sus entrañas tiene la forma de una bola de papel arrugado y lleno de intersticios, son los fragmentos perdidos de la sexta dimensión o de la séptima, que, habiendo tantas dimensiones como dicen que hay, no quisiera yo meter la pata.








