Carta X

He buscado, al viajar a La Taún y en todas sus peripecias, un mundo sobrio y coherente en el que guíen mis pasos la razón y el buen sentido común y todo cuando he hallado y entendido me maravilla.
Sin embargo cuanto dejé atrás vive en mí y yo, como cantaba el hombre del barrilito, “lo siento detonado en mi piel”. Es la añoranza. A veces temo que mis cartas sean como el grito silencioso de uno de esos demediados del desierto que buscan clavar sus uñas en el cielo para arrancarse así de la tierra y caminar. Entonces me pregunto si la existencia del elaisa, del hombre del barrilito, del Buhonero, de Cudal, de Amador, de la troupe de los feriantes con su Melquiades equinoccial o de la misma Taún con su obstinada periferia garantizan mi cabal cordura mejor que el barito del Fulgen, Abacanto, la bruja de los ultramarinos, Etelvina, los tahúres de la Tennessee Belle o tu misma.
Ahora, en verdad, no sé si te escribo cartas o si estoy perdiendo el tiempo. Hoy, maldición, estoy de mal humor y tu presencia constante en el trazo de mi pluma, me molesta.
Bueno, sigo con la carta.