La indignación global. Nuevo ciclo de protesta y movilización

Las últimas movilizaciones de jóvenes occidentales indignados datan del verano de 2001. Un buen artículo que glosa estas protestas se titula ‘Los de Seattle’, está firmado por Ralf Dahrendorf. La cantinela de entonces suena hoy con plena vigencia:

"En general no es fácil adivinar qué quiere la gente de Seattle. Sus exigencias son una mezcla de odios e ilusiones mal considerados. Están contra el comercio libre y a favor del Tercer Mundo. Están contra Europa y a favor del Protocolo de Kioto. Están contra Estados Unidos y a favor de la dulzura y la luz. Ante todo, están enfadados."

En septiembre vendrían los ataques de Al Qaeda al World Trade Center y al Pentágono. La lucha contra el terrorismo eclipsa todo lo demás. Estados Unidos inicia una guerra global y ya el único espacio para la indignación juvenil occidental es para manifestarse por la paz. Diez años de siglo XXI en los que alcanzamos el clímax de un ciclo económico y descendemos vertiginosamente por la curva de una larga depresión; una década dominada por el auge de un invento, Internet, que nos transporta a una nueva era histórica.

Amanece el año 2011 y estallan las rebeliones populares en el mundo árabe. Al poco, Estados Unidos se cobra su ansiada pieza: Bin Laden es eliminado. El terrorismo internacional sigue completamente activo, pero Occidente ya ha aprendido a convivir con la alerta permanente. El termómetro de la preocupación por la economía sube sin parar. La fiebre por la seguridad ya no concentra el foco, aunque persiste; ahora son los mercados financieros y el desempleo quienes protagonizan las noticias.

Emergen entonces los movimientos de protesta, que los medios nos presentan como renovadores y originales. Como escribió Dahrendorf, no es fácil adivinar qué quiere esa gente. Acaso, simplemente, buscan vivir la experiencia de la concentración heterodoxa y el acantonamiento de la multitud, el fragor adolescente del debate asambleario, la vindicación de una sociedad mejor. Los sistemas políticos avanzados tienen mecanismos para deglutir y hasta instrumentalizar estas protestas. Cosa distinta son los regímenes autoritarios árabes, diseñados para la ciega obediencia, sin la cual se vienen abajo.

Más allá de esa experiencia, en la que la propia movilización se convierte en el objetivo (y no en el repertorio de acción para conseguir unas metas), apenas hay nada. La mera indignación jamás ha conseguido el cambio social y político. Es la cólera lo que puede subvertir el orden, alterar el sistema. El problema es que Europa no entra en cólera desde hace más de ciento sesenta años.

Comentarios

#1 Imagen de sergi0

La mera indignación jamás ha conseguido el cambio social y político.

¿Es que acaso se quiere eso, un cambio social y político?

#2 Imagen de Santo

Estimado Sergi0

Leo en El Mundo que una de las cosas que quieren los acampados es cambiar la ley electoral. Al menos es una demanda concreta. A mí personalmente, para España, por su configuración territorial, me parece que el sistema D'Hondt es el más adecuado. Sí coincido, por supuesto, en que deberíamos tener listas abiertas para el Congreso (como ocurre con el Senado).

Dicho esto, lo que me interesa de esta protesta, y sobre todo lo que me asombra, es su ausencia de crítica directa hacia el Gobierno. Que sea un movimiento, aunque heterogéneo, mayoritariamente de izquierdas no es óbice para que el actual Gobierno del PSOE no se convierta en una de las dianas de la "indignación". Yo, que suelo echar mano de la historia (porque creo que es requisito esencial para analizar el presente), no encuentro precedentes de esta circunstancia. En ese sentido, la actual protesta no tiene parangón. Conceptualmente es alucinante, estrambótico.

¿Cómo explicarlo? No me gusta lo que voy a decir, pero cada vez encaja más. Algunos antropólogos hablan de la vida social como simulacro. La analogía con los acontecimientos de Egipto, en la plaza Tahrir, empiezan a resultar evidentes. Concluía en mi pequeño artículo que los acampados de Sol buscaban la experiencia. Si esto es así (ojalá que no), lo que tenemos en el centro de Madrid es un bonito simulacro posmoderno, una imitación desde la sociedad opulenta de las rebeliones populares de los jóvenes árabes. 

#3 Imagen de sergi0

"El Mundo" y otros periódicos están como locos intentando encontrar algo que contar sobre lo que piden los múltiples y anónimos protagonistas de este fenómeno. La noticia que enlazas es una plasmación de esas ganas, pero mucho me temo que debajo no hay nada. Si vas a la fuente que cita esa noticia lo único que se puede leer es un minimanifiesto con ideas generales que podría oirse en cualquier concurso de belleza, con la única excepción de la petición de liberatad sin cargos de los detenidos el pasado domingo. Congregar a mucha gente en torno a un "no", en torno a una "queja", es fácil. Más dificil es luego dirigirse a algún sitio con toda esa gente. Decidir en común que queremos un cambio es fácil. Decidir a qué se quiere cambiar es complicado y, en general, desalentador y frustante para quien intenta proponer algo.

Yo tengo claro que la movilización está vacía de contenido. Más después de leer tu artículo, y el de Dahrendorf de 2001. También tengo claro que muchos periodistas y políticos de todos los signos temen que la explicación que das en tu último párrafo sea la correcta. Pero también tengo claro que el que se haya iniciado sin contenido no impide que se pueda ir dotando de un objetivo concreto, con una estrategia definida y una táctica puesta en práctica, que es lo que realmente ansían en la redacción del El Mundo. Al fin y a al cabo nigún periodista o político relevante se pueden permitir el lujo de decir  que quizás estas personas solo quieren vivir una experiencia.

 

#4 Imagen de Landaburu

"Sus exigencias son una mezcla de odios e ilusiones mal considerados. Están contra el comercio libre y a favor del Tercer Mundo. Están contra Europa y a favor del Protocolo de Kioto. Están contra Estados Unidos y a favor de la dulzura y la luz. Ante todo, están enfadados".

 

Con mi persona que no cuenten...

 

Liberal siempre

#5 Imagen de JB sin alcohol

"A mí personalmente, para España, por su configuración territorial, me parece que el sistema D'Hondt es el más adecuado." (Santo dixit). Pues podrías justificarlo un poco más. Imaginemos una circunscripción electoral con 4 puestos a repartir. Tres listas. Lista A 30.003 votos. Lista B 10.001 votos. Lista C 10.000 votos. Reparto según D´Hont. Tres puestos para A, y uno para B. ¿Te parece adecuada la distribución? El sistema D´Hont es un horror de sistema para circunscripciones de menos de 10 puestos a repartir, curiosamente la mayoría de las circunscripciones electorales en este país no llegan a esos 10 puestos (hablando de elecciones generales). Sistemáticamente se sobrerrepresentan dos opciones y se infravaloran los votos de entre un 10 y un 20 % de la población (en algunas circunscripciones más). Sin cambiar la Constitución (establece que la circunscripción electoral ha de ser la provincia), se pueden hacer algunos ajustes, pero nadie parece interesado (sobre todo PSOE y PP, los grandes beneficiados del tinglado).

 

Un saludo

#6 Imagen de sergi0

Cualquier sistema de reparto proporcional es un horror cuando hay pocos puestos a repartir. No culpes al pobre D'Hont, que su sistema es, desde mi punto de vista, bastante acertado. El problema es de los señores candidatos, que no son capaces de fraccionarse.

 

P.D.: En tu ejemplo un reparto 2,1,1 sería igual de horroroso, y un solo voto haría que la situación bailase entre un horror y otro.

Desde mi punto de vista, las circunscripciones deberían ser las autonomías, y el número de diputados en cada una de ellas debería ser impar.

#7 Imagen de Santo

Saludos, JB

El sistema D’Hondt genera injusticias de algún tipo. Claro, ¿y cuál no? Si juego a la Lotería Primitiva, con 6 aciertos gano más de dos millones de euros; con 5 aciertos, sólo cien mil euros. En la Liga de fútbol se concede 3 puntos al equipo que obtiene la victoria; 1 al que empata. Las cosas suelen funcionar así cuando hay una competición por distribuir algo: el ganador gana. Para efectuar una asignación equitativa y razonable de un premio no haría falta ni contienda ni rifa, bastaría un reparto concertado y justo.

Y hecha esta reflexión darwiniana de lo puta que es la vida, voy al lío. Los sistemas electorales tienen como misión traducir votos en escaños. Nuestra representación política se cuenta en asientos parlamentarios, no por el número de papeletas que introducimos en las urnas. Somos una democracia todavía imberbe, haríamos bien en desmitificar el voto como acto supremo que consagra nuestra libertad y fijarnos un poco más en lo que viene después: la vigilancia y el control de lo que hacen los políticos en sus puestos.

¿Sobrerrepresentación? Sí, tienes razón. Pero no sólo de los dos principales partidos (PP y PSOE), sino también (y he ahí la clave) de las formaciones nacionalistas periféricas. Los que quedan jodidos son el resto de partidos (IU por ejemplo). ¿Por qué opino que este sistema me parece adecuado? Porque España está integrada por distintas nacionalidades y regiones (artículo 2 de nuestra Constitución) y me parece que la ley D’Hondt posibilita que esas “nacionalidades” y “regiones” tengan una participación política de peso.

He votado varias veces a IU y soy de Madrid. Por tanto esto no lo he escribe un periférico. Me repatea el PNV, detesto a CiU y los partidos independentistas radicales me revuelven las tripas. Pero, entiendo que la democracia parlamentaria se basa en el juego de pactos y arreglos políticos entre distintos partidos. Las mayorías cómodas no me gustan; las mayorías absolutas me horrorizan. Sin embargo, una multiplicidad exagerada de formaciones con escaño haría ingobernable la nación, que es lo que ocurriría con un sistema electoral totalmente justo y proporcional.

Kiko Llaneras, al que he citado otras veces, ha escrito con datos sobre estos rollos de circunscripciones, votos y representatividad.
 

#8 Imagen de Pablo

La reflexión de Santo sobre la cólera y la indignación me parece absolutamente acertada. La única posibilidad (muy remota) de que este movimiento no se esfume en la nada es que mañana sábado desalojen a los concentrados de la Puerta del Sol a palos. Si hay un montón de detenidos y contusionados tendrán una mínima posibilidad de sobrevivir. Sabiendo que lo que mueve a esta gente es básicamente un sentimiento de frustración y desánimo sin ninguna concreción, en principio tienen todas mis simpatías. Si mañana los apalean, habrán triunfado.

P.D. No entiendo porqué al PP este movimiento le desagrada. Hace 15 dias Pons salía por televisión animando a los españoles a seguir el ejemplo de los egipcios.

#9 Imagen de Santo

Ando investigando otro tipo de plazas públicas, las redes sociales en cuanto mercado conversacional que ha modificado determinadas prácticas de consumo, y no puedo evitar sentir esa curiosidad por la toma de plazas físicas que encabeza la actualidad.

La tentación de rescatar las referencias al ágora clásica, como espacio de reunión de ciudadanos, es grande y casi automática. Y sí, ahí radica el origen. Pero, a poco que escarbemos nos daremos cuenta de la necesidad de superar la emoción hipatiana (mola mucho más Rachel Weisz como egiptóloga secuestrada por la Momia que como filósofa de cuerpos celestes), aunque permaneciendo en la orilla Sur del Mediterráneo.

¿Por qué la plaza? ¿Qué significado tiene en nuestro tiempo? El sociólogo marroquí Mohamed Boundi firma un artículo breve que, a mi juicio, ofrece las claves de lo que se ha convertido en el último reducto de la cultura popular. Este autor se centra en Marruecos, donde la halqa, la plaza, persiste como espacio público de la multitud.

Una serie de características socioculturales que se identifican en los países de la orilla Sur del Mediterráneo explican por qué han sido las plazas:

• La halqa árabe, sobre todo en el Magreb, sigue funcionando como kilómetro cero de la ciudad, punto central físico y simbólico que concentra la significación política, cultural y turística.

• La halqa árabe es un espacio de comunicación, donde se escenifican cuentos, juegos de rol, un teatro en el que se representan tareas de la realidad cotidiana. La censura de Internet o el pobre contenido de la TV da alas a esta actividad de la plaza.

• La proximidad física o distancia personal resulta mínima, y es típica en estas zonas: personas que no se conocen comparten un mismo espacio abarrotado, casi en constante fricción, algo que los occidentales, especialmente los de muy al norte, no comprenden ni aceptan.

Madrid recoge la tradición árabe procedente de la otra orilla del Mediterráneo y aporta una doble ruptura con lo que era el carácter machista de la halqa (dominada por los hombres) y su perfil prototípico de analfabetos y marginados –unos cambios que ya empezamos a ver en las rebeliones populares de Túnez y Egipto.

¿Qué es lo que sucede en la Puerta del Sol, a diferencia de la orilla Sur del Mediterráneo? Pues, sencillamente, al tratarse de protestas imprecisas y generales, que en ningún caso pretenden derribar el régimen ni al gobierno, lo que hay es una imitación cultural, una vivencia juvenil y de masas del último espacio público con resonancias políticas que perdura –que a fin de cuentas es el mismo que tenemos por aquí desde hace más de dos mil quinientos años: la plaza.