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ESPERANZA AGUIRRE REÚNE UNOS "HOMELESS" E INAUGURA LA "FASHION WEEK"

Pela la Cebolla — Mar, 09/09/2008 - 08:52

 

Todo apunta a una trampa preparada por el malvado Rubby Alcaba. La condesa de Murillo y funcionaria de turismo y presidenta de Madrid ha sido engañada una vez más por el ladino químico que dirige el Ministerio del Interior.

Robus, nuestro redactor-jefe de Cosmética & Moda, está indignado. Comprensible en una persona como Robus, de gusto exquisito y autor del super-ventas "Lo que lleva el hombre bien vestido" (ed. La Cebolla, 96€, 42ª edición, 6.000.000 de ejemplares vendidos, traducido a 32 idiomas).

La Espe cayó en la celada del astuto Rubby Alcaba (foto derecha). Rubby deslizó el rumor - que llegó a oídos de la Sra. Aguirre - de su asistencia como ministro del Interior a un acto en el pabellón 6 de Ifema (el recinto de ferias y muestras de Madrid). Según el rumor propagado, a las 5 de la tarde hablaría Rubby en dicho acto a una serie de oenegés sobre el problema de los homeless o personas sin hogar en la comunidad de Madrid.

Esperanza Aguirre picó en el cebo lanzado por el sagaz Alcaba y parece que dijo exaltada

- Ningún socialista se mea en mis dominios, ¡a mí no me marca nadie el territorio!

Y ordenó dos cosas, a su consejera de Asuntos Sociales que reclutara a lazo un par de docenas de pobres y desharrapados de las calles de Madrid, cuanto peor vestidos mejor, y al Director de Ifema que fijara el acto a las 16:30, media hora antes de la hora prevista para la presencia de Rubby Alcaba. De esta forma la condesa funcionaria de Turismo y presidenta de Madrid se adelantaría dando a Rubby en las narices.

Craso error.

El acto era en realidad la inauguración de la Fashion Week, la semana de la moda de Madrid. Y Esperanza se presentó con un par de docenas de personas, como se observa en la foto, vestidas todas ellas de forma zarrapastrosa. El barbudo de la izquierda es Manolo, un joven con mala suerte en la vida que pide limosna a la puerta del mercado de Maravillas, el anciano de la boina, con la camisa abrochada hasta el último botón, es Ramón, vende La Farola en la boca del metro de la calle Goya, la señora rubia de bote del centro vestida con un mantel cosido a unos retales de colorines por ella misma se llama Ágata, al parecer tuvo tiempos mejores, y a su derecha está Loli, en pantuflas caseras, vaqueros remendados y una chaquetita negra que recogió de un contenedor, Loli, asustada, cruza los brazos con timidez para ocultar los tatuajes de las muñecas.

El público, integrado por lo más granado de la alta sociedad madrileña y que esperaba asistir al glamour y sofisticación de la alta costura se quedó perplejo. En lugar de top models una banda de harapientos ocupaba el escenario.

Una trampa más de Rubby Alcaba, engañando a Espe con su felonía. El ridículo de la Aguirre hablando en un acto de haute-couture rodeada de zarrapastrosos fue la comidilla.

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