PELEA DE SEÑORAS

Sonó el gong y comenzó el combate. A mi izquierda, Rosa Montero, La Reina del Desamor, 57 años y 57 kilos. A mi derecha Almudena Grandes, La Madre de Lulú, 47 años y 200 kilos. Lugar del combate, la última página del diario EL PAÍS, ¡gong!,  fight!

Los lectores de  recordarán que la Grandes publicó hace dos lunes un artículo que la dejó en el más completo de los ridículos. Tan espantoso fue que el propio diario publicó una rectificación y obligó a la púgil Grandes a escribir una disculpa. Almudena hizo tres cosas mal. Por orden de importancia, no saber ni dividir, malo, escribir como propio algo de otro, peor, no leer el periódico en el que publica y donde se gana las habichuelas, pésimo.

En el tercer nivel de la vergüenza, no leer su propio periódico, ni siquiera la última página donde ella misma publica los lunes, la peso-pesado Grandes mezcló sin saberlo a Rosa Montero. En la rectificación insertada por EL PAÍS el periódico recuerda a sus lectores que

Este cálculo erróneo ha sido difundido por Internet desde hace unas semanas y ya fue objeto de una reflexión de Rosa Montero en una columna titulada 'El tópico', que apareció también en la última página el 23 de diciembre de 2008, y en la que la escritora subrayaba el éxito que estaba teniendo en la red a pesar de que 'la cuenta está mal hecha'

Los subrayados son nuestros.

Hoy martes, una semana después, Rosa Montero y EL PAÍS ejecutan su venganza. Un plato que se come frío. Y ridiculiza la Montero a Almudena Grandes con una columna en la última página que prácticamente es un calco satírico de la tontería que escribió la Grandes copiándola de por ahí. Pero con las cifras bien hechas. La Montero contrató un astrofísico de la NASA para verificarlas. ¿Están bien?.

No ha acabado el combate. Veremos el siguiente round. La Grandes tiene una pegada potente. Aunque el primer asalto lo ha ganado de lejos la Montero. A lo mejor entrena en el gimnasio donde enseña Pablo Huracán  Navascués, grandísimo boxeador y mejor persona. Si quieres aprender boxeo que te entrene Huracán, nadie como él.

 REDACCIÓN