"En estos momentos, a las puertas de la gran conferencia sobre cambio climático de Naciones Unidas, en Copenhague en diciembre, los diversos lobbistas despliegan todos sus medios. El alineamiento de fuerzas, siempre en Estados Unidos, es el siguiente: a favor de los grupos de interés industriales hay 2.349 lobbistas en tanto las huestes ambientalistas suman 314 individuos. El campo de los defensores de las prerrogativas del gran capital se subdividen así: 784 por el sector industrial, 484 pro las generadoras y distribuidoras eléctricas, 319 por el petróleo y el gas, 260 por los sistemas de transporte, 188 por las empresas vinculadas al agro, 159 a favor de Wall Street y del sistema financiero, una centena por la minería y el carbón, 91 por las compañías constructoras y de ingeniería. Del otro lado los oponen 176 lobbistas que focalizados en temas ambientales y de salud pública, a ellos se suman otros 138 dedicados a promover las energías alternativas. Estas son las personas que realizan activismo para cada grupo señalado y los sectores establecidos superan en una proporción de uno a siete a los ambientalistas. La asimetría es aún mucho mayor si se consideran los fondos con que cuenta cada cual. Por ejemplo la American Colaition for Clean Coal Electricity, que agrupa a varias empresas eléctricas, minas de carbón, ferrocarriles e industrias gastó el año pasado casi diez millones de dólares en su activismo en el Congreso y la Casa Blanca.

Ha sido dinero bien gastado por parte de los grandes grupos económicos pues han logrado persuadir a un sector importante de los estadounidenses que el calentamiento global es una amenaza remota. En una encuesta reciente el cambio climático figuró en el lugar veinte entre las preocupaciones de los encuestados. Tan solo 30 por ciento respondió que el aumento de las emisiones y las temperaturas del planeta constituían una prioridad importante. Esto se compara con 38 que la consideraban como una amenaza en 2007. Consultados sobre la importancia de proteger el medio ambiente 41 por ciento de los estadounidenses respondió que era importante contra 57 por ciento hace dos años. En este sentido Estados Unidos camina en una dirección contraria al resto del mundo."

 

Si a todo esto añadimos que casi todo el grupo republicano no quiere ni oír hablar del tema y otro tanto ocurre con buena parte del demócrata y que hasta el gran paladín Obama ha dado marcha atrás, queda claro que USA no va a firmar ni en Copenhague ni después, por muchas prórrogas que acuerden, nada que, además de perjudicar su economía, va en contra de su opinión pública. Y si USA, 25% de las emisiones, no entra ¿quien va a entrar?