
Ted Kennedy (R.I.P.), portada del Saturday Evening Post, Junio de 1965, Ted for President?
Ha muerto Edward "Ted" Kennedy, miembro de la conocida familia y, en el momento de su muerte, el tercer senador en la historia de los EE.UU cumpliendo más mandatos en el Senado, nada menos que nueve veces. Su fallecimiento confirma mi teoría de que las tres Parcas mitológicas, la que hila, la inflexible, y la que asigna el destino, no son suficientes
. Clotos, Láquesis, y Átropos, cesan en sus actividades y dejan de enredar cuando sucede la muerte. Pero incluso después de la muerte ocurren cosas, efectos inesperados, cuya causa es precisamente el muerto. Quizá haya otra Parca desconocida.
La muerte de Ted Kennedy pone en grave riesgo - para los demócratas- la aprobación de la ley del clima en el Senado. Si no se aprueba, como yo deseo, los EE.UU y el presidente Obama llegarán a la conferencia de Copenhague con las manos vacías. Como yo deseo. Ted Kennedy lo sabía. Si quieres aprender como Ted - un político de raza que a mí me producía repelús- planeó maniobrar incluso después de muerto sigue leyendo. Un voto crucial puede haberse perdido. ¿O no?.
Si no recuerdo mal, hace años un senador por Massachusetts - el estado de Ted - abandonó el Senado, no dispongo ahora a mano de la razón, probablemente sería grave enfermedad, escándalo, fallecimiento, o algún puesto en la rama ejecutiva incompatible con lo senatorial, da igual. En esa época la ley del Estado preveía la sustitución de ese senador por un interino hasta que llegaran las nuevas elecciones al Senado. Era el sistema y la elección del interino quedaba en manos del gobernador del estado, a la sazón un republicano, todo indicaba que el interino elegido para la cámara alta de los EE.UU por el gobernador sería otro republicano.
A Ted Kennedy aquello le causaba irritación. Que el segundo senador por Massachusetts, aún de forma interina, fuera un republicano era un insulto. Cabe resaltar que para ser senador hay que tener al menos 30 años y esa fue la edad con la que Edward accedió al cargo que ya no abandonaría hasta morir hace unos días, por lo que ese sentimiento vitalicio de Massachusets=senadores-demócratas llega a ser comprensible si se conoce la influencia de los Kennedy en un estado que tiene garantizado por el sistema americano, igual que los demás estados, sus dos senadores, pese a ser el decimoquinto en población y el cuadragésimo cuarto en extensión.
A Ted se le ocurrió una idea. Cambiar la ley. Que el interino fuera elegido a dedo por el gobernador era anacrónico y poco demócrata, dijo. Y lo consiguió. Se cambió la ley. Y el Estado de Massachusetts pasó a resolver estos casos convocando unas nuevas elecciones para el Senado cuando por cualquier causa uno de sus senadores lo abandonaba sin haber terminado su mandato.
Ahora está en juego la aprobación en el senado de la ley Waxman (por el nombre del congresista que la promueve), aprobada en el Congreso y que recoge una demente legislación climática, en algunas cosas calcada de la vesania climática de la UE.
Cada voto demócrata cuenta. Los demócratas saben que tienen muy difícil, Obama incluso lo ha reconocido públicamente, aprobar la ley Waxman sobre medidas para el cambio climático que pasó de forma relativamente fácil en el Congreso . [consultad mi post del mes de junio, Cambio climático, informe Senado USA]
Y como cada voto cuenta y Ted sabía ya que se moría se preguntó ¿quién me sustituirá en el Senado?.
Revisó la ley de su estado. Y se dio cuenta de que él había logrado cambiarla, influyendo hace años para que el interino sea elegido por votación.¡Maldita sea!. La situación política en Massachusetts es tal que Ted no se quiso engañar. De someter a votación el senador interino sale un maldito republicano
, que votaría No en el Senado a la ley Waxman
. En el mejor de los casos no daría tiempo ni siquiera a cumplir los plazos legales de las elecciones y el puesto de senador estaría vacío al llegar el momento de votar la ley. ¡Maldita sea!. ¿Qué hacer?. Muy fácil.
Cambiar la ley. ¡Otra vez!.
Ted Kennedy escribió una carta el 18 de agosto pasado al gobernador de Massachusetts. En la misma le sugiere volver al sistema de nombramiento del interino - sabiendo él que se moría - a dedo.
A ser posible un demócrata. Y siendo un político de raza propone él mismo la candidata interina y demócrata ideal:
- Su mujer, Vicky
o, más formalmente, Victoria Reggie Kennedy
Ted reconoce en la carta - entre eufemismos - que tiene mucha cara dura, porque se da cuenta de que decía lo contrario hace años. Pero dice que ahora es por el bien del país.
Y abiertamente confiesa que si no se cubre esa plaza de forma inmediata con un demócrata habrá un voto menos en el Senado para la ley del clima y la ley de reforma del sistema sanitario, dos pilares de la política prometida por Obama.
Este es el político de raza real, un tipo al que no le importa hacer trampas. Y lo dice.
Contrasta con la hagiografía que ha inundado nuestros medios de comunicación.
¿Logrará incluso muerto alcanzar sus fines?.
Lo dicho, hace falta una cuarta Parca
Buen fin de semana a todos.
b.
Comentarios
#1 El sistema veneciano
En todas partes cuecen habas, y a veces bien gordas, por eso no me resisto a traer a colación el peculiar modelo electivo de la Serenísima República de Venecia diseñado precisamente para evitar la patrimonialización del poder.
En un ambiente enervado de libre empresa, los venecianos habían desarrollado un temor casi patológico a que una persona pudiera de algún modo obtener el control de la República. Seis siglos antes de que Lord Acton advirtiera que "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente", eran muy conscientes del peligro, por lo que idearon un procedimiento de elección Ducal que muestra hasta que extremo llegaron para evitar que el poder se perpetuara en manos de unos pocos.
El día de la elección, el miembro más joven de la Signoría salía a la Plaza de San Marcos y tomaba al primer muchacho que encontraba, "el ballotino", para sacar las papeletas. En la primera extracción en presencia del Gran Consejo, -que llegó a tener dos mil miembros-, se escogía a treinta, y en segunda vuelta a nueve. Esos nueve elegían a otros cuarenta debiendo tener cada uno siete votos. En una nueva tanda de extracciones éstos se reducían a doce, cuya tarea era escoger a veinticinco miembros que debían tener por lo menos nueve nominaciones cada uno. Estos veinticinco volvían a reducirse a otros nueve que, a su vez, elegían a cuarenta y cinco, con un mínimo de siete votos por cabeza, de los que el ballotino escogía once nombres. Estos once tenían ahora que votar a cuarenta y uno, con nueve votos como mínimo, los cuales finalmente recibían el encargo de elegir al Dogo.
Pero todo lo anterior no era más que el comienzo. Reunidos en cónclave, aislados y vigilados día y noche, cada elector escribía el nombre de su candidato en un papel y lo depositaba en la urna. De ahí salía la lista de candidatos cuyos nombres se depositaban en otra urna de la que se extraía uno. Si estaba presente, el nominado debía retirarse a otra sala junto con todos aquellos electores que compartieran apellido, mientras los demás debatían su conveniencia para el cargo. Concluida la discusión regresaba para responder a preguntas o defenderse de acusaciones. Por último se celebraba la votación final. Si obtenía los veinticinco votos necesarios era declarado Dogo, de no ser así, se extraía otro nombre y vuelta a empezar.
No hay más que contemplar la magnificencia de Venecia y releer su historia, para apreciar que efectivamente consiguieron, no solo elegir a los más capaces, sino además trasmitir el poder libre de hipotecas a través de generaciones y centrarse en sus intereses.
En España sin llegar a este extremo, algo habría que hacer para mejorar la representatividad del sistema. Por lo menos en EEUU las votaciones no son el calco de la proporción partidista, si bien, pensar que obedecen exclusivamente a la cercanía con el votante puede ser una ingenuidad.
Un saludo
J.
#2 Carajo y Caradura
Carajo y Caradura.....hasta la Sepultura.
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