Deconstruyendo a Dulcinea

Mar, 22/04/2008 - 00:45 -- Santo

Aunque soy un bocazas, sé guardar ciertos secretos. Por eso en este post hablaré de casos, apelando al viejo pero socorrido prejuicio de la bata blanca y evitando el tono de crónica rosa.

Pues bien, conozco varios casos muy pero que muy curiosos sobre transferencia de personalidad en matrimonios. La causa: un ordenador conectado a Internet. El escenario es el siguiente: uno de los dos (él o ella) es un viciado de Internet. Se pasa las noches en la Red, sólo Dios y la CIA sabrán haciendo qué; también los ratos libres, también ratos que no son libres.

El otro (ella o él) odia Internet, porque considera que ese invento ha enganchado a su pareja y que al otro lado del monitor, en chats, foros y blogs, sólo puede haber infidelidad, pornografía y sandeces. La cotidianeidad doméstica desciende un nivel de complejidad, paulatinamente se pasa de la convivencia a la coexistencia.  

Pero la narrativa de la sociedad telemática se articula en tirabuzones, como el pelo de una quinceañera. O para poner un símil menos delictivo, como el bucle abierto de un infinito sin cerrar.


Ocurre, a resultas de ello, que uno (él o ella) se va cansando de Internet, desencantando. Ignoro si primero llega el desencanto y después el cansancio, si viceversa, si van de la mano. Al mismo tiempo, el otro (ella o él) va interesándose por el objeto, el tótem edificado a base de megas.

Compete a la cibersociología dar (y darse) cuenta de semejante proceso. La incorporación a Internet de un ejército de conversos, gente que procede del otro lado del espejo, personas descuidadas por sus parejas, consumidores de prime time televisivo o lectores de lamparita en la mesilla y manta eléctrica. El alejamiento de Internet de la primera y segunda generación de adictos, aventureros con auténtica necesidad de interaccionar, colonizadores con espíritu para fundar.

En Literatura, un proceso análogo adorna una obra universal. Mucho se ha estudiado acerca de la quijotización de Sancho Panza y la sanchificación de Don Quijote. Al menos, caballero y escudero recorren juntos el itinerario de andanzas. En nuestro contexto, las parejas caminan en direcciones opuestas bajo el mismo techo de escayola.

Comentarios

#1 -

Hay una peli (de la época de Otan no, bases fuera, etc) de Doris Dörrie titulada männer, männer (hombres, hombres) que siendo pre-interné abunda en lo que comentas y te recomiendo te consigas por divertida. Un tipo de éxito, Julius, tiene todo lo que se puede pedir: dinero, éxito, su familia, sus amantes.Un día en su duodécimo aniversario se entera de que su mujer Paula tiene un amante: Stefan, un hombre de su misma edad y diseñador gráfico en paro – un hippie en los ojos de Julius.

Su mundo se derrumba. Finge que tiene que ir de viaje pero se queda en su ciudad y observa a Paula y Stefan. Stefan echa a su anterior novia de su piso y busca una nueva persona para compartir. Julius se presenta para la habitación vacía y Stefan, sin sospechar nada le acepta para compartir piso.

Julius está empeñado en conocer a Stefan para descubrir los puntos débiles del adversario. Cuando Stefan le confiesa en estado borracho que no le disgustaría ganar dinero y hacer carrera, Julius sabe como actuar. Porque le cae bien. Le coloca y Stefan comienza a ganar mucho dinero y a convertirse en Julius. Este, en cambio, inicia su vuelta a lo hippy, y a vivir como Stefan, que es lo que realmente siempre le gustó…..

En cuanto a Paula y como termina,….mejor que la veas :-)