Eutimio

Eutimio cantaba Get Ready de Rare Earth al afeitarse. Durante la partida, que duró toda la noche,  bebió poco y a pesar de no dormir se encontraba en forma.

Su amigo el marqués tenía razón. Siempre tenía razón el marqués. Vaya panda de primos se había sentado a la mesa. Ni tenerlas sabían. Ignorantes de lo que les esperaba. El marqués y él se comportaron con extrema cautela porque la caza menor se espanta fácilmente. Lo primero era echar de la mesa al polaco. Significaba un peligro pero andaba tieso de dinero y Eutimio a la hora de comenzar a jugar le dio un estacazo en la quinta carta. El polaco se había quedado con una trucha y apostó el cajón. Perdió y dejó la partida.

Con el campo libre llevaron cuidadosamente del ronzal al resto de los primos que a las 5.30 de la mañana estaban completamente limpios -  ¡y con ganas de repetir !.  No contó el dinero pero era una pasta.

Se atildó con el mimo habitual – se sabía guapo – y se fue a recoger el coche. Antes pasaría a desayunar por el Pousin.

Era su primer día de Universidad.   

Comentarios

#1 -

Que eso, que más y con queso!

Me recuerda a Lo mejor que le puede pasar a un croissant...

 

¿y la rubia? ¿ande para?

happy night.

#2 -

Eutimio Keusses llegó tarde a su primer día de clase en la universidad. Después del bar Pousin paró en el palacete de la calle Jenner para dejar el dinero de la partida y la abuela Koronis lloraba.

 -         ¿qué te pasa?

-         Tu prima – respondió la abuela

-         ¿Cuál, Alida?

-         Sí ¿sabes lo que dice? Está  loca

La abuela Koronis quitó unas motas de polvo de la Ifenbachia que adornaba una esquina de la mesa del desayuno, en forma de pentáculo, con sus manteles, platos, vasos y cuberterías pentagonales y dijo:

 -         Ayer habló conmigo. Tus tíos están desesperados

-         Conozco bien a Alida ¿qué quiere? 

El pelo albiazulado de la abuela se movió. Eutimio recordó las experiencias con su prima Alida Keusses Koronis. Secretos y mentiras y veranos eternos y promiscuos. Abuela Koronis miró en torno suyo para comprobar que Satán no estaba presente, puso su máxima cara de asco, la que ponía cuando alguien se metía el dedo en la nariz ó decía jolines y susurró indignada:

 -         Quiere trabajar 

#3 -

Busco en la geometría la deformación más pura.

#4 -

Eutimio estaba impaciente pero Moroder prestó su cariño a Cutanda. Intentó contarle mentiras al oído pero ella se zafó. Sólo quería un cigarrillo  y más cariño. 

-         He encontrado un Markham auténtico – dijo Eutimio

-         ¡Bah! Lo dices para alegrarme el día ó para contentar al marqués. No te creo. 

Eutimio habló y habló. Le contó al Moro, siempre lo llamaba así, su charla con el atontado de la otra universidad. Le contó otras gestiones que había realizado. Su acento francés suavizaba las aristas convirtiendo las imprecaciones en terciopelo. Era imposible no escuchar sin embriagarse y, como en un regalo de navidad, apreciar el continente como superior al contenido. Eutimio decía ‘merde’ y evocabas una flor de pascua todo carmesí. Mil años después un arquitecto, Ghery, embaucó a un montón de bilbaínos de igual manera. Bilbaínos de Bilbao. Nada menos. Eutimio odiaba las curvas. 

-         Si es como dices hay que contárselo al marqués. – Moroder no podía ocultar su frustración por el aparente desinterés de Cutanda.

-         ¿Cómo coño se llamará?

-         ¿Quién? Respondió Eutimio

-         La chica. Una chica con gafas que estaba aquí. Está buenísima.

-         Moro, todas  tienen un hilo conductor. ¿Nunca aprenderás? Deja en paz a la nena y atiende. No es necesario decirle nada al marqués. Estoy seguro de su aprobación.

-         Sigo sin creerte. ¿Por qué habría de creerte? – Moroder recordaba las mentiras, cambios de contexto los llamaba él, de Eutimio.

-         Porque hablé con él antes de venir a este jodido tanatorio de las ideas. Ya está fijada la partida.

-         ¿Cuándo?

-         La noche del 19 de Noviembre. 

Esa noche, la noche del 19 al 20 de Noviembre, sería el primer festón de una guirnalda de tiempo que se extendería treinta años. Como en el cuadro de Poussin encargado por el cardenal Rospigliosi, esa noche bailarían la riqueza, el trabajo, el placer y la pobreza. El amo del tiempo miraría tañendo la lira. Recordándonos que somos mortales. 

Esa noche de Noviembre algo más habría de suceder. Lo supieron mucho después de que ocurriera. 

Murió un tipo que se llamaba Francisco Franco.